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6 Opinión MIÉRCOLES 1 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MIQUEL PORTA PERALES ENSAYISTA Y CRÍTICO LITERARIO FRANCIA NO ES EUROPEA ODOS los países europeos padecen, con mayor o menor virulencia, una gran crisis de liderazgo político. Es, seguramente, el cumplimiento devoto de la ley del péndulo o, expresado con mayor casticismo, la comprobación práctica de que los pasados días del mucho fueron vísperas de los presentes del nada. Jacques Chirac, por ejemplo, es, a pesar de la grandeza incuestionable de Francia, lo menos que se despacha en jefe de Estado, y no conviene olvidar, para mejor comprender lo que pasa, que el hoy presidente de la República francesa salió elegido por los pelos, en una segunda vuelta y viéndose las caras con Jean- Marie Le Pen: un remiendo anM. MARTÍN tes que un diseño. FERRAND Aun viendo lo que se ve, no conviene atribuir el no francés al Tratado para la Constitución europea, a los alifafes de su política interna. Podrán ser, en todo caso, parte del problema o, incluso, su más eficaz catalizador; pero, no nos engañemos, el sentido europeo de los franceses sigue siendo el que, con mucha gracia, se resume en las historias de Astérix. Francia está en el centro de Europa y, desde la decadencia del Imperio español, ha aplicado buena parte del talento nacional, que no es ni corto ni liviano, al esfuerzo de afrancesar el Viejo Continente, pero ni un ápice al de europeizarse a sí misma. En Francia pesan mucho los enarcas, los politécnicos y demás fauna exclusivista de los privilegios del Estado como para que la Sociedad, en un caldo en el que más del 50 por ciento del PIB es público, tenga vitalidad para la competencia, fortaleza para el sacrificio y generosidad para la renuncia. De ahí que el pomposo y muy cantado eje París- Berlín no sea más que una entelequia seductora para José Luis Rodríguez Zapatero y, generalizando, para náufragos en el océano del antinorteamericanismo en que ha quedado, raquítico, el espíritu de la izquierda. Francia, que no es lo que fue, le tiene miedo al mundo y a sus nuevas realidades y de ahí un no a Europa que puede quedarse en nada si no provoca un efecto de contagio entre los Estados que tienen pendiente la ratificación del Tratado y que puede llegar a ser muy grave si, como fue en el pasado, París mantiene condiciones para el magisterio europeo. Visto el caso desde España, supone un serio revés a la política emprendida por Zapatero. El eje en el que confiaba como pauta para la acción internacional se ha convertido en un alambre y le tiene de funambulista. No le será fácil mantener el equilibrio mientras le muevan el cable sus teóricos apoyos de gobierno. Mejor haría en seguir el prudente consejo de Mariano Rajoy y alejarse de los perdedores. Para nosotros, según demuestra la Historia, es más benéfica una mala relación con Londres que una buena con París, por mucho que el progresismo- -esa postura tan incómoda- -obligue a la pirueta y al volatín. T AL RÉGIMEN LE CRECE LA DISIDENCIA El autor analiza las bases sobre las que se sostiene el régimen nacionalista puesto en marcha por Pujol y continuado por Maragall, así como los primeros movimientos reactivos a esta imposición que surgen tanto en la política como en la cultura C UANDO dentro de unas décadas los historiadores hagan balance de la Cataluña a caballo entre los siglos XX y XXI, a buen seguro que hablarán de la existencia de un régimen. ¿Régimen? En cualquier diccionario político encontraremos una definición parecida a la siguiente: Dirección o gobierno peculiar, modo o manera de conducir un país. Puede ir desde términos muy genéricos- -régimen monárquico, o monarquía; régimen republicano, o república- -hasta otros muy personales y definidos: el régimen de Salazar el régimen de los coroneles Un régimen está definido por el conjunto de constituciones, instituciones, fueros o prácticas comunes que determinan el modo político y social de vida de un país Esta definición- -sacada del Diccionario político de Eduardo Haro Tecglen, una persona que cuando habla de régimen sabe muy bien de qué habla- -viene como anillo al dedo para caracterizar la política catalana desde la Transición a nuestros días. Sin circunloquio alguno: en Cataluña se ha instalado desde hace casi tres décadas un régimen, esto es- -por sacar a colación la definición antes citada- una peculiar manera de conducir un país un conjunto de prácticas comunes que determinan el modo político y social de vida de un país un conjunto de constituciones, instituciones, fueros ¿Hablamos de los sucesivos gobiernos de Jordi Pujol? ¿Hablamos del actual gobierno presidido por Pasqual Maragall? Respondo: hablamos- -con las diferencias del caso, uno de los dos sabe comportarse en público y tiene conciencia del límite- -de uno y otro. De Jordi Pujol, porque fue él quien instituyó e institucionalizó el régimen. De Pasqual Maragall, porque es quien lo reproduce y desarrolla. Al respecto, Maragall es el auténtico heredero de Pujol. ¿Cuáles son los fundamentos teóricos- -las constituciones, instituciones, fueros que decíamos- -de ese régimen que, de Pujol a Maragall, se va desplazando, como un rizoma, subterráneamente a lo largo de casi tres décadas? Las siguientes: el nacionalismo identitario y la exigencia de soberanía. Para el régimen, Cataluña es una realidad nacional esencial dotada de una identidad propia constituida sobre una lengua, una cultura, una historia, una tradición, una manera de ser, una simbología y lo que cada uno quiera añadir con la condición de que sea propio Es decir, distinto a lo español. Y como Cataluña es una nación- -ahí aparece el viejo principio de las nacionalidades del siglo XIX- tiene derecho a un Estado, o a un alto índice de soberanía política. De la teoría a la práctica: ¿cuáles son los fundamentos prácticos- la peculiar manera de conducir un país y el conjunto de prácticas comunes que determinan el modo político y social de vida de un país según indicábamos- -del régimen? Los siguientes: la cultura de la queja y la impregnación ideológica. Mediante la cultura de la queja- -esto es, la invención de un imaginario absoluto al que se le atribuyen rasgos perversos- -se cohesiona la sociedad alrededor de quien la protege de tal amenaza, al tiempo que se cubre un tupido velo sobre las insuficiencias de la acción de gobierno. Se trata, en suma, de la dialéctica maniquea