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58 Cultura PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE COMUNICACIÓN Y HUMANIDADES JUEVES 2 6 2005 ABC Jutta Limbach: No deseamos igualar las culturas, sino armonizarlas La presidenta del Instituto Goethe se confiesa entusiasmada con el premio Príncipe de Asturias b El proyecto europeo lo impul- sarían más instituciones como el Goethe y el Cervantes que tratados políticos y constituciones señaló Limbach a este diario RAMIO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Lo que nos honra especialmente es que la Fundación haya señalado en los seis institutos un papel relevante en el proceso de entendimiento europeo que tal vez coopere de algún modo en la forja de una identidad, dijo ayer por teléfono esta jurista de prestigio y dama emérita de la socialdemocracia alemana. Esto nos llena de entusiasmo y nos invita a dar un paso adelante que refuerce aún más el trabajo entre todos Limbach, de 71 años, quiere ver en el premio un deseo de proporcionar un impulso al proyecto de integración europeo, más allá de baches políticos como el actual tras el fiasco en Francia. No es nuestra función hallar soluciones a la Constitución Europea, pero podemos demostrar sin ambages que culturas tan distintas pueden entenderse y hacer política en común Nacida un año después de la elección de Hitler como canciller, catedrática de Jurisprudencia, ministra- sena- dora de Justicia de la ciudad unificada de Berlín, de 1994 a 2002 presidenta del Tribunal Constitucional, Jutta Limbach es madre de tres hijos y preside asimismo el Consejo de Lengua Alemana que entre otras actividades contribuye a elegir la más bella palabra del año Limbach destaca que las culturas en Europa no tenemos porqué querer igualarlas, pero sí podemos armonizarlas y sugiere que un principio es encontrar puntos comunes en la memoria. Buen clima con el Cervantes El director del Cervantes de Berlín, Ignacio Olmos, destacaba ayer a este diario la especial sintonía, estratégica y organizativa entre el Cervantes y el Goethe, cuyo ejemplo resultó provechoso cuando la fundación del Cervantes y considera que a su vez el Goethe admiraría en el español su juventud y dinamismo Limbach destacó la fascinación que produce en el mundo la ebullición cultural y artística española y la estima en que tiene la asociación específica entre ambos centros para compartir sedes y proyectos comunes, como en Estocolmo. La presidenta del Goethe recordaba ayer el simposio que acaban de celebrar conjuntamente ambas instituciones en Berlín, en que intelectuales alemanes y españoles han indagado sobre Jutta Limbach, en una imagen de archivo la Cultura de la memoria en sus sociedades; Limbach destaca que este intercambio marca más el acercamiento y cooperación entre centros que otras decisiones estratégicas de integración. Desde su origen de izquierda, la ex presidenta del Constitucional se ríe pero rehusa pensar que sea más patriótica que europea su dedicación a promover su lengua en el mundo. ABC Admite que los seis institutos premiados se dedican más bien a promover la suya propia más que un algo europeo, pero apunta que el diálogo sobre el recuerdo de la guerra es lo más europeo que hay, la transición alemana ha ayudado a la española, pero ambas también a la chilena y son estudiadas en Europa Central y del Este LAS LENGUAS UNEN Y ATRAEN FERNANDO R. LAFUENTE E n su último artículo en Revista de Occidente, el lingüista Juan R. Lodares advertía de ese sinsentido que significa hoy la apología, desde el progresismo de la igualdad raza- lengua- nación pues resulta extraña a la ideología internacionalista y de las lenguas grandes habitual entre liberales (Stuart Mill, A. Meillet, R. Menéndez Pidal) antes ya había recordado que el 98 por ciento de la población mundial se entiende con el 4 por ciento de las lenguas existentes, y el 80 por ciento de la superficie terrestre se puede recorrer con el auxilio de seis o siete idiomas. Valga este recuerdo, hoy de manera especial, para quienes como Lodares, cuando hablan de la historia de las lenguas, de su presente y de su proyección futura, saben de lo que hablan. No es habitual, porque resulta pintoresco descubrir cómo en unos tiempos en los que entre quienes se consideran de ideas izquierdistas, igualitarias, avan- zadas en lo social y que no promoverían la diferenciación en otros terrenos, sea sexo, raza, situación económica o estrato social sin embargo consideren positivo incrementar las diferencias y los particularismos en lo cultural y lingüístico Y para ejemplo reciente, el guirigay sonrojante que la Generalitat de Cataluña quiere montar en la próxima Feria del Libro de Fráncfort. Es decir, hoy las lenguas grandes no levantan muros, sino que derriban fronteras, pulverizan las distancias, son un poderoso instrumento de comunicación, un vehículo de enriquecimiento cultural entre países y ciudadanos y una herramienta de proyección internacional que conmovería a los internacionalistas redactores de la mayor parte de la prensa de izquierdas de principios del siglo XX. Eso sí era progresismo. Hoy las lenguas rompen las fronteras, y eso es, precisa, concisamente, lo que ayer se reconoció en Oviedo, con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades a las grandes instituciones europeas dedicadas a la difusión, no sólo de la lengua, sino de la cultura que se expresa en esa lengua. Porque no son institutos de idiomas, escuelas de mero aprendizaje de unos instrumentos lingüísticos, son trasatlánticos portadores de unas culturas que marcan, y marcarán, la cartografía cultural de los cientos de millones de personas que o bien como lengua materna o como segunda y tercera lengua poseen y exhiben con orgullo. Esa es la labor reconocida ayer. En los sombríos tiempos en que hechos como el de la Generalitat- ¿por qué alguien no recuerda a Maragall y Carod que en cultura la cuestión es sumar y Hoy las lenguas grandes no levantan muros, sino que derriban fronteras, son un poderoso vehículo de enriquecimiento cultural no restar? -se manifiestan con una impunidad intelectual escalofriante, el premio de ayer permite a los ciudadanos recobrar algo de cordura. Y ya sabemos que hoy en España el sentido común es revolucionario. No es cuestión de destacar a una u otra de estas instituciones, todas coinciden en un anhelo común: internacionalizar la cultura, limpiar el moho que los nacionalismos y los particularismos instalan en las avenidas de la vida contemporánea. Labor encomiable: diversidad de formas, ubicuidad de centros, gentes que viajan, y entran y salen de una lengua a otra; la cultura, así, abre las puertas que ni la política, ni las relaciones comerciales, a menudo, suelen traspasar. Estar allí donde nunca se ha estado, de manera pacífica, solidaria. La cultura, de nuevo, sirve para cambiar las sensibilidades, y para hacer discretos a los que viajan y aprenden otras lenguas. Estas lenguas unen y atraen. ¿A qué insensato se le puede ocurrir que una lengua sea motivo de sangre? Son las lenguas las que amplían las geografías y describen la topografía interior de la historia de los ciudadanos, de la dimensión estética- -que siempre será ética- -de los que las hablan, las escriben y las sueñan.