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ABC MIÉRCOLES 1 6 2005 65 FIRMAS EN ABC JUANA VÁZQUEZ ESCRITORA DON QUIJOTE O LOS ORÍGENES DE LA MUJER MODERNA Las mujeres quijotescas sean españolas o de otra procedencia como Zoraida, son mujeres valientes que toman libremente sus propias decisiones y tienen libertad, incluso para errar o equivocarse... D ON Miguel de Cervantes fue un hombre avanzado que se adelantó a su tiempo, y que su pasión por la libertad lo llevó a erigirse en el primer ilustrado español, configurando la mayoría de los personajes femeninos de Don Quijote, según sus principios de independencia, determinación y libro albedrío. Consecuencia de esta apertura mental es que la mayoría de las mujeres de este libro de libros saben leer y escribir. Solamente son analfabetas, Teresa Panza, Sanchica, Aldonza Lorenzo y Maritornes. Si embargo, las mujeres de aquellos siglos, finales del XVI, principio del XVII, eran, en su mayoría, analfabetas: nada menos que el 90 por ciento. Además de analfabetas y melindrosas, se pasaban la vida encerradas en casa, y si salían lo hacía tuteladas por familiares, aunque los motivos principales de sus salidas fueran ir a la iglesia para asistir a misa o visitar a parientes o amigos. Y esto sucedía incluso en el siglo de las luces A las mujeres del Quijote, sin embargo, no les impide su condición femenina salir por el mundo para hacer uso de sus derechos amorosos o de honra, y exigir que cumplan sus deberes aquellos que prometieron y no mantuvieron su palabra. Eso hace Dorotea cuando se entera de que don Fernando va a casarse con Luscinda, sin importarle los ries- gos que tuvo que padecer en su búsqueda, caminando por montes y breñas. Para entender los rasgos de algunos personajes femeninos afines al ideario ilustrado mencionamos de forma sintetizada una de las características fundamentales que trajo consigo la Ilustración: Al orden autoritario de la Edad Media se contrapone la soberanía de la Razón abandonada a su propio juicio (B. Von Wiesse: La Cultura de la Ilustración, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1954) Este cambio en la concepción del mundo medieval propició una renovación y apertura en los usos y actitudes sociales, que removió estructuras caducas y originó una visión moderna de la sociedad, donde la mujer cambia su papel de objeto pasivo a sujeto activo. La mayoría de las féminas de don Quijote pertenecen, en muchos aspectos, a estos principios reformistas del XVIII. Entre estas mujeres cultivadas y seguras de sí mismas, se encuentran: Marcela, que destaca por su amor a la libertad y a la independencia, y que es capaz de rebatir con las mejores armas de la oratoria y del eruditismo más refinado cualquier argumento contra la obligación de corresponder al enamorado, cuando ella no ha influido en ningún momento en alimentar esa pasión. Y defiende esta idea sin la menor duda o vacilación ante los ad- versarios, que pretenden culpabilizarla del suicidio del pastor Grisóstomo al ver rechazado su amor por ella, y ante el razonamiento de libre soy y no gusto de sujetarme a nadie Dorotea es la luz de la inteligencia y la razón. Esta mujer no pierde el juicio en ningún momento de su trágica historia, y es de una lucidez asombrosa, aun en situaciones de por sí complicadas, como cuando entra de madrugada don Fernando en su habitación y la hace suya En esos momentos, ella no grita ni se pone histérica, sino que deja hacer y razona acerca de los pros y los contras de dicha situación. Además, reconoce que le ha gustado este amor clandestino. Y sin ninguna duda ni miedo a que pueda ser motivo de escándalo, invita a don Fernando a que la siga visitando cuando quiera, hasta que se haga público su amor. Cuando don Fernando la deja por Luscinda, lo hará volver a ella mediante lo razonable de sus argumentos y la brillantez de sus palabras. Luscinda es otra mujer cultivada y una gran lectora de libros de caballerías. A pesar de su actitud resignada a las convenciones de su tiempo, en asuntos familiares, en los amorosos es AGUSTÍN CEREZALES ESCRITOR LA INFORMALIDAD veces me da por pensar que están agotadas- -en el arte, en la vida, en el trato- -las arcas de la transgresión, aquella sutil palanca mediante la cual se abrían fisuras en el orden establecido y se lograba ventilar la mazmorra, cada vez que el aire llegaba a un punto crítico de enrarecimiento. Diría, incluso, que ahora mismo el