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52 Sociedad VIERNES 3 6 2005 ABC Ciencia El amor romántico estimula el cerebro con mayor fuerza que la atracción sexual Científicos estadounidenses captan las primeras imágenes cerebrales de un grupo de enamorados amor está más cerca al del hambre o la ansiedad que a un estado emocional puro que implique afecto o excitación JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. Los científicos, ya se sabe, necesitan respuestas concretas y racionales para todo, incluso para hablar de cosas tan inconcretas e irracionales como los sentimientos. Ni siquiera el amor, el rey de todo lo ilógico, ha podido escapar a este afán racionalizador y desde hace décadas la Ciencia ha venido desmenuzando ese complejo conglomerado de sensaciones y convulsiones exclusivas del ser humano, buscando explicaciones físicas, químicas, fisiológicas o psicológicas que puedan dar cuenta de este cataclismo en que se convierten el cuerpo y la mente de los enamorados. El amor romántico (no confundir con el deseo sexual) está considerado como el más poderoso de todos los sentimientos. Capaz de sobreponerse a cualquier otro instinto (incluido el de supervivencia) el amor no conoce limitaciones. Por amor se mata y se muere, se deja de comer y de dormir. Por amor las emociones suben y bajan en una montaña rusa, de la depresión a la euforia sin solución de continuidad. La imagen de la persona amada puede tornarse en algo obsesivo y ocupar toda la atención y la capacidad de concentración de una persona, incapacitándola para muchas otras tareas. b El perfil neurológico del Amor y cerebro Núcleo Caudado Lado izquierdo Así fue el experimento Selección. Se eligieron diez mujeres y siete hombres del área de Nueva York, con edades comprendidas entre los 18 y los 26 años. Todos ellos eran diestros y tenían en común el hecho de estar enamorados en un periodo que oscila entre uno y diecisiete meses. La exploración con resonancia magnética por imágenes de los participantes duró doce minutos (720 segundos) tiempo durante el que se repitió seis veces la siguiente secuencia: Durante los primeros 30 segundos cada participante recibió un estímulo positivo (foto de la persona amada) siguieron 40 segundos con tareas de distracción y otros 30 segundos de estímulo neutral (foto de un conocido) para terminar con otros 20 segundos de cuenta atrás Durante todo este proceso, los participantes debían, además, responder a una batería de preguntas. La combinación de sus respuestas y los estímulos visuales se registraban el escáner. jeres y siete hombres) todos ellos enamorados recientemente (entre hace uno y diecisiete meses) es decir, desde el momento de máxima ebullición amorosa hasta la frontera misma de una relación a largo plazo. El estudio se publicó ayer en el Journal of Neurophysiology y su conclusión más relevante podría resumirse en el hecho de que el amor romántico es un auténtico estado de urgencia biológica pero completamente distinto (y mucho más fuerte) que el deseo sexual. El perfil neurológico del amor, explican los autores, está más cerca al del hambre o la ansiedad que a un estado emocional puro que implique afecto o excitación. A medida que una relación se hace más profunda y estable, los escáneres cerebrales sugieren, además, que la actividad neuronal relacionada con el amor romántico se altera levemente y pasa a centrarse en zonas más profundas del cerebro primitivo. Los participantes en el estudio contemplaban alternativamente una foto de la persona amada y otra de un conocido al mismo tiempo en que se les realizaban los escáneres. Los científicos comprobaron una mayor actividad en el núcleo caudado derecho, una zona del cerebro que en los mamíferos está asociada a los mecanismos de motivación y recompensa y muy alejada de la zona que regula la atracción sexual. F. RUBIO ABC El amor, un fenómeno universal común a todas las culturas Como introducción a su propia investigación, Arthur Aron y sus colegas citan ampliamente la realizada en 1992 por Jankowiak y Fischer sobre un panel que incluía entrevistas a representantes de 166 sociedades contemporáneas. Estos dos investigadores encontraron evidencias indiscutibles de la existencia de amor romántico en 147 de estas sociedades. En las diecinueve restantes, todas ellas pequeñas comunidades étnicas poco relevantes, los antropólogos no acertaron con los cuestionarios, pero no se toparon con ninguna evidencia que negara la existencia de esta clase de sentimiento. La conclusión de este estudio fue que el amor romántico constituye una constante universal común a todas las culturas. Esta clase de sentimiento está asociado (especialmente durante las fases iniciales) con una serie de indicadores muy específicos, tanto psicológicos como fisiológicos y de comportamiento, que han sido descritos y cuantificados en diferentes estudios. Dichos indicadores incluyen respuestas emocionales como la euforia, la preferencia y atención exclusiva a un determinado individuo, el pensamiento obsesivo sobre él o ella, la excesiva dependencia emocional de la persona amada y el aumento de energía, así como la pérdida de apetito o el desprecio por las necesidades propias, incluso las más indispensables. Más fuerte que el sexo También los científicos, por supuesto, se enamoran. La única diferencia es que ellos quieren saber exactamente por qué. Un equipo de expertos de la Universidad Estatal de Nueva York, encabezado por el neurólogo Arthur Aron, un antropólogo y un psicólogo social, acaba de establecer por vez primera qué zonas de nuestro cerebro se activan, y con qué intensidad, durante el enamoramiento y las primeras fases de un romance. Y han encontrado que el proceso del amor tiene mucho más que ver con la espera de una posible recompensa que con emociones o instintos puros, incluido el sexual. Por lo menos eso es lo que revelan las imágenes cerebrales (obtenidas con resonsancia magnética) de diecisiete jóvenes universitarios (diez mu-