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ABC JUEVES 2 6 2005 Internacional 31 Carl Bernstein y Bob Woodward, descubridores del Watergate (izquierda) en 1973. En la foto de la derecha, Woodward (izquierda) y Bernstein el pasado martes AP EE. UU. debate las motivaciones, méritos e historia de Garganta profunda La polémica del Watergate se enzarza ahora en un complejo dilema moral Felt se intentan explicar entre ambiciones frustradas, amor incondicional al FBI y su propia condena por abuso de poder, revocada por Reagan PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Mark Felt: ¿héroe o villano? El final de uno de los misterios centrales en la saga del Watergate- -la identidad de la fuente confidencial que permitió al Washington Post poner en evidencia un cúmulo de actividades delictivas perpetradas por la Administración Nixon- -ha planteado un pasional y fascinante debate en Estados Unidos sobre las motivaciones, méritos e historia de Garganta profunda Una discusión, que a pesar de producirse tres décadas después de los hechos, permite atisbar la traumática experiencia, el odio visceral, la polarización política y los cambios radicales que debió sufrir el gigante americano durante los años setenta. Una vez confirmado que Mark Felt, b Las acciones de Mark Demócrata que degeneró en una de las peores crisis constitucionales de EE. UU. había fallecido el legendario director del FBI, Edgar Hoover. Vacante codiciada por Felt pero cubierta de forma interina por Nixon con una persona de su confianza, Patrick Gray. Manipulaciones de la Casa Blanca número dos del FBI, fue el anónimo oráculo utilizado por Bob Woodward y Carl Bernstein, su familia insiste en hablar de un gran patriota americano y un héroe que lo arriesgó todo para salvar a EE. UU. de una horrible injusticia Opinión desde luego no compartida por algunos de los supervivientes de la apabullante lista de más de treinta altos cargos del Partido Republicano que fueron condenados por una denigrante panoplia de delitos como perjurio, robo, espionaje y obstrucción a la justicia. Para Charles Colson, destacado ayudante de Nixon que terminó cumpliendo siete meses de cárcel, las confidencias de Felt son cualquier cosa menos loables ya que su obligación hubiera sido recurrir a sus superiores en el Departamento de Justicia. Y de no haber sido escuchado, tendría que haber dimitido en protesta y exponer a todo el mundo lo que estaba sucediendo A juicio de Colson, es inconcebible que un hombre de su calibre tuviera que escabullirse de noche por callejones oscuros para hablar con la prensa. En las antípodas de estos reproches, historiadores y periodistas insisten en que Mark Felt realizó un servicio sin precio a su país al exponer toda una serie de abusos de poder en la Casa Blanca que terminaron por generar un proceso de impeachment en el Congreso y forzar la dimisión de Richard Nixon. Llegándose a comparar a Garganta profunda con empleados y funcionarios cuyo testimonio ha resultado decisivo para exponer recientes escándalos como el fraude de Enron o las torturas de Abu Ghraib. Ante el reto de explicar las motivaciones de Mark Felt hay que recordar que justo seis semanas antes del robo de tercera en las oficinas del Partido Junto a este factor de ambiciones truncadas también figuran los demostrados intentos de la Casa Blanca para manipular, distraer y minar las pesquisas del FBI, una especie de dominó iniciado con los cinco intrusos detenidos en el edificio Watergate Para un ejemplar funcionario de carrera como Mark Felt debería resultar inaceptable esta ofensiva. En este contexto, el gran problema de Felt es que su historial no es precisamente inmaculado. En 1980, seis años después de abandonar el FBI, fue condenado por haber autorizado actividades de espionaje ilegal contra el entorno del Weather Underground un violento grupo de activistas radicales. Irónicamente, entre los testigos de su defensa, Felt contó con el testimonio del propio Richard Nixon que justificó estos cuestionables métodos como parte de las tareas de contraespionaje encomendadas al FBI. Un año después, y tras las protestas de sus colegas, la condena de Mark Felt fue revocada por el presidente Ronald Reagan. Un perdón que, de forma casi premonitoria, excusaba por patriótica la conducta de Felt. Mark Felt se sintió decepcionado cuando Richard Nixon no lo eligió para suceder a Edgar Hoover al frente del FBI