orden establecido se asienta precisamente en la informalidad en la generalización de una difusa, presunta actitud transgresora, tan inane como universal. A La informalidad, ayer signo de distinción, hoy bien mostrenco, nos ha procurado flexibilidad, capacidad de adaptación, pero también ha minado el suelo de las convicciones y de las convenciones, que se parece cada día más a un banco de arenas movedizas, donde tanto vale todo que nada vale nada. A primera vista, pudiera parecer que el equilibrio pide lo contrario, una reacción severa, capaz de fijar códigos de expresión y de conducta. Pero la informalidad, una vez puesta la moqueta, no deja espacio a muchas bromas. El tejido semiótico, por ponernos un poco pedantes, no se remienda a cachos. Cualquier parche de formalidad, cualquier inyección de cemento, lejos de fortalecer la trama, provoca nuevos desgarros e hilachas. De hecho, lo formal al asumir así una misión transgresora, incurre en insalvable contradicción interna y queda neutralizado en la burbuja de la ironía, abocado a una ridícula ineficacia o incluso, como puede verse en casos extremos, a un patético nihilismo. No se me ocurre solución. Quién sabe si no hay más remedio que aguantar, seguir la corriente y, como mucho, ir dando discretamente, aquí y allá, alguna puntada de gravedad, echando algún humilde zurcido de seriedad serena, sin más pretensiones, mientras llegan otros tiempos, otros vientos más estimulantes... ella la que lleva la iniciativa. Uno de los primeros billetes que escribe a Cardenio, su enamorado, muestra a una mujer que no se resigna a silenciar su amor y, en asunto tan delicado como la boda, es la primera en proponerla, pidiéndole a Cardenio que dé ese paso si la estima como ella cree. Su inteligencia la salvará de que se cumpla la voluntad de su padre: ser la esposa de don Fernando. Terminará casándose con quien ella eligió: Cardenio. Vence, pues, los obstáculos que le impiden la libertad de escoger marido, a base de audacia y determinación. Zoraida, argelina cristianizada, hará lo mismo que Luscinda, tomar la iniciativa en esto de los billetes amorosos con vistas a una boda. Pero Zoraida, aunque en lo que escribe al cautivo cristiano para que la libere de su familia y la traiga a España, interviene el afán de hacerlo su marido y la proposición de ver a la Virgen María, lo que en realidad busca es la libertad que en su país no tenía. Por este motivo, al final del billete, añade que si el cristiano, una vez en España, no quiere casarse con ella, le da lo mismo, pues la Virgen María ya le dará otro marido. En este aspecto, es una mujer desenvuelta y segura de sí misma, además de poseer un arrojo y valentía que ya lo hubiera querido para sí Luscinda. Altisidora es la más arriesgada y atrevida, de las mujeres quijotescas Se trata de una de las doncellas de la duquesa. Docta en el arte de tocar, cantar y hacer romances, colabora en los engaños que teje la noble señora para el caballero andante y su escudero. Su temperamento desenvuelto y decidido se muestra a través de simular que se ha enamorado de don Quijote, y lo hace con tal inventiva y verosimilitud que engendrará confusiones y dudas en el caballero. Su modernidad y seguridad en sí misma son evidentes. Por último, la Duquesa es una dama aficionada a los libros de caballerías, con un gran ingenio para crear un mundo falso en el que apareciera a la vista de todos los habitantes del castillo, la actitud ridícula y absurda de caballero y escudero. Amante del buen gusto y de la vida ociosa y divertida, su objetivo era pasar unos días de risas y chanzas, al igual que mucha nobleza del XVIII, que lo llevaban a cabo con los eruditos a la violeta En definitiva, una dama ingeniosa y desinhibida para recrear en su palacio el ambiente literario caballeresco, y gozar de la vida al igual que la nobleza ilustrada, en muchas tertulias poco ilustradas. Las mujeres quijotescas sean españolas o de otra procedencia como Zoraida, son mujeres valientes que toman libremente sus propias decisiones y tienen libertad, incluso para errar o equivocarse. No aceptando, en muchas ocasiones, presiones u otras limitaciones de talante machista. Esta forma de actuar ante la vida es una de las principales características de la mujer ilustrada. Hay que añadir, que don Quijote las apoya en sus decisiones, dispuesto siempre a defenderlas de los varones que quisieren obrar contra la voluntad de las mismas.