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ABC SÁBADO 4 6 2005 Nacional 13 Muere Jon Idígoras, dirigente de HB en los años 80, los más sanguinarios de ETA El PNV ofrece el Ayuntamiento de Amorebieta para instalar la capilla ardiente b Fue la voz y el rostro del brazo político de ETA hasta mediados de los 90. Su figura sólo fue destacada por los partidos nacionalistas vascos. PP y PSOE no la valoraron ABC MADRID. Jon Idígoras, fundador y cabecilla de Herri Batasuna, murió ayer en Bilbao a los 69 años de edad como consecuencia de un enfisema pulmunar que padecía desde hace años. Su mal se había agravado en los últimos días, por lo que fue internado hace dos semanas en la Clínica San Sebastián de Deusto. Fue el rostro y la voz del brazo político de ETA durante los 80, la década en la que la banda cometió más asesinatos. A mediados de los 90 fue desplazado por una nueva generación de dirigentes de la izquierda abertzale. Por ello, y también por su enfermedad, en los últimos años sólo acudía a actos públicos para expresar su apoyo a HB. Su capilla ardiente será instalada el domingo en el Ayuntamiento de Amorebieta, gobernado por el PNV. Nacido en esta localidad el 3 de mayo de 1936, el histórico batasuno, que intervino en la fundación del sindicato Lab y en la de HB- -el 19 de octubre de 1978- fue también picador de toros en la cuadrilla del Duque de Boroa Parlamentario vasco en tres legislaturas- -en el Congreso fue diputado en 1986, 1989 y 1993- el 4 de febrero de 1981 intervino, junto a otros diez batasunos, en los incidentes de la Casa de Juntas de Guernica. cuando los proetarras entonaron el Eusko Gudariak en el momento en que Su Majestad el Otegi y otros dirigentes de Batasuna al lado de una imagen del fallecido Rey comenzaba su discurso. El 20 de noviembre de 1989 salió ileso de un atentado contra los parlamentarios electos y otros miembros de HB que estaban en Madrid para recoger sus credenciales. En el tiroteo, registrado en un hotel, murió el diputado de la coalición Josu Muguruza. Como portavoz habitual de HB en la década de los 80 se vio inmerso en numerosas querellas por sus declaraciones y también visitó diversos juzgados para declarar sobre su relación con ETA. En febrero de 1996 fue encarcelado junto con los restantes miembros de la mesa de HB por intentar ceder los espacios electorales que la coalición tenía en televisión para difundir un vídeo de EFE ETA. Cuatro meses después fue puesto en libertad bajo fianza. Tras la condena del Tribunal Supremo a la dirección de HB- -la sentencia fue anulada en 1999 por el Constitucional- Idígoras volvió a prisión. En mayo de 1998, fue excarcelado por su enfermedad. El encarcelamiento de la mesa de HB dejó el camino abierto a una nueva dirección encabezada por Arnaldo Otegi y Joseba Permach, que incorporó a Idígoras tras su salida de la cárcel. Participó, entonces, en el nacimiento de Euskal Herritarrok y, luego, de Batasuna, pero desde una posición secundaria. Ayer sólo representantes de diferentes partidos nacionalistas destacaron la figura del fallecido. PSOE y PP no hicieron valoraciones. LA VIEJA GUARDIA CHARO ZARZALEJOS H asta hace unos años era fácil encontrarse con él por la calle Henao o la calle Ledesma de Bilbao. Por allí tomaba sus vinos y ocupaba su mano con el correspondiente pitillo. De gesto duro pero de trato afable, Jon Idígoras era una de las escasas referencias de la izquierda abertzale, de la vieja guardia que ideó Herri Batasuna. A la vuelta del exilio, Idígoras trabajó en la construcción y, a pie de andamio, acudió a buscarle Santiago Brouard, pediatra de casi todos los niños bilbaínos nacidos a partir de los años 50. Brouard le fichó para su proyecto político y de su mano, de la de Brouard- -asesinado en su consulta de Bilbao en 1984- llegó a la portavocía de HB. Eran años de plomo. Tres y cuatro asesinatos a la semana. Funerales furtivos. Horror y silencio. De Idígoras no salió ni un susurro de condena, ni un leve gesto de compasión. Esto no se arregla sin negociación decía en sus años más mozos. Lo dijo en los 80 y luego en los 90. Lo dijo siempre. Él fue el primero en manejar el término conflicto para tratar de explicar lo inexplicable. Él fue el primero en perder la oportunidad de hacer política en serio y fue el primero en demostrar cómo en público se puede hablar de conflicto sin ese leve susurro, sin ese leve gesto de compasión. Siete veces ingresó en prisión y otras tantas fue puesto en libertad. Su última peripecia ocurrió en el 96 cuando fue encarcelado junto con los demás miembros de la Mesa Nacional por haber cedido sus espacios electorales a ETA. Votar HB es votar ETA afirmaba Idígoras sin mover un músculo. Por entonces sus pulmones trabajaban en exceso para coger el aire necesario. El silencio se cernió sobre él, que vio cómo su cargo era ocupado por un joven- cito audaz y listo llamado Floren Aoiz. Lo de este chico fue visto y no visto. Su última aparición pública fue en el ya mítico mitin de Anoeta. Tenía Idígoras que apoyarse en el atril para coger aire y recordar lo que siempre ha dicho, lo que siguen diciendo: Justicia, libertad y reconocimiento de derechos. Desde ahí no va a existir la violencia Esta frase no es de 2004. Lo dijo Idígoras en el 91. Nada más conocerse su fallecimiento, jóvenes que podían ser sus hijos se apresuraron a las puertas de la clínica. Ikurriñas con crespones negros y a los sones del Eusko Gudariak daban su adiós al furgón que trasladaba los restos mortales de Jon Idígoras al tanatorio. Estos que podrían ser sus hijos ni conocen el exilio ni jamás se han subido a un andamio, pero creen en el conflicto Estos que podrían ser sus hijos son hijos de la democracia y de la opulencia. Tienen vigor para muchas cosas menos para decir a ETA que basta ya. Esto es lo que algunos llamamos desde hace años la noria vasca. Una trágica noria.