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64 Espectáculos MIÉRCOLES 1 6 2005 ABC TEATRO MUSICAL La tentación de San Antonio Inspirada en el texto de: Gustave Flaubert. Dirección, diseño escenografía y concepto iluminación: Robert Wilson. Música y libreto: Bernice Johnson Reagon. Vestuario: Geoffrey Holder. Arreglos musicales y dirección musical en gira: Toshi Reagon. Principales intérpretes: Carl Hancock Rux y Helga Davis. Lugar: Teatro Español, Madrid. CLÁSICA Liceo de Cámara Obras de Haydn, Tippett y Beethoven. Int. The Lindsays. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 25- 05- 05 ADIÓS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE FLAUBERT CON ACENTO NEGRO JULIO BRAVO S S obre el papel, no parece que Gustave Flaubert (el autor de Madame Bovary o La educación sentimental tenga muchos nexos con la música gospel. Robert Wilson, uno de esos genios inclasificables del teatro contemporáneo, no debía pensar lo mismo cuando proyectó poner en pie el espectáculo que acaba de presentar el teatro Español: La tentación de San Antonio segundo trabajo del director norteamericano que puede verse en este escenario desde que lo dirige Mario Gas. Escrita en 1874, está basada en la historia de San Antonio Abad, un ermitaño y creador de los conventos y monasterios y que, según la tradición, superó con su fe un sinfín de tentaciones. Artistas como El Bosco o Joachim Patinir se fijaron en su historia, novelada por Flaubert. A partir de estas tentaciones, Robert Wilson y la autora Bernice Johnson Reagon han creado un espectáculo firmemente anclado en la tradición musical afroamericana y con una pretendida apariencia de misa gospel El debate entre ciencia y creencia- -tan vigente hoy en día- -es la columna vertebral de este musical: La religión por sí sola no puede explicarlo todo se canta en varias ocasiones, convirtiendo la frase en un leit motiv. No hay, sin embargo, ni maniqueísmo ni dogmas en la propuesta de Wilson y Reagon, que en ningún momento se plantean ofrecer solución al dilema. Su propuesta es, más bien, estética. Robert Wilson, que es uno de los directores internacionales que mejor partido sabe sacar a los escenarios, que domina el arte de la iluminación con una maestría rayana en milagro y que tiene un gusto exquisito para la distribución de los espacios y las formas, ha creado un espectáculo de una belleza extraordinaria. A través de distintos cuadros, con la música como principal soporte dramático, va narrando el camino trazado por San Antonio y su alumno Hilarión (una suerte de conciencia) Las canciones, interpretadas con maestría por un magnífico conjunto al estilo de los coros de espirituales de Harlem, recorren la mejor tradición negra, desde el blues hasta el gospel, y son el contagioso latido de un bellísimo espectáculo. Don Carlo se repone en el Real en una producción de Hugo de Ana JAVIER DEL REAL ÓPERA Don Carlo Música: G. Verdi. Libreto: J. Méry y G. du Locle. Directores: J. López Cobos (musical) H. de Ana (de escena) y J. Casas Bayer (del coro) Reparto: D. Zajick, A. M. Sánchez, R. Scandiuzzi, V. La Scola, R. Frontali A. M. Sánchez, A. Abdrazakov. Lugar: Teatro Real. Madrid. 29- 05- 05 SOBERBIO DON CARLO ANTONIO IGLESIAS D on Carlo es una de las óperas- grandes de Verdi y la que indudablemente ha originado mayores comentarios extramusicales, debido al asunto tratado por los libretistas Joseph Méry y Camille du Locle, basado en la tragedia homónima de Friedrich Schiller que deforma asuntos de índole político- religiosa, supuestamente ocurridos en la España del siglo XVI. Una primera versión se estrena en la Ópera de París en 1867, contando cinco actos. Para que el público alcanzara el transporte nocturno, el músico hizo una revisión que suprimía el primero, por lo que se redujo a cuatro actos, que es la que aquí se comenta. Para no pocos comentaristas, se trata de una de las obras líricas más atractivas lo que es muy cierto si estimamos su sublime dilatación en un cúmulo de bellísimas melodías, unidad conceptual (las cuatro entradas tan cortas de la orquesta en cada acto pueden muy bien añadir motivos envolventes) y su tono general de