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24 MARTES 31 5 2005 ABC Internacional Chirac trata de resolver una de las crisis más graves de Francia con un cambio de gobierno París considera que el no a la Constitución pone en peligro el rumbo franco- alemán de Europa b Según los sondeos, la opinión pública espera que Chirac nombre primer ministro a Nicolas Sarkozy, tras la dimisión anunciada de Jean- Pierre Raffarin JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Aislada, desestabilizada, perdido el rumbo, víctima del enfrentamiento esquizofrénico entre sus elites y sus clases populares, Francia ha caído en su crisis más grave desde hace varias décadas. Su presidente, Jacques Chirac, está desacreditado en el exterior y rechazado en el interior. Su gobierno se derrumba falto de credibilidad. Su oposición socialista vive un histórico trauma fratricida. Rechazado masivamente el proyecto de Tratado constitucional europeo, Chirac consagró el día de ayer a realizar consultas nacionales e internacionales. El presidente se dirigirá esta noche a la nación, para anunciar la dirección de su nuevo gobierno, a la espera de comprensión entre los contritos aliados europeos. Según los sondeos, la opinión pública espera que Chirac nombre primer ministro a Nicolas Sarkozy, tras la dimisión anunciada de Jean- Pierre Raffarin, una especie de fusible cuando la extrema derecha, la extrema izquierda y parte de la oposición socialista piden la dimisión del jefe del Estado. Los analistas políticos pronostican, sin embargo, el nombramiento de Dominique de Villepin como primer ministro. Chirac debe elegir entre un gobierno social liberal dirigido por Villepin, o un gobierno liberal sin complejos liderado por Sarkozy. Jean- Pierre Raffarin abandona ayer Matignon, residencia oficial del primer ministro do constitucional, el 81 por ciento de los obreros, el 79 por ciento de los parados, el 60 por ciento de los empleados, el 56 por ciento de las profesiones intermedias, el 59 por ciento de los jóvenes de 18 a 24 años, el 59 por ciento de los jóvenes de 25 a 34, el 65 por ciento de los hombres y mujeres de 35 a 49 años. En el otro bando, dijeron sí el 62 por ciento de las profesiones intelectuales, el 57 por ciento de los diplomados superiores y el 56 por ciento de los jubilados. REUTERS En el terreno de la sociología electoral, fueron los electores de izquierda quienes dijeron masivamente no El 67 por ciento de los electores socialistas, comunistas, ecologistas y de extrema izquierda han votado no como el Un presidente sin credibilidad Caída por los suelos la credibilidad personal de Chirac, la oposición socialista se encuentra igualmente noqueada: el 67 por ciento de los electores de izquierda socialista, comunista y ecologista han votado no y la dirección del PS está profundamente dividida entre partidarios y adversarios del proyecto constitucional europeo. Sin embargo, la crisis nacional va mucho más allá del cataclismo puramente político. Las divisiones fratricidas de todas las fuerzas parlamentarias apenas son un pálido reflejo de una división social mucho más profunda y trágica. El rechazo brutal del proyecto de Tratado constitucional europeo ha dejado al descubierto una Francia crucificada por hondísimas divisiones que las estadísticas retratan con negros matices. Han dicho no al proyecto de Trata- CONSTITUCIÓN NO DESEADA JOSÉ MANUEL COSTA D ejémonos de historias. Los franceses no han votado contra un primer ministro gris ni un presidente vacuo. Los franceses recibieron una pregunta concreta y la han contestado: la Constitución europea, pergeñada bajo la fatua dirección de otro ex- presidente francés, no es el texto que desean y los españoles, a pesar de ese fervor agradecido que nos caracteriza, no hemos sabido convencerles. El revolcón francés, como el holandés y otros que vendrán, encuentra su causa en el mismo proyecto de Constitución. Lo que podía haber si- do una refundación y racionalización de la Unión, se quedó en una refundición de textos legales preexistentes cuyas mayores novedades consistían básicamente en consagrar la Unión como un terreno de juego neoliberal, orillando los criterios social y cristiano- demócratas (la economía social de mercado) que habían informado el devenir de casi todos los países comunitarios. Los franceses han votado en contra de un texto farragoso e indigno de considerarse como una ley básica que todos los europeos, hasta los menos letrados, debieran entender. Han votado en contra del olvido de los temas sociales, que aparecen en declaraciones, pero no en capítulos positivos. Y aún más, han votado en contra de un tipo de globalización que parece consistir en una alianza del empresariado multinacional (occidental, no se olvide) con las depauperadas poblaciones de los países asiáticos, conducente a ese sangrante eufemismo llamado deslocalización Mientras el neocolonialismo económico de finales del XX perseguía vender fuera lo que se producía en los países occidentales, esta nueva fase de capitalismo global se está saldando con la huida de las empresas que pueden hacerlo a parajes que les garanticen beneficios aún más suculentos. Los trabajadores se quedan atrás y en paro, sin entender por qué empresas con enormes beneficios les dejan en la estacada ni por qué la Constitución no acierta a poner algún límite a esta situación. Los ciudadanos europeos no ven que esta Constitución sirva para resolver los problemas del futuro. Es más, les parece que no resuelve ninguno de los problemas presentes.