Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 31 5 2005 Opinión 7 dominio electrónico de su país. Equivale a declarar la independencia catalana en el futuro. ¿De qué serviría que el nuevo Estatuto catalán no incluyese una atribución expresa del derecho de autodeterminación si ese derecho queda garantizado para el día de mañana con la inclusión del ct en el listado de países independientes que existen en internet? La teoría clásica definía los Estados por la existencia de tres elementos: territorio, población e instituciones libres. Hoy los Estados también tienen su particular dominio de dos letras que regir en la Red. Que nadie se equivoque, en el futuro quizá no haya mástiles en los que izar banderas, pero seguro que habrá barras de navegación en las que escribir direcciones web con sus distintivos nacionales. LA ESPUMA DE LOS DÍAS CHAUVINISMO Y CIUDADANÍA P CARLOS KILLIAN Por eso, resulta asombroso que no haya encendido alarma alguna que el Parlament catalán reclame el dominio ct para Cataluña, un dominio nacional de dos letras segregado del es de España. Teniendo en cuenta que ningún Estado federado o confederado del globo terráqueo disfruta de una enseña virtual así, la propuesta del ct equivale a una petición de independencia cibernética. O, en otras palabras, a una reclamación de la independencia de Cataluña aplazada hasta dentro de unos cincuenta años, para cuando en el pasaporte digital de cualquier ciudadano figuren sólo las dos siglas del En todo caso, opino que el asunto es mucho más grave y tiene más calado político que el debate surgido a cuenta de la creación de una selección catalana de hockey sobre patines. Si Zapatero complace a la Generalitat de Cataluña en lo de su dominio ct será demasiado tarde para decir España. es o, lo que es lo mismo, que aún España es porque nuestra presencia unificada en internet habrá saltado por los aires. Si en el presente España aparece fragmentada en la Red, quedará fragmentada para el futuro; en internet no es compatible la coexistencia de dos dominios territoriales. El dominio ct expulsará a las direcciones es al menos de Cataluña. La malla electrónica catalana no permitirá ser español, sólo catalán. Del actual catalunya. es de resonancias constitucionales nos habremos ido al espanya. ct que nos representa con los muebles del salón de casa, pero sentados en la calle. Con nuestros cordoba. ct segovia. ct y minglanilla. ct esparcidos por ahí. A la generación del 98 le dolía España; a la generación que debería ponerse en marcha ahora, la generación de 2004, no puede dolerle porque ya no se trata de aquel terruño atrasado y ágrafo de antaño, pero, si se descuida, España se puede desconectar. Si, como consecuencia de la tristeza institucional que en el aprecio de nuestra nación nos ha dejado el desastre de 2004, dejamos pasar iniciativas como el ct por darnos vergüenza defender nuestro es común, España dejará de dolernos para siempre, simplemente se desenchufará. Ojo, sin romperse, España se nos puede apagar. PALABRAS CRUZADAS ¿El no francés es un revés a la política exterior de Zapatero? CUIDADO CON LAS FOTOS SIN DRAMATIZAR M UCHO criticar Azores, pero el presidente Zapatero no se caracteriza precisamente por compartir fotos y peripecias con buenos compañeros de aventuras. Su famoso eje Madrid- París- Berlín ha saltado por los aires, con un Schröder derrotado en Westfalia- Renania y un Chirac castigado por sus ciudadanos con un rotundo no a la Constitución europea. No es culpable de ese no un ZP que se fue a Lille a decir aquello de Españe voté ui, Francia voté ui, Europe voté ui en un francés macarrónico que más le valdría no utilizar en sus apariciones públicas, pero es evidente que mejor le habría ido sin ese apoyo a un Chirac que PILAR se adivinaba seguro perdedor. CERNUDA Tenemos un no francés de consecuencias aún no previsibles, pero nos queda en cambio Niza, donde España pisaba más fuerte que lo que negoció posteriormente Zapatero con Chirac y Schröder. El no del domingo no es una buena noticia para los europeos, que quizás empiecen a pedir responsabilidades a dirigentes que no dan la talla- -que vuelva Delors, por favor- para que se tomen en serio la construcción europea. Entre los que deben revisar su conducta están, desde luego, Chirac y Schröder, pero