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32 Internacional SÁBADO 4 6 2005 ABC Marruecos tira parte de la ayuda humanitaria enviada por el seísmo de Alhucemas Las autoridades aseguran que se hallaba en mal estado, pero no explican por qué no se repartió b Los afectados no se conforman con las ayudas de 30.000 dirhams (2.750 euros) y un grupo de notables que inspecciona la zona da la razón a los vecinos LUIS DE VEGA. CORRESPONSAL RABAT. Unas 1.900 familias siguen en pie de guerra frente a las autoridades marroquíes casi año y medio después del terremoto de Alhucemas. Los vecinos de Tamasint, en la comuna de Imrabten, no se conforman con las ayudas de 30.000 dirhams (unos 2.750 euros) oficialmente aprobadas para que vuelvan a reconstruir sus casas. La madrugada del 24 de febrero de 2004, un terremoto de 6,3 grados sacudió el Rif causando la muerte a más de seiscientas personas y dejando a miles de habitantes sin vivienda. Pocas horas después comenzaron las primeras revueltas de la población ante lo que consideraban pasividad del Gobierno. Fueron asaltados camiones con mantas, tiendas de campaña y alimentos. Las manifestaciones de protesta se suceden todavía mientras la zona está controlada por un fuerte dispositivo policial que impide dirigirse a pie hasta Alhucemas, según han confirmado a ABC fuentes de una ONG y de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) Una decena de vecinos Periodista expulsada Las autoridades marroquíes han expulsado de El Aaiún a la periodista María Cristina Berasain, del diario vasco Berria, por realizar declaraciones falsas sobre sus actividades en el control de aduanas -según la nota oficial, Berasain dijo que era farmacéutica y que viajaba por vacaciones- -y por tener documentos hostiles a la integridad territorial del Reino Un grupo de manifestantes pedía en Alhucemas pan y agua tras el seísmo su ganado para poder terminar las obras en sus hogares. La situación empeora por momentos porque está llegando el verano y la gente sigue viviendo en tiendas de campaña y en casas medio derruidas añade Kaikai. Las autoridades han convocado a un grupo de notables de la zona para intentar apaciguar los ánimos, pero, según han comentado a este corresponsal las mismas fuentes, éstos han dado la razón a los vecinos. L. DE VEGA permanecen encarcelados por los enfrentamientos con las Fuerzas de Seguridad. Además, una veintena de jóvenes, considerados líderes de las revueltas, llevan desde la semana pasada viviendo en las montañas cercanas a la localidad para evitar ser detenidos. El pueblo pide la liberación de los presos y mayores ayudas para la reconstrucción de sus viviendas explica Abdelwahed Kaikai, presidente de la asociación ecologista Azir y miembro de la AMDH en Alhucemas. Harían falta unos 100.000 dirhams (unos 9.100 euros) por familia para poder hacer frente a los gastos Comenta que muchas de las familias que aceptaron la ayuda oficial tuvieron que vender Desorganización y miedo Desde que la tierra tembló a los pies del Rif en febrero de 2004, numerosas asociaciones han manifestado sus dudas sobre cómo las autoridades han gestionado el reparto de ayudas entre los afectados. La desorganización y el miedo a nuevos enfrentamientos parece haber sido el motivo de enterrar hace dos meses en el aeropuerto de Alhucemas varias toneladas de alimentos que esperaban ser repartidos entre las víctimas del devastador seísmo. Según Kaikai, la wilaya (gobernación) de Alhucemas reconoce que se han enterrado medio millar de latas de sardinas, una tonelada de aceite, una tonelada de harina y varios miles de kilos de cereal porque se encontraban en mal estado ¿Por qué no se repartieron esas ayudas? ¿Se han estropeado el aceite y las conservas en este tiempo? ¿Porqué lo han hecho a escondidas? se pregunta el militante de la AMDH, que mantiene contacto directos con la wilaya Según testimonios no oficiales recogidos por ABC, en los cercanos aeropuertos de Nador y Uxda se sigue almacenando parte de la ayuda humanitaria llegada de fuera de Marruecos y que sigue sin ser repartida. El Rey de Marruecos, Mohamed VI, anunció su visita al lugar, pero su aterrizaje en Alhucemas se demoró hasta cuatro días después, lo que prácticamente impidió que cualquier otra autoridad del país lo hiciera antes que él.