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24 MIÉRCOLES 1 6 2005 ABC Internacional De Villepin, mano derecha de Chirac, releva a Raffarin en Francia como primer ministro El presidente de la República recurre a Sarkozy en el nuevo Gobierno para salvar la crisis b Francia afronta una de las peo- res mareas políticas de las últimas décadas de la mano de un presidente a quien la opinión pública ha retirado su confianza JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Caído en lo más hondo de la impopularidad y la falta de credibilidad personal, Jacques Chirac se vio forzado a pedir la vuelta al Gobierno de Nicolas Sarkozy, reconoció que el no de Francia al proyecto de Tratado Constitucional europeo abre un periodo de graves dificultades nacionales y europeas e hizo la misma promesa cuyo incumplimiento le ha costado muy caro: Luchar contra el paro, respetando modelo social francés El pasado noviembre, Chirac exigió la dimisión de Sarkozy como ministro de Economía, imponiéndole la regla no escrita de la incompatibilidad entre ser ministro y presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) Seis meses más tarde, Chirac se ve obligado a pedir a Sarkozy que acepte volver a ser ministro del Interior, quizá, en unas condiciones políticas muy confusas para ambos. Reputación perdida Se trata de una humillación personal del presidente de la República, caído de hinojos en una posición de gravísima consternación ciudadana, que el matutino conservador Le Figaro califica de campo de ruinas Tras la intervención del domingo, lívido, asumiendo el cataclismo del rechazo francés al proyecto constitucional europeo, Chirac intervino ayer por la noche ante todas las cadenas de radio y televisión nacionales, para inten- Dominique de Villepin, reflejado en el cristal del coche desde el que se despide el ex primer ministro Raffarin Chirac, Sarkozy y Villepin, una cohabitación a tres en la carrera presidencial J. P. Q. PARÍS. Nicolas Sarkozy ha aceptado formar parte del nuevo Gobierno de combate de Jacques Chirac, cuyo primer ministro, Dominique de Villepin, es un enemigo íntimo y batallador. Tras el gran rechazo al proyecto de Tratado Constitucional europeo, Chirac ha deseado incorporar a Sarkozy a su nuevo Gobierno con el doble objetivo de tener a su lado al más popular de los políticos nacionales y, al mismo tiempo, controlar de cerca a un rival que aspira a sustituirlo en la presidencia de la República. Chirac habría ofrecido a Sarkozy el cargo ya ocupado durante dos años de ministro del Interior. Durante ochenta minutos, el jefe del Estado y el presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) la marca política de ambos dirigentes, han podido constatar sus diferencias. Sin embargo, la crisis nacional es tan grave que la opinión pública no aceptaría fácilmente que ambos personajes no intentaran alcanzar un acuerdo. Mientras Sarkozy coqueteaba con la idea de un posible rechazo Chirac anunció personalmente que su renuente rival había aceptado formar parte del nuevo Gobierno, aunque dejó en suspenso el ministerio que ocuparía. El mes de noviembre pasado, Sarkozy se vio obligado a dimitir como ministro de Economía porque Chirac impuso una regla no escrita de transparencia gubernamental: ninguno de sus ministros podría combinar su cargo con el de presidente del partido presidencial. Seis meses más tarde, Sarkozy es presidente de la UMP y se consolida como personalidad popular creíble y favorito a la jefatura del Estado para dentro de dos años. Muy falto de pesos pesados con los que afrontar una crisis nacional sin precedentes, Chirac se ha visto forzado a recurrir a Nicolas Sarkozy. Villepin y Sarkozy se odian cordialmente. Ahora forman parte de un mismo Gobierno dominado por una tensa cohabitación a tres con muchos flecos para los protagonistas. Con habilidad bizantina, Chirac ha instalado en primera línea a dos aspirantes a su sucesión. Sus enfrentamientos pudieran ser suicidas, convirtiendo al presidente en árbitro de una previsible pelea de gallos de pelea.