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ABC VIERNES 3 6 2005 55 Stanley G. Payne afirma que Zapatero se está cavando su propia fosa si negocia con ETA El Instituto Cervantes depositará en el Prado un cuadro de La Tour hallado en su sede central de Madrid Manel Fuentes bien arropado por dos fans bre de espino 40 días y 40 noches. Tengo una dulce fiebre recorriéndome la cabeza. Esta noche dormiré en la cama de María y Leah en la que la sombra de La noche del cazador de Mitchum y de Laughton encoge el ánimom Con esta mano he construido, con esta otra quemado como la cada vez más hermosa Matamoros Banks y la pastoril Silver palomino como Jesus was an only son En las colinas de Nazaret, leyendo los Salmos de David a los pies de su madre que parece cantada en las iglesias dominicales de tantas y tantas películas del Oeste. La reventa fue poco menos que imposible Javier Bardem, con una camiseta equivocada La fiesta de los aledaños se transformó en seriedad durante el concierto El boss se dejó la piel mientras pedía no fotos con flash, por favor PABLO MARTÍNEZ PITA MADRID. María dice que nadie más que Bruce Springsteen le provoca un subidón de sangre a la cabeza. Si se le pregunta si ese nadie más se refiere a ningún otro cantante o a nadie en general, duda, frunce el ceño, reflexiona y contesta: Nadie más Ella era una más de las muchas personas que dos horas antes merodeaban por el Palacio de los Deportes. Cerca, una réplica de un batmóvil (coche de Batman) hacía una exhibición, pero tenían más éxito y algarabía los bares adyacentes. No se forma- ban, sin embargo, las aglomeraciones de otros conciertos de Bruce, ya que eran sólo cerca de 8.000 los afortunados que tenían entrada. Además, ganaban por mayoría los aficionados talluditos, ya que al alto precio de las localidades- -74 euros- había que añadir que el boss venía solo, sin su La conquista del Oeste Ese Oeste al que se va orillando Bruce como los pioneros Lewis and Clark, el Oeste abierto y repleto de noches estrelladas y de personajes que no creen en la historia sino en la leyenda. La misma leyenda que sitúa a Bob Dylan (en julio se cumplirán cuarenta y dos años) electrificando su guitarra en el Festival de Newport y cambiando la historia del rock and roll y la de la cultura popular de los últimos dos siglos. Bruce ahora ha hecho el camino de regeso que Dylan iniciara hace casi medio siglo, ha ido quitándole capas y capas a su música, si, citemos el puñetero verbo, ha deconstruido el rock and roll hasta dejarlo en esencia, en pureza, en trascendencia, en verdad. Bruce ha cambiado la pelvis de Elvis de su adolescencia por una música que va directa al corazón y a las entrañas, no al bajo vientre. Ha ido allende Elvis y se ha traído no sólo el fantasma de Tom Joad, de John Ford, de Henry Fonda, y de Steinbeck. Ha ido a las montañas, ha ido a los establos pero también a las iglesias, y ha regresado con esos viejos amigos que ahora a dos metros bajo tierra, reposan en la fría, fría tierra de Tom Waits Woody Guthrie, Robert Johnson, Leadbelly, la Familia Carter, Johhny Cash. Springsteen ha viajado al fondo de la noche (americana) y nos ha llevado en el asiento del copiloto de su Mustang del 66. Antes, en el asiento trasero de ese mismo coche hacíamos el amor. Ahora, lo soñamos. El ambiente era semejante al que reina horas antes de un partido de fútbol Por un puñado (bien, pero que bien abundante) de euros Desde el gallinero, a unos cuanto metros de altura, pero unos cuantos se lo aseguro, allá a lo lejos se intuía a Bruce Springsteen, hecho un toro. Uno, que no ve un pimiento, ni de cerca ni de lejos, tuvo que apoyarse en su fe (y en las pantallas de vídeo de moderado tamaño, eso sí) para poder ver algo y sobre todo apoyarse también en que como Tomás, como tocamos (una rodilla, concretamente, en agosto de 1988, en el Calderón en la gira del Tunnel of love pues creímos y creemos. Es de carne y El cuerpo del delito: dos entradas del concierto hueso, pero sobre todo carne. Creemos también que el Palacio de los Deportes ha pasado a ser uno de los escenarios musicales que esta ciudad necesitaba, se escucha muy, pero que muy bien. Y nos ha quedado la constancia de que a vista de pájaro el Jefe sigue siendo mucho Jefe. Es más, eso decían a nuestro lado, que si no llega a ser él, no nos hipotecamos hasta la extra de final de mes. apabullante E Street Band. Un reto para los fans más irreductibles. Aún así el ambiente era de fiesta, semejante al que campea antes de un partido de fútbol, con banderas, camisetas con el nombre del protagonista de la velada y puestos de caramelos, pipas, palomitas. Alguno recordaba con nostalgia las antiguas tradiciones, como Covadonga y Giomar, que reconocían pasárselo bien tirándose horas para conseguir su entrada- -la venta fue esta vez por teléfono- porque ello les daba la oportunidad de conocer gente y compartir anécdotas con sus compañeros de fatigas. Una vez dentro, comenzaba una larga peregrinación, ya que la numeración de los asientos resultaba inescrutable. Por los altavoces sonaban viejas canciones de folk americano, para ir concienciando al público de lo que se le venía encima. Con un cuarto de hora de retraso, apareció Bruce, con chaqueta, vaqueros, camisa a cuadros y botas camperas. Cortinas y candelabros colgando. Luces de colores, un piano, un órgano, varias guitarras y él solo frente al peligro. Porque algunos de los que le esperaban abajo tenían verdadero peligro. Pese a las advertencias del propio jefe de que no se hicieran fotos con flash, allí estaban esas decenas de cenutrios sin dejar de molestar con sus móviles al cantante y al público. Pero Springsteen estaba de buen humor. Hizo verdaderos esfuerzos por hablar en español, se rió en varias ocasiones y, como dijo al principio, dio lo mejor de sí mismo Al final, mucha gente no aguantó más y se avalanzó hacia el pie del escenario. Algunos echaron de menos más rock and roll. Otros, los más, salieron con la sangre burbujeando en la cabeza.