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54 VIERNES 3 6 2005 ABC Cultura y espectáculos Springsteen sacando de su armónica uno de los pasajes más intensos de la noche FOTOS: ÁNGEL DE ANTONIO Dylan reinventó hace cuarenta años la historia del rock enchufando su guitarra. Springsteen ha hecho el viaje de vuelta hasta los orígenes de la música popular. Un viaje desgarrador cuya última parada fue anoche en un abarrotado Palacio de los Deportes Bruce, de viaje al fin de la noche (americana) TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE Aquel chaval de ocho años dejó sobre la mesita del comedor su sandwich de crema de cacahuetes, se bebió de un trago otra cocacola y supo que ése tipo del televisor, con sus patillas, ése tal Elvis, había cambiado su vida (y la nuestra) El rock and roll había llamado a su puerta aquel día de 1957 y Bruce la abrió de par en par. Luego fue medio hippie, medio psicodélico e hizo de Dylan carne de su carne en sus primeras canciones. Después, desaliñado, en camiseta y con chupa de cuero le cantó a los rebeldes sin causa y les hizo gritar a los cielos de América que ellos se las piraban porque, ya sabes, nena, habían nacido para correr. Y corrió (y corrimos) por los caminos y por las autopistas de la destartalada arena de la Unión, mientras Bruce miraba la tierra de Nebraska con los mismos ojos de Kerouac Nació (y nacimos en los Estados Unidos) y continuó (continuamos) un via- je iniciático en busca del dharma de los sueños y de las promesas, y así hasta hartarse y comer del árbol de las la uvas de la ira, y con el mismo peto y la misma gorra de Henry Fonda estrechó (estrechamos) la mano campesina y jornalera de Tom Joad, y algo más tarde y con Ginsberg Springsteen asistió (asistimos) a la caída de América, porque torres más altas cayeron y Bruce las retrató para todos en The rising pero sobre todo desnudadas, canciones con las partes pudendas al aire, descerrajadas, cortadas a cuchillo, muchas en versiones inverosímiles como el principio del recital vestido con los ropajes de un órgano religioso de My beatiful reward y las botas en los pe- El sótano de América Ahora, el hijo del autobusero y la funcionaria ha bajado los peldaños que llevan al sótano de la memoria americana con estas canciones que no llevará el Devil ni el Dust del desierto, allá junto a Bagdad. De ese mismo sótano ha salido el baúl de los sueños con los que el Boss inundó ayer el Palacio de los Deportes. Un baúl del que surgen como de la chistera de una mago de la cultura popular canciones desnudas, Fue, sencillamente, una noche inolvidable. Una noche de esencias y de estrellas, música popular en estado puro El Jefe se ha reinventado a sí mismo y, de paso, ha reinventado unos cuantos estilos dales, el antiguo For you con el melancólico timbre del piano en The river Soy de un valle donde, señor, cuando eres joven te educan para que hagas lo mismo que hizo tu padre como un puñetazo al estómago en The hitter ese luchador callejero que huele por los cuatro costados a sangre, sudor y lágrimas y que es tan hijo de Bruce como de Scorsese y de De Niro; con el regalo a los madrileños de My hometown la desolación de Reason to believe Aún al final de un duro día, la gente encuentra una razón para creer bluesera y desgarrada interpretada con la armónica y los taconazos de sus botas de piel de serpiente; como la polvorienta y sacramental Devils dust Tengo el dedo sobre el gatillo, pero no sé en quién confiar... como la delicadeza romántica y saltarina de Long time comin como la sexual y desvergonzada Mary s bed Llevo en una autopista de alam-