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ABC VIERNES 3 6 2005 Espectáculos 61 Laura Mañá llama a las puertas del realismo mágico en su nueva película GUSTAVO GALLO MACHADO MADRID. Andaba buscando una película como Morir en San Hilario desde hace tiempo. Una historia amable, que convoca a la sonrisa, que no avergüenza a la lógica, un enredo afable que evita transitar por los caminos trillados de siempre. Un relato que no se quiere asomar al abismo del dolor humano y del sinsentido, nada emparentado con angustiosos golpes de realidad. La película es una mezcla de realismo mágico, de temor a la vida, a la muerte, una historia sencilla que se deja llevar Así resume la directora Laura Mañá esta producción que, con marcados tintes del realismo mágico de García Márquez, deja ver con mucha soltura y desparpajo lo que es saber la fecha exacta de la muerte. Al concluir el rodaje de Sexo por compasión Laura Mañá se embarcó en la empresa de escribir el guión de Morir en San Hilario según contó ayer la cineasta en la presentación de esta película, protagonizada por Lluís Homar, Ana Fernández, Juan Echanove, Ferrán Rañé y Ulises Dumont, y que se rodó en Argentina. Quería hacer una película vitalista, que hablara de la vida, y la excusa era plantear qué pasaría si supiéramos el día que vamos a morir. Reflexionando sobre el mundo de la muerte nos damos cuenta de que no hay que tener miedo a vivir, y eso es lo que podemos ver en la cinta explicó Mañá, quien al principio pensó rodar el filme en algún sitio de España, pero por problemas de producción lo hizo en unos bellos parajes de una Argentina desconocida. Morir en San Hilario cuenta la historia de este pueblo perdido, que ni si- Morir en San Hilario Aleteos sobre la vida y la muerte JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Dirección: Laura Mañá Intérpretes: Lluís Homar, Ana Fernández, Ferrán Rañé Nacionalidad: España. 2004. Duración: 92 minutos. Calificación: En la frontera, generalmente tétrica, que separa la vida de la muerte traza Laura Mañá una coral que intenta aprender tanto de una como de otra. San Hilario es un pueblo que vive de la muerte, pues sus entierros son famosos y la gente acude gustosa allí a dar sus últimos pasos. En la confusión entre un fallecido y uno que lleva camino por sus fechorías intenta Mañá establecer enseñanzas, de cómo aprender de la tumba y también de la vida. Es un bello intento, pero un tanto fallido. Las poesías, o similares, se le quedan cortas, también los tintes humorísticos e incluso las mismas enseñanzas. Demasiadas alegorías incompletas, excesivos silencios incomprendidos y mucha lentitud y tedio, sopor a veces. Pero eso sí, la película tiene una joya, y no se paga con nada: Ana Fernández. Ya, es evidente que es una perogrullada decirlo de ella, pero tiene magia, y la tiene en todo: en la boca, en el cuerpo, en los ojos. Le basta un destello para dar a entender todo, sin palabras, sin diálogo, impresionante en la complicidad con la cámara. Los demás necesitan las voces, pero aquí escasean. Ana Fernández y Lluís Homar, en una escena de Morir en San Hilario quiera aparece en los mapas, y donde organizan los entierros más hermosos, todos a gusto del cliente, hasta el punto de que la gente viajaba allí para morirse como todo un rey. Sin embargo, por lo desconocido del pueblo y por el desarrollo, la modernidad, ha disminuido el número de entierros y todos esperan con ansias la llegada de Germán Cortés, un moribundo y famoso pintor que desea morir en San Hilario. Por azares de la vida, quien llega allí en cambio es un prófugo de la justicia que, para que no lo descubran, asiste pasmado a la organización de su propio entierro. Laura Mañá declaró que ya trabaja en el guión de su próxima película, Las horas dulces que habla de la vida sexual en la tercera edad.