también un ZP que por dar en la crisma a Bush y a Aznar se ha alineado con Kerry, Chirac, Schröder, Chávez, Fidel... C REO que fue D Ors quien acuñó la frase si quieres ser feliz como me dices, no dramatices, chaval, no dramatices No conviene dramatizar en circunstancia alguna de nuestras vidas. Ni en política, donde jamás significa hasta esta misma tarde según el cínico diagnóstico de Romanones. El non va a dejar las cosas de Europa tal como están, aunque Chirac tendrá que ofrecer a los ciudadanos que han hecho esta revolución francesa la cabeza de alguien, como la del pobre Raffarin, para que algo cambie y, sin embargo, todo siga igual. Porque el voto del domingo fue contra quien gobierna en París, no contra quien diseña FERNANDO la UE y pone en marcha una euroconstiJÁUREGUI tución, aunque nadie la haya leído. Y menos aún han votado en Francia contra Zapatero. La política exterior de ZP puede parecer buena, mala o pésima, pero, en materia europea, es la única posible. Porque no vamos a aliarnos con los bálticos, ni con la euroescéptica Albión, ni con la novata Polonia. Francia y Alemania, por mal que les vaya, son y serán los únicos motores posibles. Ahí, al menos, Zapatero- -ya lo sé: no es un modelo de autocrítica precisamente- -acierta: Europa ha ido muy lejos como para retroceder ahora. Así que no dramaticemos: lo único dramático es que, fuera de la UE, no hay salida. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate OR lo visto, el no francés a la Constitución Europa ha resultado ser una curiosa amalgama de castigo a Chirac, cabreo antisistema y fuertes dosis de chauvinismo. Los franceses habrían sumado a su proverbial antipatía el pecado del eurodesdén y nos han colocado a todos ante una crisis cuyas dimensiones nadie se atreve a determinar. Mientras los expertos deciden si estamos ante un parón técnico o ante un descarrilamiento en toda regla del proceso de construcción europea, los profanos podemos entretenernos en otros ejercicios menos académicos y más sugerentes. Por ejemplo, resulta extraordinariamente llamativo el éxito del voto CARMEN antisistema que ese caMARTÍNEZ jón de sastre donde se CASTRO han dado cita los extremismos de todo pelaje haya podido concitar el apoyo del 56 por ciento de la población es un fenómeno que merece algo más que descalificaciones simplistas y despectivas; ni en sus más alucinadas ensoñaciones los antisistema pudieron imaginar semejante apoyo social. Francia es el país europeo donde el sistema resulta más omnipresente, con una economía ineficaz y plagada de rigideces, una clase política alérgica a las reformas y un cuerpo social nostálgico de la remota grandeur... Demasiado sistema y ninguna solución a los retos de la Europa ampliada. Tal vez- -sólo tal vez- -este proyecto de Constitución sea el único posible, pero eso no quiere decir que sea bueno. A los franceses les han dado a elegir entre algo farragoso e incierto que algún día puede ser Europa y su amada Francia, y han escogido, acaso erróneamente, a esta última. Lo han hecho después de un debate apasionante y en un impecable y masivo ejercicio de ciudadanía; si eso es chauvinismo, bienvenido sea algo para esta España tan lanar. Ciertamente, tenemos mucho que agradecer a Europa y lo vamos a comprobar a partir de ahora, cuando se esfumen los fondos comunitarios, pero hay algo más que razones económicas para nuestro fervor: Europa es ese burladero que nos permite huir de nosotros mismos. Somos europeos de vocación para no ser españoles por obligación, algo mucho más fatigoso e incómodo. Del mismo modo que los franceses han culpado a la Unión de sus problemas nacionales, nosotros buscamos en ella ese parche que nos permita sortear los nuestros. Las dos opciones son tramposas, pero, al menos en Francia las encuestas aciertan; cuestión de ciudadanía. Aquí damos lecciones de europeísmo, pero zarandeamos sin piedad al mejor ejemplo de coraje cívico que ha dado nuestra democracia, las víctimas del terrorismo. Dividirles con fines partidarios o tildarles de ultraderechistas por rechazar el diálogo con los asesinos es más que una indignidad, es un error que acabaremos pagando todos, incluidos los optimistas antropológicos. La solución a nuestros problemas no pasa por Bruselas, sino por las calles de Madrid el próximo sábado.