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62 Espectáculos VIERNES 3 6 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Mi padre es ingeniero Around the bend Guédiguian, el telepredicador E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Carretera, manta, fiambrera y alitas de pollo JAVIER CORTIJO Dirección: Robert Guédiguian Intérpretes: Ariane Ascaride, Gérard Meylan, Jean- Pierre Darroussin, Nacionalidad: Francia, 2004 Duración: 108 minutos Calificación: Lo de Presidente Mitterrand es un espejismo dentro de la filmografía obsesivamente marsellesa de Robert Guédiguian, de quien se estrena ahora la película inmediantamente anterior, Mi padre es ingeniero que se presentó en el pasado Festival de San Sebastián y se quedó allí, colgada del perchero. Aparentemente es un Guédiguian típico (rodado allí, en su esquina marsellesa y en su esquina ideológica) pero en seguida se aprecia que es un Guédiguian tópico, pues se le arraciman las frases hechas de telepredicador y se le presiente el murmulleo de La internacional puño en alto, la nostalgia de la vieja guardia y esa manita un tanto bochornosa de la felicidad que nos perdemos los humanos por ser malos y egoístas y clasistas y racistas. Esta historia tan paternalista y tierna como ligeramente bíblica la protagonizan lógicamente sus dos actores favoritos: su propia parienta Ariane Ascaride, y JeanPierre Darroussin, que además de aglutinar todos los pensamientos y sentimientos de Guédiguian poseen ese físico cotidiano que necesita el cine de este hombre, aunque generalmente ni peguen con el papel ni con la edad y circunstancias de los personajes. Cómo se le habrá ido la mano en esta ocasión a Guédiguian que hasta ha descolocado a sus propios admiradores, que se lo perdonan todo, menos este Belén que les monta con riadas y cataratas de compromiso y pero mira como beben... Quizá no existan estadísticas al respecto, pero imaginamos la cantidad de cartas a los Reyes Magos de directores noveles con peticiones de similar guisa: Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar: para mi opera prima me gustaría tener a Christopher Walken y Michael Caine. Suyo afectísimo... A Jordan Roberts, cuya bondad se le supone, le fue concedido el deseo. Lo malo es que él nos ha devuelto, si no carbón, sí un engrudo multigeneracional que nos deja algo cursivos y de soslayo. Mucho nos tememos que todo se deba al temible síndrome del autobiografiado tímido ya que, por lo visto, las anillas centrales del tronco argumental (el padre tarambana que se reúne con su hijo y el hijo de éste años ha) las ha sufrido el propio Roberts en su árbol genealógico. Por tanto, para evitar el trauma con efecto frontón y bumerán, recubre el drama con la hojarasca excéntrica de un viaje iniciático en el que abuelo, padre y criaturita irán esparciendo las cenizas del patriarca (un Caine que muere antes y peor que Janet Leigh en Psicosis por la América periférica, que no profunda, previa escala en varias cantinas fast food para brindar por su memoria con alitas de pollo tieso. Demasiados rodeos y cunetas que diluyen el clímax final y que descargan todo el peso de la función en la triste figura de Christopher Walken y su inconcebible peinado, entre Suprema mostoleña y coyote de Arizona. Y, encima, sin gota de esos monólogos pater- Michael Caine Director: Jordan Roberts Intérpretes: Christopher Walken, Josh Lucas, Michael Caine Nacionalidad: EE. UU. 2005 Duración: 90 minutos Nacionalidad: no- filiales que tan rebién le salen. A eso se llama encontrarte con el genio de la lámpara y desperdiciar dos deseos. Piénsate bien el tercero, Jordan. Kung fu sion Dir. Stephen Chow. Int. S. Chow, Y. Wah, Q. Yuen. China, 95 m. Es posible que la edad de Chow sólo le alcanzara para ver a toro pasado la leyenda de Bruce Lee. Probablemente creció con sus secuelas, tipo El luchador manco y exageraciones similares que desfiguraban el mito creciente del héroe. Sea como fuere, el homenaje de Chow a Lee es un trabajo que bebe más en las imitaciones que en la fuente del fenómeno en sí. El problema es que no se sabe muy bien qué es: si quiso establecer una comedia se quedó corto, y si iba en serio, hizo el ridículo. Más allá de la fabricación del producto en sí, brillante en la configuración, el proyecto desbarra en el doblaje, autorizado por no se sabe quién a establecer el andaluz y el gallego en determinados chinos. El resultado no es sólo patético, sino irritante en sumo grado pues ni viene a cuento ni se entiende, más bien aparece como un grano en el trasero. Son esas cosas que uno no comprende bien cómo llegaron a realizarse, quizás por iniciativa de algún ejecutivo listillo (que seguramente cobrará un pastón por tener ideas similares) y que arruinó la exhibición española. Empero, el trabajo de Chow, que ha encontrado eco en la taquilla (récord de re- FUNDACIÓN SILOS EUGENIO TRÍAS e IGNACIO SÁNCHEZ- CÁMARA EN SILOS HOY VIERNES 3 DE JUNIO, a las quince horas, en la sala de San Benito de la Abadía de Santo Domingo de los Silos. Una escena de Kung Fu Sion caudación espectacular en China) logra la complicidad del espectador con la misma desmesura del proyecto, bien bebiendo de inspiraciones recientes (Matrix) o del recuerdo del mismo Bruce, genio inimitable. J. M. C. Eugenio Trías e Ignacio Sánchez- Cámara impartirán dos conferencias con los siguientes títulos: Dios del limite y El cristianismo ante los debates morales The Eye 2 Dir. O. Pang Chun y D. Pang. Int. E. Yuan y O. Shu. Hong Kong, 90 m. La secuelitis no es exclusiva de Hollywood: está más implantada aún en el vigoroso cine de género honkonés. Esta película- bis está dirigida por los mismos que hicieron la primera, los tailandeses hermanos Pang, pero ahí se acaba la continuidad: es otra actriz la protagonista, la muy observable Shu Qi (menos mal que lo es, porque no hay escena en la que no salga) y no hay ningún transplante de ojos, si bien la chica quizá debiera hacerse uno porque decididamente tiene un problema con la vista. No destripamos nada si decimos que su problema es del tipo en ocasiones veo gente muerta lo que ya no es ninguna idea original sino una convención del fantastique de Oriente y aledaños: si Shu Qi sale en cada plano, casi en cada contraplano sale un fantasma fugaz al que apenas vemos pero que desde luego oimos (el trallazo acústico para subrayar, o generar, un susto, es otra convención genérica y de las más molestas) La película contiene al menos, y todo lo más, una invención original: esto no lo podemos contar pero tiene que ver con el karma y la reencarnación, y acaba pareciéndose a una versión peculiar, entre siniestra y patética, de nuestro tradicional ángel de la guarda. Pese a alguna escena notable en un ascensor, la película aburre sin producir sopor (gracias a los trallazos) y el sofisticado estilo visual de los Pang se queda en una forma en busca de un contenido mejor. A. W.