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68 Cultura SÁBADO 4 6 2005 ABC TEATRO La persistencia de la imagen Autor: Raúl Hernández Garrido. Dirección: Javier G. Yagüe. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Baltasar Patiño. Intérpretes: Lucía Quintana y Alberto Jiménez. Lugar: Teatro María Guerrero (Sala de la Princesa) Madrid. CLÁSICA Orquesta Sinfónica de RTVE Obras de G. Mahler. Intérpretes: R. Ziesak (soprano) y J. Larmore (mezzo) Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, Orfeón Pamplonés. Director: A. Leaper. Lugar: Auditorio Nacional UN MOMENTO DE VERDAD JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN XL ANIVERSARIO ANTONIO IGLESIAS N o un simulacro de afecto comprado, ni una caricia dictada por la compasión: un momento de verdad es lo que demanda el Cliente al Cuerpo cuyos servicios ha pagado. Así son nombrados sucintamente- -Cliente y Cuerpo- -los dos protagonistas de La persistencia de la imagen un ejercicio de estilo que Raúl Hernández Garrido expone en el pequeño escenario de la Sala de la Princesa, en un bello y sencillo espacio escénico concebido como pasarela. La semilla de esta obra de apenas una hora de duración es un pequeño apunte, una escena breve que formaba parte de un espectáculo colectivo integrado por varias micropiezas; la contundencia y el interés del concentrado motivaron que desde el Centro Dramático Nacional se solicitara al autor que desarrollase la situación apuntada. Porque La persistencia de la imagen es eso, un ejercicio escénico, una situación desarrollada por medio de un juego de intensidades dramáticas- -del apunte intimista a las explosiones de cólera o de miedo- -en un recorrido que explora diversas perspectivas de una historia de soledad y necesidad de afecto, un cruce de miradas ciegas en una sociedad acribillada por cataratas de imágenes. Me van a permitir que silencie algunas de las peculiaridades de la trama para no desactivar las cargas de sorpresa que Hernández Garrido ha ido sembrando en su texto, D Lucía Quintana, en una escena de la obra servido con limpieza por Javier G. Yagüe, pero que tampoco haga pensar esto que se trata de uno de esos juguetes llenos de trucos milimétricamente concebidos para desconcertar al espectador. Baste con señalar que la obra expone el encuentro de una prostituta con un cliente en la casa de éste; él conoce el nombre real de ella, su teléfono particular y más detalles de su digamos vida no profesional, y ella intuye que no es la primera vez que se encuentran. Hay momentos de suave intimidad erótica y otros de angustiosa violencia sexual, de inquietud ominosa, de incer- JAVIER DEL REAL tidumbre, de desesperada constatación del otro, de búsqueda de una sensación no fingida ni impostada por el dinero o la conmiseración. Los dos intérpretes rayan a gran altura: Alberto Jiménez gradúa suavidad y desgarramiento con solvencia de gran actor, y Lucía Quintana, que recientemente despachó en este mismo teatro una soberbia Pichona la Bisbisera de la valleinclanesca Cara de plata donde era una de las mejores bazas de la función, resuelve brillantemente un difícil papel en el que debe amasar sensaciones como la indignación, el estupor y el miedo. CLÁSICA Ciclo de Grandes Intérpretes Obras de Mozart, Ravel y Chopin. Intérprete: Krystian Zimerman, piano. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 30- V DESDE LA CUMBRE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE ólo los intérpretes de verdad son capaces de mirar desde lo alto y apenas sentir el vértigo de esa altura a la que muy pocos pueden llegar. Es así porque a gente como el pianista Krystian Zimerman cualquier hazaña siempre le sabrá a poco. Es de suponer que aún le queda la posibilidad de ponerse de puntillas para ganar unos centímetros. Zimerman debe pensar en ello porque es un grande y además se le nota obsesionado por lo suyo. Todo S el día jugando a rozar una perfección que es inalcanzable pero que mientras llega deja cosas por el camino. Por ejemplo