dramatismo muy bien mantenido. Del elenco habido en esta ocasión, se puede llegar al juicio de una soberbia mise en escene por los personajes (maravillosamente musicados por Verdi) principales, y no se puede restar nada en el elogio del movimiento y situación escénicas, bloques preciosamente movidos dentro de un sentido actual, aunque respetuso con su sesgo tradicional. Es así de entera justicia recordar el bello color y la justeza en los agudos de la Princesa de Éboli, encarnada por la mezzo norteamericana Dolora Zajick; la seguridad en su complejo cometido, bello tanto en su carrera ascensional de nuestra soprano Ana María Sánchez, en una magnífica Elisabetta de Valois; seguidas por el estupendo tenor italiano, Vicenzo la Scola, grato timbre y muy completa técnica, por su Don Carlo; el barítono romano, Frontali, en su Rodrigo, marqués de Posa, valiente y completísimo; El Gran Inquisidor, solemne y dentro de su tesitura, del ruso Askar Abdrazakov; y el Filippo II bien encarnado por el bajo italiano, Roberto Scandiuzzi; los seis con soberbia desenvoltura escénica, aunque al último no parezca importarle demasiado la precisa entonación. Pues bien, por encima de los anteriores elogios, para la obra y sus más destacados intérpretes, todavía subo el listón para ensalzar la labor meticulosa, con notoria comunicación, tanto en el foso como en el palco escénico, seguridad y holgura en el mando de la batuta, acertadísima, de Jesús López Cobos. A su lado, cito la dirección escénica, tan completa como rica en recursos y originalidad, extensible al fastuoso vestuario, de Hugo de Ana. Los profesores de la Sinfónica madrileña y las voces de su coro hermano hicieron cuanto reclamaba la batuta, y estas últimas emocionaron por su traducción de los momentos, geniales en verdad, que al coro le concedió Giuseppe Verdi. Total: un soberbio Don Carlo e nota que el Liceo de Cámara es un ciclo veterano que ha sabido aprovechar el tiempo vivido. En sus trece años de existencia ha establecido sólidos vínculos con su público y algunos notables intérpretes. Por supuesto que las relaciones acaban por ser siempre personales y ése es el mérito de su director, Antonio Moral. Quienes asistieron al concierto del pasado miércoles lo confirmaron cuando el propio Moral, a punto de abandonar su responsabilidad en el ciclo tras el reciente nombramiento como director artístico del Teatro Real, se dirigió al público para despedir a un cuarteto amigo que ha decidido decir adiós. The Lindsays tiene previsto disolverse a finales del inmediato mes de julio tras poco más de cuarenta años de relación artística, tres centenares de obras interpretadas y una generosa discografía. Antes de hacerlo se han presentado con diversos proyectos alrededor de sus compositores favoritos. Como Haydn, Tippett y Beethoven, los tres que configuraron el programa de esta actuación madrileña. Desde luego, en ella dominó el espíritu del todo que, según Adorno, es el que siempre iluminó al compositor alemán. Se nota claramente si se escucha alguno de los cuartetos finales. El opus 135, que da fin a la serie, cerró el programa de The Lindsays y si, por un lado, sirvió para dejar el mejor recuerdo de la sesión, especialmente ante el largo y expresivo movimiento lento en donde los intérpretes alcanzaron una densidad muy particular, por otro sirvió para establecer una curiosa metáfora musical. El opus 135 es un volver a casa para el que Beethoven dejó algunas enigmáticas anotaciones: decisiones difíciles descanso y paz Es necesario! The Lindsays terminó su concierto y pese a los muchos aplausos no sonó ni una sola nota más. Todo estaba explicado. Por otra parte, queda poco para que acabe esta temporada y el Liceo de Cámara ya anuncia la programación de la siguiente. Con notables intérpretes, muchos habituales, Mozart como gran protagonista en el año de su aniversario y con la renuncia temporal a proseguir incorporando la actualidad musical a la que tan estupendamente se había tratado en esta última temporada. Siempre igual y siempre distinto. Por eso, se echará de menos a The Lindsays, protagonistas de una parte significativa en la historia del ciclo.