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ABC MARTES 31 5 2005 Cultura 61 Ennio Morricone: Si me comparo con Mozart o con Bach, soy un vago El músico cinematográfico ofreció ayer un concierto en Bilbao b Mi tormento ha sido conten- tar a los directores, al público... Hay muchos condicionantes. Por eso me gustan los directores que hablan poco y entienden mucho OSKAR L. BELATEGUI BILBAO. Autor prolífico, con más de 400 partituras entre largometrajes y programas de televisión, Ennio Morricone sólo empuña la batuta ante una orquesta cuatro veces al año. Ayer lo hizo en el Palacio Euskalduna de Bilbao, donde hoy repetirá junto a L Orchestra Roma Sinfonietta, el Coro de la Ópera de Bilbao y la Coral de Bilbao. Poco amigo de entrevistas, hay además cuestiones tabú: su película favorita y sus cinco nominaciones fallidas al Oscar. ¿Qué es para usted escribir música? -Una necesidad del espíritu. Y también mi profesión. Mi vida. Un musicólogo italiano que ha estudiado mi obra dice que soy un Jano bifronte, un hombre con dos caras. Tengo dos oficios: en uno me ocupo del cine y sirvo a la obra principal del director; en otro hago música absoluta, donde soy el único juez y el principal usuario. Pero sé que las bandas sonoras son las que me han dado éxito y fama. Gracias a esta faceta puedo cultivar la otra. -Le acusan de ser un compositor prolífico, como si fuera algo malo. -Esos que me critican tendrían que informarse de lo que escribieron Mo- Ennio Morricone, ayer en Bilbao EFE Quijote muy especial, con actuaciones dentro del ballet, Por ejemplo, en la escena de la taberna actuará Joaquín Cortés Su amor por España sigue intacto, y por ello, confiesa, le duele especialmente que el talento de los bailarines españoles no pueda desarrollarse en el ballet clásico. Me da mucha pena que no haya un ballet clásico aquí, porque los españoles tienen grandes facultades, y no sólo para el flamenco. Pero aquí se ha terminado con el ballet clásico Y le duele también que su autobiografía, escrita hace ya una década y traducida a catorce idiomas (pronto saldrá la edición china) no encuentre editor en españa, a pesar de que la bilarina le dedique un largo capítulo a su estancia en nuestro país. zart y Bach durante su vida. Siempre tengo una respuesta estándar para esta pregunta: si me comparo con ellos, soy un vago. -Es como si nunca estuviera satisfecho, como si buscara la banda sonora perfecta. -No conozco la satisfacción absoluta, porque no existe. Mi tormento ha sido contentar a los directores, al público... Hay muchos condicionantes. Por eso me gustan los directores que hablan poco y entienden mucho. Acabo de componer la banda sonora de una película polaca sin haberla visto. Su director sólo me dio tres adjetivos: dolor, amor y libertad. ¿Qué siente cuando ve sus melodías en anuncios? -Me molesta si la película con esa música se ha estrenado hace poco. Si ya han pasado años, no me fastidia tanto, siempre que el uso que se haga en publicidad resulte coherente, claro. En Italia utilizaron la música de La misión para anunciar un desodorante. Y protesté porque no me pareció correcto. Recibí cientos de cartas de espectadores de todo el mundo, para quienes esas notas eran casi sagradas, espirituales. ¡Creían que yo había dado mi aprobación! -Alejandro Amenábar compone con un sintetizador sus bandas sonoras. ¿Con la tecnología actual cualquiera puede ser compositor? -Es una práctica preocupante para el futuro, porque cualquiera no puede ser músico. Quien es buen compositor, quien ha estudiado composición, lo será con o sin tecnología; quien es un aficionado, siempre lo será. Me preocupan esos diletantes. Componen una música fácil, que parece capturar los sentidos del oyente, pero en realidad es una música vacía, sin alma. -Ha compuesto las bandas sonoras de filmes comprometidos políticamente, como Novecento o Sacco y Vanzetti Música para una revolución que no se produjo. -Yo creo sobre todo en el cine. Las películas actuales no comparten el empeño político del cine de los años 60 y 70. Ahora observo en ellas una lucha moral, no un dinamismo político, que está mas subterráneo. Antes se apostaba más por la acción en detrimento de la reflexión ética sobre conceptos.