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4 Opinión JUEVES 2 6 2005 ABC DEFENDER AL ATAQUE A batalla de las reformas estatutarias será larga y compleja, por lo que el PP ha diseñado una hoja de ruta que revela copiosas dosis de tacticismo político y de flexibilidad, con la defensa de la Constitución como objetivo irrenunciable. Se trata, en esencia, de pisar el acelerador sin salirse del marco constitucional. O dicho de otro modo, trazar las curvas de un circuito arriesgado frenando y dando gas al mismo tiempo (véase Baleares o Valencia) Controlar, desde posiciones punteras, los movimientos de un pelotón con elementos peligrosos, dispuestos a echarte de la pista y a romper la carrera a las primeras de cambio. El lema del PP resulta claro: no hay mejor defensa que un buen ataque. Lo que nadie discute es que habrá un nuevo impulso descentralizador: menos Estado y más Autonomía. L PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil Y AHORA HOLANDA L Mariano Rajoy DANIEL G. LÓPEZ CASAS DE EMPEÑO AS familias españolas necesitan hoy 24 años para pagar su casa, el doble que a finales de los noventa. Según un informe del Banco de España, mientras mejoran sustancialmente las condiciones de acceso al mercado del crédito hipotecario- -como consecuencia del incremento de las rentas y los bajos tipos de interés- -aumenta considerablemente el plazo de amortización, puesto que se tiende a dilatar- -no queda más remedio- -el tiempo de devolución para que las cuotas mensuales resulten más llevaderas. Es la pescadilla que se muerde la cola, la paradoja del ladrillo: cuanto más ricos, más debemos. Luces y sombras de un mercado inmobiliario donde las cosas son como son y casi nunca como nos cuenta la ministra de Vivienda. Bajo techo, sí; cubiertos pero tiritando. L OS pronósticos van cumpliéndose. El no al Tratado constitucional europeo avanza. Esta vez ha sido Holanda la que ha rechazado en las urnas, en porcentaje aún mayor que en Francia, su aprobación. De este modo, en 72 horas el panorama se ha vuelto radicalmente sombrío, tanto que un aroma de pesimismo envuelve la atmósfera del continente. Los nubarrones del no han descargado un intenso chaparrón de euroescepticismo. La causa ha sido el fracaso cosechado por una Constitución que se ha mostrado mucho más frágil y permeable a las críticas ciudadanas de lo que sus artífices pensaron cuando bosquejaron su diseño. De hecho, la duda estriba ahora en saber si, de haberse convocado en más países un referéndum, la nómina de los desafectos a la Constitución de la Europa de los Veinticinco no sería más abultada. Pero que nadie se llame a engaño, porque podría parecer a la vista de algunas declaraciones que esta situación ha surgido de la nada, inesperadamente. Quienes trasladan esta sensación olvidan de forma expresa que los sondeos estaban ahí, anticipando una tendencia negativa que los votos han confirmado finalmente en las urnas de Francia y Holanda. Bueno sería que alguien tuviera el valor de reconocer algún tipo de responsabilidad sobre este desenlace dentro de las propias instituciones de la UE, ya que es evidente que ha faltado previsión, y, con ella, alternativas acordes con los resultados que han producido los referendos. Especialmente cuando es notorio que ha sobrado una actitud de confiada pasividad entre las autoridades de la Unión. Lo que se suponía que iba a ser una ratificación sin demasiados problemas se ha transformado en una especie de calvario que va desinflando la viabilidad coyuntural para materializar la nueva Europa nacida de la ampliación de 2004. En este sentido, el anuncio de la República Checa de solicitar en la próxima cumbre de la UE una moratoria en la ratificación del Tratado constitucional, para una fecha posterior a 2006, es una seria advertencia que revela un creciente mar de fondo acerca de las dudas sobre su vigencia futura por parte de algunos países que aún no lo han incorporado a su ordenamiento jurídico. En este contexto de incertidumbre hay que añadir otro dato preocupante. Que Holanda haya dicho no es bastan- te significativo, tanto o más que el no de Francia. Estamos no sólo ante otro de los países fundadores de la primigenia Europa de los Seis, sino ante una sociedad paradigmáticamente europeísta: una sociedad abierta, que practica la tolerancia y el pluralismo cultural desde el XVII; que ha sido tierra de asilo para disidentes de todo el mundo, sin olvidar, claro, que se trata de un país que ha mostrado siempre un firme compromiso con la economía social de mercado: no en balde fue Holanda uno de los primeros lugares donde inició con éxito su andadura histórica. Por eso, que los holandeses hayan dicho no con tanta rotundidad