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6 Opinión JUEVES 2 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSÉ MARÍA LASSALLE DIPUTADO DEL PARTIDO POPULAR CATALANIZACIÓN DE LA ENERGÍA AY, en Cataluña, un nacionalismo efervescente, de tenora, barretina y monchetas con butifarra que es el que suele observarse, desde el resto de España, cuando se fija la atención en el muy singular procedimiento político que, con centro en Barcelona, afecta ya a toda la Nación. No en vano la debilidad parlamentaria de José Luis Rodríguez Zapatero le paga su precio al tripartito que, contra la lógica de la Historia, mantiene el Govern. Es el nacionalismo que lo mismo sirve para costear un Fórum absurdo que para enmarcar el grotesco espectáculo de Josep Lluis Carod- Rovira: una especie de tarima para presentar, como si fueran norM. MARTÍN males, a quienes, polítiFERRAND camente hablando, sólo son bajitos. Ahí está, por otra parte, la esencia de los nacionalismos: la perpetuación de los más viejos caciquismos. No conviene, por otra parte, dejarse deslumbrar con ese nacionalismo, cuasi antropológico, que presenta Cataluña porque sólo es la cáscara de algo más hondo y de mayor contenido económico que político. Ahí tenemos, como mejor ejemplo de actualidad, el fenómeno de la catalanización de la energía. Con el punto de apoyo de Gas Natural y la capacidad maniobrera de La Caixa, cada día más en funciones de banco nacional de Cataluña se han ido trazando formas de regulación que constituyen un marco adecuado para la culminación de un proceso. Ayer mismo, el ministro de Industria y brazo ejecutor en Madrid de los intereses del Govern, José Montilla, informó a la Comisión de Industria del Congreso del nombramiento de María Teresa Costa como nueva presidenta de la Comisión Nacional de la Energía, la CNE. Más de lo mismo: Costa es, todavía hoy y hasta su próximo relevo, secretaria de Industria y Energía en la Generalitat. Ese es el catalanismo activo, el que se esconde tras las piruetas de sus actores más descarados, el que sirvió en un momento- -bendito sea- -para el desarrollo de las cuatro provincias catalanas y trata ahora de compensar la decadencia inducida en la región por una sobredosis de contemplación del propio ombligo. Lo grave es que para ello, para poder pagar el precio impuesto desde Cataluña para el sostén de Zapatero en el Gobierno, no se pare en barras y, machaconamente, se proceda a la deslegitimación de las instituciones, desde la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones al Consejo de Seguridad Nuclear, que todo es bueno para el conventillo de pactos y enjuagues en el que actúa como prior Pasqual Maragall. Para mayor escarnio, esas instituciones infladas y repletas de personal que ahora se deslegitiman y secuestran, que sólo le aportan obscuridad a nuestra convivencia, son absolutamente innecesarias. Sin manías de grandeza, cada una de ellas cabría holgadamente en una dirección general de su Ministerio correspondiente. H AVISO PARA NAVEGANTES LIBERALES Para el autor, el rechazo a la Constitución europea por parte de Francia y Holanda es una llamada a la responsabilidad que exige habilidad y valentía antes de que sea demasiado tarde. Hay que tener el coraje cívico de preguntarnos qué estamos haciendo mal UROPA está en crisis. Sería bueno que nos dejáramos de palabras manidas y analizáramos la situación creada por los referendos de Francia y Holanda con altas dosis de objetividad. Que dos de los pueblos más liberales y tolerantes de Europa rechacen una Constitución que articula para el continente un modelo de unidad basado en los valores de la Modernidad ilustrada, la sociedad abierta y el libre mercado competitivo, es una inquietante noticia: una llamada a la responsabilidad y un aviso para navegantes liberales en tiempos de zozobra e inquietud histórica. Dice Richard Rorty que cuidar la libertad es la mejor manera de lograr que la verdad se cuide por sí misma. Y algo así debemos hacer quienes seguimos creyendo en la viabilidad del proyecto europeísta después de vivir las sacudidas sísmicas acaecidas desde el domingo sobre los cimientos de la Constitución europea. De hecho, si escondiéramos la cabeza debajo del ala estaríamos corriendo el riesgo de incurrir en los mismos errores que han propiciado el fracaso, por ejemplo, de la clase política francesa en el referéndum del pasado domingo. Así que, una de dos, o aprovechamos la potencialidad crítica que emerge especialmente del no francés y reaccionamos con habilidad y valentía antes de que sea demasiado tarde, o cometeremos el error de hacer lo que desgraciadamente espera la gente de los políticos: que nos escuchemos a nosotros mismos y que escurramos el bulto con alguna logomaquia al uso. Losucedido enFrancia es especialmente grave. La centra- E lidad geoestratégica de este país dentro del continente y su poderosa influencia cultural desvelan los síntomas de una enfermedad más o menos extendida en el substrato inconsciente de una Europa que no se encuentra a sí misma en medio de su asfixiante bienestar. Una Europa en crisis que vive perpleja ante un futuro plagado de incertidumbres acerca de su identidad en el seno de una sociedad postindustrial en la que el nihilismo enseña sus orejas, la inmigración libera pasiones contradictorias, la falta de una conciencia de deberes cívicos enajena la vitalidad de una estructura viable de derechos y la ausencia de metarrelatos ilusionantes propicia el desencanto y el crecimiento de la angustia cotidiana de millones de ciudadanos. La enfermedad francesa y holandesa es la avanzadilla de una epidemia frente a la que habrá que tener el coraje cívico de preguntarnos qué estamos haciendo mal. Es más, habría que dar otra vuelta de tuerca a la sinceridad y ser capaces de comprender que el proceso de construcción europea está pagando los platos rotos de un pobre liderazgo político que no genera adhesión popular debido a su falta de ejemplaridad elitista y, sobre todo, al permanente empleo cotidiano de un lenguaje político autorreferencial que aburre, genera hastío y desconfianza entre los ciudadanos. ¿Cómo es posible que sociedades como la francesa y la holandesa hayan planteado un pulso tan visceral a la nueva Europa nacida de la ampliación de hace un año? ¿Qué ha movido a dos de los países fundadores del proyecto europeo