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ABC JUEVES 2 6 2005 Cultura 61 La Biblioteca Nacional desempolva los mapas del olvidado lugar de la Mancha del Quijote La muestra reúne cincuenta joyas de la cartografía realizadas en tiempos de Cervantes mapas del Quijote ilustran tanto las aventuras del Ingenioso Hidalgo como la trepidante vida del autor y la historia del éxito de su universal novela ISABEL AGUILAR MADRID. El mundo de la cartografía y la leyenda cervantina han entrado en ineludible contacto durante el mes de junio en la Biblioteca Nacional. La exposición Los mapas del Quijote acoge desde ayer cincuenta joyas para los amantes de las cartas geográficas (datadas entre los siglos XVI y XIX) todas ellas con un elevado componente quijotesco e intensamente reveladoras de lo que fue la trayectoria tanto del caballero de la Triste Figura como de su creador. Una experiencia espléndida para los que nos gusta viajar, no sólo a los mundos de hoy, sino a los de antaño Con estas palabras definía la muestra la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regàs, quien ilustró su intervención matizando que es casi literatura de ficción, ya que algunos mapas así lo parecen Tres secciones diferentes componen ese universo cartográfico recreado con pulcritud en la sala Hipóstila de la citada institución. En primer lugar, una serie de mapas de las zonas geográficas por las que viajó Miguel de Cervantes y que dejaron singular impronta en su carácter y su obra. Así, El mundo en la época de Cervantes invita al visitante a recrear el primer viaje a Roma del autor, su participación en la batalla de Lepanto, el prendimiento que sufrió a mano de los turcos o su periplo por el norte de África. Una serie de mapamundis de la época retratan la Europa de entonces vista por los ojos de prestigiosos cartógrafos flamencos, piezas que complementan las reproducciones ya casi perfectas de una España exacta en su geografía, trazada a escala bajo una profusa toponimia y flanqueada por los primeros elementos decorativos de la cartografía europea: vistas de ciudades, personajes ataviados con trajes de la época, o escudos reales, que potencian el valor artístico de esta colección. b Los jada por el geógrafo Tomás López y otra por Juan Antonio Pellicer, han sido el punto de partida de las posteriores ediciones, que han pretendido recrear el itinerario que siguieron ambos personajes de la literatura cervantina. Una exhaustiva labor de investigación y recopilación hace posible que se puedan apreciar muchos de los mapas que aparecen en distintas ediciones de la obra. Igualmente atractivo resulta el último apartado de la exposición, dedicado a grabados de las principales ciuda- Mapa de Bory de Saint- Vicent, que incluye una nueva ruta de Don Quijote des en las que El Quijote fue traducido y editado. Así, encontramos estampas de Barcelona, flor de las bellas ciudades del mundo según Cevantes; Sevilla, donde el escritor estuvo preso y posiblemente esbozara las primeras páginas de su obra maestra; Madrid, Lisboa, París, Amberes, Londres... ABC La exposición cuenta con una interesante serie de grabados de ciudades en las que triunfó la obra La ruta auténtica de un caballero ficticio La sobriedad formal fue la nota característica de las primeras ediciones de El Quijote exentas de cualquier ilustración o grabado que relajara la vista de sus numerosos lectores. Hasta el año 1780 no se incluyó por primera vez un mapa con las rutas que siguió el hidalgo, realizado por el geógrafo Tomás López. Ese elemento gráfico fue el germen de una polémica que se prolonga hasta nuestros días y que, aunque pueda resultar incongruente, ha suscitado el interés de numerosos cartógrafos y cervantinos: la autenticidad del itinerario que siguió un personaje sacado de la imaginación literaria, es decir, ficticio. Tan sólo unos años después de que se publicara este primer mapa, Juan Antonio Pellicer sacó a la luz una nueva versión del recorrido quijotesco en una edición de 1798. Aunque el punto de partida era el mismo en ambos (Argamasilla de Alba) pronto comenzarían las divergencias, acentuadas en lo referente a la tercera salida del caballero, que discurre por tierras aragonesas y tiene como destino la playa de Barcelona. La versión de Pellicer traza esa ruta por el norte de Zaragoza y posteriormente propone un camino de retorno, detalle que omite su antecesor. Otros recorridos alternativos, como el de Bory de Saint- Vicent o John Bowle, rompen con las anteriores propuestas y ofrecen un intinerario diferente, en ocasiones estridente en comparación con los dos primeros. Parece complicado delimitar los pasos de alguien cuya existencia se reduce a las páginas de un libro. Las posibles rutas La faceta más curiosa de esta exposición es, según su comisaria, Carmen Líter, la que recoge las posibles rutas que pudo seguir Don Quijote- -a lomos de Rocinante- -acompañado de su incondicional escudero, Sancho Panza. Dos alternativas diferentes, una dibu-