a una Constitución que es heredera directa de esa realidad que acaba de describirse tendría que preocupar más seriamente de lo que algunos suponen. Primero, porque, aunque el resultado del referéndum no es vinculante, con todo contradice la voluntad que el Parlamento holandés ha defendido con el voto favorable del 80 por ciento de la Cámara, colocando así en mal lugar a los defensores del sí tanto a los cristiano- demócratas (CDA) del primer ministro Balkenende como a sus oponentes del principal partido de la oposición, el Partido Socialdemócrata del Trabajo (PvdA) Y segundo, porque una de las razones que los partidarios del no han esgrimido, especialmente entre las filas del populista Partido Pim Fortuyn, es un recelo explícito al hecho mismo de la incorporación de los países del Este europeo, sumado al rechazo frontal a la hipótesis de que Turquía pueda llegar a ser miembro de la UE. Precisamente estas dos circunstancias sacan a la luz una grave fractura política en el soporte institucional del proyecto europeo: la irrupción de un rechazo populista hacia los mimbres intelectuales de una Europa abierta, diversa, plural, representativa y tolerante. Que esto sucediera el domingo en Francia fue grave, pero que haya vuelto a pasar en Holanda agranda esa gravedad. Con todo, es hora de decisiones, no de excusas. Algo que tendría que tener muy presente Rodríguez Zapatero, ya que persiste en no darse por enterado de estos resultados, olvidando así tanto su explícita participación en la campaña del sí en Francia como su responsabilidad por haberse empeñado en colocar a España como primer país que ha ratificado por referéndum un Tratado que empieza a estar herido de muerte. UNA FLEXIBILIDAD INCONVENIENTE L vicepresidente Pedro Solbes ha alcanzado un acuerdo con sus socios parlamentarios para limitar la Ley de Estabilidad Presupuestaria, el paradigma de la política económica del PP. Era una reforma esperada después de que el Gobierno cambiase su postura en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y podría haber sido peor. En el haber del Ejecutivo se anota que se ha asegurado la aprobación de los Presupuestos 2006 a un coste relativamente pequeño, pues sólo se permite a las Comunidades Autónomas tener un déficit conjunto de hasta el 0,75 por ciento del PIB si el crecimiento español cae por debajo del 2, y el 0,5 de déficit por inversión pública se reparte también con los ayuntamientos. En el debe, que se vuelve a un activismo fiscal que parecía superado y que se abandona definitivamente el compromiso de estabilidad presupuestaria. Porque el acuerdo consagra la irresponsabilidad fiscal de las Autonomías como una baza de negociación política. Justo lo que se trataba de evitar con la Ley de Estabilidad. Solbes ya no podrá resistirse a que el déficit tolerado aumente en los próximos ejercicios con la necesidad de votos parlamentarios del Ejecutivo de turno. RETÓRICA A retórica suele ser el recurso más fácil cuando se quiere evitar llamar a las cosas por su nombre. Según la consejera de Interior de la Generalitat catalana, Montserrat Tura, los apuñalamientos de Berga y Hospitalet son consecuencia de un modelo social que se está implantando. Tura cree que no es tradición de este país (por Cataluña) que los adolescentes vayan con navajas y objetos punzantes por lo que instó a los padres de los inmigrantes a revisar las mochilas y los bolsillos de sus hijos. Mensaje grandilocuente, con tintes de multiculturalismo trasnochado, para orillar el problema de la falta de seguridad. Sobran circunloquios. L E La política tiene sus esclavitudes. Pero la estabilidad fiscal no debe ser una de ellas. Sobre todo en una economía como la española, a la que todos los observadores internacionales, incluidas recientemente la Comisión Europea y la OCDE, y todos los analistas, también los partidarios del actual Gobierno, le recomiendan aumentar el ahorro público para disminuir el diferencial de inflación y la pérdida de competitividad que está arruinando el sector exterior. Dicho con rotundidad, la economía española necesita un superávit fiscal y todo paso en la dirección contraria se pagará con creces. Incluso desde posiciones keynesianas, tan cercanas al actual equipo económico, no es más gasto público lo que demanda la coyuntura, sino un aumento del ahorro para prolongar la era de prosperidad y crecimiento. En la Unión Europea existe acuerdo unánime en que las actuales dificultades de la política fiscal tienen su origen en que se desperdiciaron los años buenos y no se hicieron los ajustes necesarios para domeñar el déficit. España acaba de cometer el mismo error, aunque, como en esos países, pasarán unos años antes de que se note.