las que ahora se han oído en Madrid en un recital dedicado a Mozart, Ravel y Chopin para el Ciclo de Grandes Intérpretes que nunca como en esta décima edición ha hecho honor a su nombre. En medio del alarde técnico (alguna nota perdida también dio noticia de que sus manos no dejan de ser mortales, lo cual reconcilia con el mundo) dejó la impronta de su personalidad musical. A Mozart y su décima sonata le ofreció orden, terciopelo en el sonido y alguna peculiar articulación a la hora de cantar en el Andante Con Ravel y los Valses nobles y sentimentales todo fue coleccionar cristales de colores, preferir la templanza a la locura de la danza y hacer de la obra un perfilado retrato de formas cubistas. Los estilos se cruzan muchas veces y es responsabilidad del intérprete ponerlo de manifiesto. Tras Ravel llegó Chopin y su cuarta balada, planteada a través de una introducción digna del más velado impresionismo. Una posibilidad y también una divina locura sólo posible en quien es capaz de tratar al instrumento entre iguales. Algún detalle: el mordente final de la cuarta mazurca flotando sobre la resonancia del piano, el entrecruzarse de las melodías en el primer movimiento de la segunda sonata de Chopin, las voces desconocidas que afloraron en el Scherzo la media voz en la última repetición de la Marcha fúnebre o la nebulosa en la que convirtió el final de la obra. Zimerman pertenece al reducido grupo de los elegidos. Para serlo ha dejado cosas por el camino. La más destacable el endurecimiento de la espontaneidad, esa gracia que es propia del bello desorden Por eso la belleza que ofrece Zimerman es otra cosa: digna de quien jamás estará satisfecho; natural en quien se distingue por ser un sublime ejemplo de perfeccionismo. espués de significativos festejos musicales, en el Auditorio Nacinoal llegamos al titulado concierto extraordinario conmemorativo de la creación, hace cuarenta años, de la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española, acto que, presidido por Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, situados en la primera fila del primer anfiteatro, y flanqueados por la ministra de Cultura y la directora general de RTVE, contó con la asistencia de numerosas autoridades y personalidades, además del público llenando la sala. Entre los espectadores destaco la presencia de dos batutas en su día titulares de la festejada agrupación sinfónica con particulares relieves: Odón Alonso y Enrique García Asensio. Sería hasta inoportuna la crítica de la jornada, porque limitarse a la simple reseña y desearles todo lo mejor, éxitos sin cuento, a los profesores y a la batuta titular, resulta mucho más apropiado. Con su hora y veinticinco minutos de duración- -por supuesto que de ininterrumpida manera- la conmemoración quiso centrarse en la programación de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, intitulada Resurrección que por primera vez incluyó las voces en el sinfonismo, arriesgando no poco en la inevitable comparación con la Novena beethoveniana. Adrian Leaper, partitura sobre su atril, condujo la dilatada página con su proverbial autoridad, y sus profesores, además de las voces del hermano Coro de RTVE- -esta vez reforzadas por la reconocida calidad del Orfeón Pamplonés- le obedecieron en la versión lograda, contribuyendo a ello las dos solistas que exige esta partitura mahleriana: una soprano, Ruth Ziesak (alemana) y una mezzosoprano, Jennifer Larmore (estadounidense) quienes con las espléndidas voces de los coros citados, imprimirían sello especialísimo a la interpretación total de una partitura difícil en verdad. Trabajo verdaderamente espléndido el de los titulares Mariano Alfonso e Igor Ijurra, en la preparación de sus prestigiosos conjuntos vocales. El esplendoroso final de esta Segunda de Mahler pondría el triunfo de la jornada conmemorativa en un punto muy alto, lo que no va a impedirme el preguntar acerca del por qué la música española faltó en el festejo. Con todo, mi enhorabuena es sincerísima.