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60 Cultura JUEVES 2 6 2005 ABC Los niños inventan un mundo mejor en El pequeño deshollinador de Britten, en el Real b El sábado se estrena la producción realizada por Ignacio García, Cecilia H. Molano y Christophe Barthes, ganadores del I Concurso de Proyecto escénico para Jóvenes, convocado por el Teatro Real S. GAVIÑA MADRID. En el apartado de Ópera en familia, se puede ver del 4 al 12 de junio una nueva producción de la ópera de Britten, El pequeño deshollinador La puesta en escena corresponde al equipo ganador del I Concurso de Proyecto Escénico para Jóvenes Creadores, convocado el año pasado por el Teatro Real, y que está formado por el director de escena, Ignacio García, la escenógrafa Cecilia H. Molano, y Christophe Barthes, responsable del vestuario. El planteamiento de este montaje, según explicó ayer Ignacio García, en rueda de prensa, consiste en que los niños sean capaces de cambiar el mundo y hacerlo más justo Con música de Benjamin Britten y libreto de Eric Crozier (cantado en inglés con diálogos en castellanos, adaptados por el propio Ignacio García) la obra cuenta la historia de un niño que limpia chimeneas en la Inglaterra de finales del siglo XIX, y que tiene un jefe que le esclaviza. Ante tal situación, son los niños de una de las casas donde va a trabajar Sam los que deciden liberarle del opresor. Durante los ensayos hemos reflexionado mucho con los niños sobre las injusticias sociales. Es cierto que ya no existen deshollinadores pero sí niños esclavizados en el sudeste asiático para que nosotros compremos zapatillas baratas afirma García. En cuanto a la escenografía, se ha colocado una pizarra en blanco en la que los niños van dibujando aquello que necesitan y ésto se hace realidad. Al mismo tiempo, también se ha intentado imprimir en el escenario el espíritu de un salón de juegos donde se disfruta haciendo el bien. En total, doce niños, entre 11 y 14 años y repartidos en dos elencos, acompañados por cuatro adultos, interpretan una obra con una partitura musical apasionante, alegre pero al mismo tiempo profunda según explicó el director musical Wolfgang Izquierdo (que tendrá que dirigir sentado a causa de un accidente) El tratamiento vocal- -añade- -es muy inteligente porque intercala muy bien los compases escritos para niños con los de adulto La convivencia entre unos y otros ha creando cierta competencia, sana, en la que ha salido ha relucir la gran vocación musical y la raza de los más pequeños. Liam Gallagher, anoche, durante el concierto de Oasis en Madrid ÁNGEL DE ANTONIO POP Oasis Concierto de Oasis. Lugar: discoteca Aqualung (Madrid) Fecha: 1- 6- 2005. ECOS DE UNA GENERACIÓN PERDIDA JESÚS LILLO nce conciertos en pequeñas salas y teatros europeos componen la gira que Oasis ha organizado esta primavera para promocionar- -a tres palmos de sus fieles y sin aire acondicionado- Don t Believe The Truth su nuevo trabajo. La crisis de la industria discográfica sigue recortando la distancia que separa al público de las estrellas del rock y generando estrategias promocionales con las que reactivar la fidelidad y la demanda de los aficionados. Pocos fueron los que consiguieron entrada para ver y casi rozar anoche a los hermanos Gallagher, pero la noticia de su regreso a Madrid provocó, además de reflejos condicionados entre los ausentes, un calculado eco mediático para lanzar al mercado su último álbum. Los oyentes de una emisora del Reino Unido acaban de elegir Wonderwall como mejor canción de la historia del pop británico, lo que revela, primero, la mala cabeza de quienes prefieren la copia al original y, segundo, que Oasis es, desde hace diez años y por mérito ajenos, una de las grandes marcas registradas en la memoria del público. Con estas y otras credenciales se pre- O sentó ayer la banda de Manchester, que acaba de cosechar, con Leyla su séptimo número 1 en las listas británicas. Mucho mérito para una formación cuya mayor virtud es, cada dos o tres años, plantear a los especialistas en su discografía sesudos y bizantinos debates sobre la calidad y procedencia de sus falsificaciones musicales, piezas que en su día causaron conmoción y que hoy, por lo visto ayer, no parecen convencer a sus propios autores, desangelados y sin brío. Se han hecho tan mayores los hermanos Gallagher que ni siquiera se molestan ya en dar espectáculos delictivos y policiacos. Hay cantera, pero se siente la pérdida. Pese a su previsible sumisión a los formatos más conservadores del pop, se aprecian ciertas inquietudes en Don t Believe The Truth dramática expresión del quiero y no puedo de una banda forzada por la industria y su clientela a emprender el eterno retorno a los patrones convencionales: hay chispazos de genio, pero de lejos sólo se aprecia el flujo que alimenta la bombilla, redonda y lisa. Conservan la arrogancia que una vez transformaron en carisma, pero sin capacidad de seducción Los hermanos Gallagher emprenden el eterno retorno a moldes convencionales, desangelados, sin brío Se empeña Oasis en desprender agresividad y demencia cuando, mediado el concierto, interpreta The Meaning Of Soul la más airada de sus nuevas canciones, y lo único que sobresale es el molde y la mecánica del artefacto. Parece de verdad, pero es de tela sintética, como las plantas que no se riegan. De las caras, pero de plástico, con un montón de polvo encima; le pasas el dedo y se palpa la fibra. Conservan los Gallagher esa arrogancia que una vez supieron transformar en carisma, y también la habilidad para realizar samplers orgánicos, como cuando injertan el Get It On de Marc Bolan en Cigarettes Alcohol Sin embargo, su capacidad para seducir a menores de edad con estribillos de transición a la adolescencia parece ya agotada. El planteamiento de la gala de anoche era el correcto- -atinada mezcla de grandes piezas de sus dos primeros álbumes, superventas y estrenos- pero la vieja bengala de Definitely Maybe no prende sino en la nostalgia de un público que, sin refrigeración, a punto de tabardillo, suda la memoria de una época en la que Oasis consiguió traducir a los Beatles más condescendientes y afrutados, inflamar las glándulas del mod y abanderar una hermosa involución. Entonces, apasionaron. Anoche cerraron su recital con My Generation monumento del pop que- -resultado de todo este juego- -registró entre el público menos coros y danzas que cualquiera de los grandes éxitos rebobinados por Oasis. Cuando terminen este pequeña gira, los hermanos Gallagher se van de festivales, viveros en los que quizá consigan echarle el anzuelo a otra generación... El cebo es de plástico, cada vez se nota más.