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ABC VIERNES 3 6 2005 Opinión 7 general- ¡cuidado! no unánime; hay quien demanda que la clonación deba aceptarse para la reproducción humana- -es que la clonación reproductiva supone un atentado contra la dignidad del hombre. Un ser humano clónico estaría gravemente condicionado, en su trayectoria vital y capacidad de autodeterminación, por voluntad deliberada de un tercero. La previsible generación de individuos malformados, en una iniciativa de clonación reproductiva, añade argumentos para la repulsa de su mera posibilidad. LA ESPUMA DE LOS DÍAS NAVAJAS EN CLASE CARLOS KILLIAN explicar las alteraciones y falta de viabilidad de los embriones clónicos de animales que se han trasferido para gestación. Mientras tanto, el empleo de células madre adultas en terapias experimentales está consolidado y en expansión. Es de hacer notar que la legislación española permite también, desde la legislaturaanterior, investigarcon células embrionarias humanas, obtenidas de embriones generados por fecundación in vitro, que no tienen otra alternativa que su destrucción. Hay, por tanto, un amplio campo para la exploración científica de estas células en la situación actual. La realización de experiencias de clonación en humanos tropieza con reservas muy notables. El consenso bastante Por otro lado, la obtención de embriones humanos clónicos para derivar células madre supondría abandonar un principio muy consolidado en nuestra sociedad, el de que la producción de embriones humanos en laboratorio sólo es aceptable si va destinada a la procreación humana, no a su destrucción con propósitos experimentales. Así lo establece el Convenio sobre la Biomedicina y los Derechos Humanos (Convenio de Oviedo) suscrito por España y otros muchos países. Cierto es que la valoración ética que merece el embrión humano generado in vitro es objeto de controversia en nuestra sociedad. Quienes consideramos que la vida humana merece una especial valoración desde sus inicios entendemos que preservar ese principio es garantía para la sociedad desde muchos puntos de vista. Así lo establecen la mayor parte de las legislaciones. ¿Hay margen para el progreso científico desde la clonación? A mi juicio, rotundamente sí, mediante la clonación animal, experimentando para responder a la pregunta fundamental de cómo reprogramar el desarrollo celular, que no necesariamente requerirá revertir a estadíos embrionarios. Con ello se facilitará el objetivo esencial, incidir en el control del desarrollo celular, para programarlo en terapias regenerativas. Añadamos los problemas que plantearía una utilización masiva de gametos femeninos para usos médicos, no para la procreación, en la sociedad del futuro. Indican los investigadores coreanos que sus experimentos funcionan mejor con ovocitos de mujeres jóvenes, recién obtenidos. La ciencia nos debe abrir sin restricciones al conocimiento, la tecnología; en cambio, puede tener muchos caminos, no todos aceptables. En el marco de nuestra investigación española, los resultados obtenidos con células madre adultas son mucho más relevantes científicamente, y ya hay terapias experimentales. Tenemos también margen para entender cómo funcionan las embrionarias. Creo que eso define bien cuáles deben ser nuestras prioridades para avanzar, con eficacia, rapidez y rigor. L PALABRAS CRUZADAS ¿Tienen alguna utilidad los sindicatos en los tiempos que corren? SIN DUDA QUE SÍ L 39 Congreso de la UGT (que son congresos) no faltó casi nadie, tirios y troyanos que soportaron, con estoicismo o emoción, la música de la Internacional. La Constitución Española de 1978 reconoce en su artículo 7 la función y el papel de los sindicatos y les exige estructura y funcionamiento democrático En la vida real, en el caso a caso, la peripecia sindical es compleja y pródiga en claroscuros; en el mundo sindical, como en tantos otros, hay de todo, desde esforzados a militantes y hábiles negociadores, a caraduras u oportunistas que se las pintan solos. Sobre la utilidad de los sindicatos sirve el argumento de que las relaciones laF. GONZÁLEZ borales sin sindicatos siempre son más URBANEJA complicadas y traumáticas. Se nota en la dificultad cuando hacen falta interlocutores experimentados para construir consensos. Como los tiempos cambian y las vicisitudes de la vida laboral también, sindicatos y patronales tienen que adaptarse a nuevos entornos. En España los grandes sindicatos son cada día más profesionales y