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ABC SÁBADO 4 6 2005 Internacional 29 Nixon sospechaba que el número dos del FBI se estaba yendo de la lengua El asesor Haldeman reveló al presidente, cuatro meses antes de su caída, el nombre del soplón presidencial, que pasó 18 meses en la cárcel por su implicación en el Watergate, dijo a Nixon: Si le presionamos, él saldrá y lo contará todo ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. El nombre de Mark Felt, el secreto mejor guardado del periodismo estadounidense durante más de treinta años, estuvo en boca de Richard Nixon cuando el entonces presidente desayunaba sapos todas las mañanas con las informaciones del Washington Post sobre el Watergate, que propiciaría su ruina política. La CNN reveló ayer que un asesor del presidente le dijo a Nixon que el vicejefe del FBI estaba pasando información confidencial al Post, e incluso barajaron qué hacer con él. Cuatro meses más tarde, Nixon se vio obligado a dimitir para evitar un vergonzoso proceso de destitución. La particular paranoia del presidente republicano, que le llevó a grabar todas las conversaciones que sostenía en el Despacho Oval y a sospechar de todo y de todos, no sólo contribuyó a cavar su tumba, sino que sigue proporcionando material precioso para periodistas e historiadores. Las conversaciones que sacó a la luz ayer la CNN prueban que la cabeza de Felt estuvo a punto de ser sacrificada. En una cinta grabada el 19 de octubre de 1972, cuatro meses después de que el Washington Post destapara el asunto, y cuatro meses antes de que un lloroso Nixon abandonara la Casa Blanca, el asesor presidencial H. R. Haldeman le dijo a su jefe que Felt había sido identificado como Garganta profunda Haldeman, que pasaría 18 meses encarcelado por su implicación en el cab El asesor Fuentes secretas, ayer y hoy A. A. NUEVA YORK. El caso Watergate y la impagable utilidad de las fuentes secretas, sin cuya contribución es posible que Nixon hubiera terminado su mandato, han vuelto a salir a la palestra cuando Garganta profunda se ha quitado el antifaz. Mark Felt lo ha hecho recurriendo a un medio clásico, una revista mensual, Vanity Fair. Como comentaba ayer Alessandra Stanley en las páginas del New York Times, es paradójico que Bernstein y Woodward sean celebrados por mantener su secreto durante 33 años, mientras otros dos reporteros- -Judith Miller, del Times, y Matt Cooper, de Time- -corren riesgo de ser encarcelados por negarse a revelar quién filtró la identidad de una agente de la CIA, la esposa de un diplomático estadounidense que escribió un artículo devastador en el New York Times desmontando la falsa pista del uranio enriquecido que supuestamente compró Sadam Husein en un país africano. Para colmo, ni Miller ni Cooper publicaron lo que su fuente les dijo. Felt y su hija Joan, el pasado martes a la puerta de su casa en Santa Rosa gunta: ¿Qué harías con Felt? Congelarlo, hacerlo desaparecer de la escena pública. La sugerencia de Haldeman es dejarlo en evidencia y degradarlo enviándole lo más lejos posible de Washington a un despacho de mala muerte: Hay toda clase de mecanismos. Hazle conocer lo que sabes y trasládalo a Ottumwa, en Iowa REUTERS ¿Sabes qué haría con ese bastardo Lo que en la cinta no se llega a percibir es qué responde Haldeman a la autopregunta que Nixon se hace, sin cuidar su lenguaje porque nunca pensó que las cintas llegarían un día a ser escuchadas por oídos poco avisados: ¿Sabes lo que yo haría con ese bastardo? El presidente dice que no quiere volver a oír nada sobre el asunto. Pero la realidad no acompañó sus deseos. Después de que Vanity Fair revelara la identidad de Felt, Carl Bernstein y Bob Woodward, los famosos reporteros del Washington Post que destaparon el caso de los fontaneros que el 17 de junio de 1972 allanaron la sede del comité nacional del Partido Demócrata, en el hotel Watergate de Washington, para sustraer documentos políticos y colocar micrófonos, han vuelto a aparecer juntos en numerosas cadenas de televisión. Mientras Felt, de 91 años, ha salido a la luz y hecho caja con sus memorias y la venta de dere- chos sobre su vida, Woodward publicó en el Post, el diario para el que sigue trabajando, un extracto del libro que tenía preparado para cuando Garganta profunda expirase. Es posible que Bernstein escriba una parte, aunque cuando anunció en una comparecencia conjunta en la CNN que sería probablemente una obra común, una sombra cruzó el rostro de Woodward. Mientras Woodward ha seguido siendo una figura muy visible del panorama periodístico- -su extraordinario acceso a la Casa Blanca de George W. Bush se ha saldado de momento con dos libros sobre la guerra de Irak y el actual presidente, y otro viene en camino- Bernstein ha permanecido en un plano mucho más secundario. El tándem que tumbó a un presidente El New York Times señalaba ayer que, tras haber sido el propio Felt el que quebrara el pacto fijado con los dos reporteros, la carrera editorial se ha desatado. Según el diario, la editorial con la que Woodward publicaría su libro negocia el papel de Bernstein en él: no sería coautor, pero tendría una presencia en la cabecera. Aunque Woodward era quien había conocido a Felt y llevaba el grueso de las entrevistas, funcionaba como un tándem con Bernstein, un equipo que tumbó a un presidente y recibió un Pulitzer. so, dice en la grabación: Si le presionamos, él saldrá y lo contará todo. Sabe todo lo que puede saberse en el FBI. Tiene acceso a absolutamente todo El asesor también le comenta al presidente que el segundo del FBI no podría ser procesado, ante lo que Nixon pre-