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6 Opinión VIERNES 3 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CÉSAR NOMBELA CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE HÉROES Y VILLANOS E L muy famoso caso Watergate es, además de un punto de referencia para el entendimiento del periodismo contemporáneo, un asunto todavía vivo para la polémica. Coinciden en él un editor (a) un director y dos jóvenes reporteros que pueden y deben ser puestos como ejemplo de la plena conciencia de la función social del periodismo responsable. Supieron soportar todo tipo de presiones del poder político, y de sus sucursales, para ofrecer a los lectores del Washington Post información veraz y exclusiva, y, además, con la fuerza suficiente para desenmascarar las mentiras de un presidente de los EE. UU. Richard Nixon. En esto, con pocos matiM. MARTÍN ces, sospecho que hay un FERRAND generalizado acuerdo entre profesionales del periodismo y lectores de periódicos, los dos polos de este negocio en el que, con frecuencia, tratan de interponerse fabricantes de imagen, teóricos de la nada y políticos liberticidas. Admitido que la señora Graham, el director Ben Badlee y los reporteros Woodward y Bernstein son héroes del oficio de informar, un oficio de escaso santoral, me atrevo a ponerme contra la corriente imperante para apuntar que el ahora nonagenario Mark Felt, el célebre Garganta profunda que, siendo número dos en la cadena de mando del FBI, suministró la información de base para la producción del caso, no era un tipo de fiar cuando, hace ya treinta años, acabó con la carrera de Nixon. Independientemente de las motivaciones, nada diáfanas, que ahora hayan provocado sus declaraciones a Vanity Fair, más propias de lucha entre empresas que del amor por la verdad histórica, queda claro que el tal Felt entra de lleno en la tribu de los villanos. Es cierto que la información por él facilitada al Post sirvió para castigar el intolerable espionaje entre partidos promovido por Nixon y descubrió el verdadero rostro del personaje; pero Felt, por razones de oficio, ocupaba un cargo de confianza del presidente en uno de los puntos más sensibles de la seguridad del Estado. Su deslealtad, por mucho que quiera incluírsele en el cuadro de honor de los grandes patriotas norteamericanos, le descalifica en plenitud. Todos somos hijos de nuestros compromisos. Los periodistas del caso Watergate hicieron uso- ¡no faltaba más en una democracia! -del derecho al secreto profesional; pero Mark Felt, fuera por despecho o por un mal entendimiento del patriotismo, ¿en qué sustentó su trascendental indiscreción? Conviene reflexionar sobre estas cosas, que no son menores, y que pueden orientarnos para el mejor entendimiento de nuestra realidad próxima. Aquí también tenemos, referidos a la información, grandes héroes que nos ayudan a saber lo que pasa, y lo que nos pasa; pero no faltan los villanos que, generalmente con intención partidista, filtran los secretos que debiera guardar, a cal y canto, una Administración responsable. ¿RENACER A LA VIDA EMBRIONARIA? El autor medita sobre las posibilidades que, a su juicio y hoy, ofrece la clonación terapéutica y sobre las barreras éticas que aún se ciernen sobre una práctica científica que el Gobierno, según ha anunciado, legalizará pronto UMEROSOSmitos sobre el renacer han alimentado la imaginación o estimulado la voluntad humana en la búsqueda de una renovación de nuestro horizonte vital. Eso explica en parte la fortuna que han podido hacer términos como clonación terapéutica que irrumpe de nuevo tras la reciente publicación del trabajo de clonación humana llevado a cabo en Corea, como auténtica metáfora de una posible renovación orgánica desde la vida embrionaria. A día de hoy no existe la clonación terapéutica, porque no hay ninguna terapia establecida mediante clonación, son iniciativas de investigación, por si algún día dan lugar a tratamientos. Sin embargo, la posibilidad de realizar intervenciones de este tipo en humanos despierta fascinación, quizás impregnada de misterio y, acaso, temor, porque parece poner a la sociedad en una auténtica encrucijada. O se acepta, o se renuncia a curar determinadas enfermedades y aliviar el sufrimiento humano. Se trata de una falsa encrucijada que tiene que analizarse, con el rigor propio de los hechos científicos y su proyección en la medicina, con la exigencia que demanda un marco de referencias éticas sobre lo que concierne a la vida humana, y con la sensibilidad que requiere la consideración de fenómenos de relevancia social. Los nuevos resultados suponen un avance técnico, basado en hipótesis científicas, bien consolidadas a través de la investigacióncon animales. La notable disponibilidad de gametos procedentes de mujeres fértiles ha permitido a los investigadores asiáticos utilizar estas células para eliminar N su núcleo y sustituirlo por el de células de distintas personas, obteniendo embriones clónicos de ellas. Estos embriones fueron utilizados para generar células madre, lo cual se logró con mayor eficiencia que en un intento anterior. La pregunta es si este hallazgo debe modificar las prioridades de nuestra programación científica, o si justifica una revisión de nuestra valoración ética y los correspondientes cambios legislativos. Entiendo que la disyuntiva entre células madre de origen embrionario y las del adulto o cordón umbilical representa otro falso dilema. Importa poder controlar su desarrollo y adaptarloa terapias regeneradoras. El esfuerzo científico actual, con células de un tipo y otro, nos permite conocer cada vez mejor el proceso y ello debe contribuir a la medicina regenerativa. Pero no cabe duda de que las células del adulto ya están en tratamientos clínicos experimentales en humanos, y está cada vez más claro que tienen una potencialidad mucho mayor que la esperada. Sin embargo, persisten los interrogantes fundamentales sobre si es posible el control delas célulasembrionarias- -clónicas o no- -en potenciales tratamientos, interrogantes que no se han despejado con el trabajo de clonación. Cierto es que las células embrionarias clónicas son (quasi) idénticas genéticamente a las de la persona de quien proceden. Pero el trabajo no resuelve la cuestiónfundamental de la adecuación o no de células embrionarias para terapias celulares, ni siquiera de su seguridad o ausencia total de alteraciones genéticas, causa que podría -Lo que tienen que hacer ahora los ciudadanos europeos es replantearse la situación, reflexionar y conocer lo que realmente nos importa a los euro- burócratas.