capaces. La antipatía a lo sindical suele ser proporcional a la distancia a la realidad laboral: a más distancia, más antipatía (toreo de salón) Entre los que cerrarían los sindicatos abundan los que no han visto una fábrica ni en foto, no han pagado una nómina ni han creado un empleo. ASÍ NO OS sindicatos han dejado en España y en todo el mundo de ser organizaciones de trabajadores y han pasado a ser burocracias, escasamente representativas; la tasa de afiliación es muy pequeña, y los sindicalistas viven esencialmente del privilegio y del presupuesto. Para colmo de males, los sindicatos han pulverizado los ingredientes liberales que tuvieron en sus inicios, y ahora se pliegan en masa a los disparates del pensamiento único, algunos francamente reaccionarios, como el proteccionismo en el comercio exterior, o la defensa de una Europa social que consiste en más impuestos sobre los trabajadoC. RODRÍGUEZ res (tantos más cuanto más laborioBRAUN sos sean) y más paro. Disuelven sus responsabilidades en discursos huecos cargados de conflictos y de derechos y de reivindicaciones pero a la postre se impone la realidad: la dignidad y la prosperidad de los trabajadores dependen de la libertad, no de la sumisión al poder, por más progresista que éste sea. Y los sindicalistas, que en su mayoría son gentes de bien, podrían ir con la cabeza más alta si sus sueldos los pagaran voluntariamente los trabajadores, y si jamás dañaran con sus prédicas intervencionistas los intereses de la clase que dicen defender. A L A escuela fue inventada, entre otras cosas, para que el ser humano domesticase su condición depredadora. Siglos después, nuestro sistema educativo es una inmensa guardería en la que de vez en cuando incluso aparecen las navajas. Ahí las excepciones confirman la regla. Alguna batuta parece dar la entrada a los ciclos públicos de hostilidad destructiva: primero fueron los ultras en los estadios deportivos, luego la violencia doméstica, ahora los navajazos en un instituto. La diferencia esque la violencia en las aulas es algo que viene de lejos, que ocurre con intensidad y permanencia desde hace años, pero sin que se nos ocurra dar su descripción ni mucho menos VALENTÍ diagnosticar su origen. PUIG Esas cosas sólo podían ocurrir en Nueva York. Liarse a navajazos a la hora del recreo, maltratar a los profesores o torturar a un condiscípulo han sido para la opinión pública española acciones cuya referencia exclusiva era el cine de Hollywood. Las normas que rigen la vida de un centro escolar, más allá del reglamento, son de naturaleza impalpable y dimanan de lo que el conjunto de la sociedad entienda por respeto y tolerancia. Es, en definitiva, cuestión de confianza en valores comunes y en ciertas virtudes públicas. En España, el proceso de deterioro comenzó hace ya demasiado tiempo, con incrementos cualitativos de naturaleza negativa ante la indiferencia de la sociedad en general, y con la complicidad de una elite intelectual- -una nueva clase de pedagogos y gestores públicos- -que luego matriculaba a sus hijos en centros de enseñanza no pública. Así llevamos prácticamente desde la transición, y cualquiera que se asomase por aquel entonces al claustro de profesores de un instituto de enseñanza media podía intuir que la presión ambiental, con la fuerza de un atavismo tan prematuro, anularía los esfuerzos individuales por lo mejor y desembocaría en la honda crisis actual. La LOGSE certificó la imposibilidad de que la enseñanza pública en España pudiera optar por la excelencia y competir con los centros privados. No hace falta conocer el número de bajas por fatiga psicológica entre los profesores en institutos del cinturón industrial de ciudades como Barcelona. Está pasando por las aulas una generación sin muchos vínculos y llega a las escuelas la oleada de la inmigración. El igualitarismo de la enseñanza pública ha logrado que las cualidades de esfuerzo y liderazgo que antes se premiaban en las aulas y en las canchas deportivas ahora sean el tatuaje de guerra para sobrevivir en los patios. Desapareció de los manuales el aprendizaje de la norma social. Fue abolida la autoridad implícita del docente. Miles de alumnos acaban sus estudios sin haber superado el analfabetismo inicial. A inicios de siglo, una de las contradicciones más incómodas en las sociedades avanzadas es que en las escuelas haya tanta violencia y tanta ignorancia. Eso no lo arregla ni el latín. vpuig abc. es ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate