Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión MARTES 31 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ESTEBAN GONZÁLEZ PONS CONSELLER PORTAVOZ DE LA GENERALITAT VALENCIANA UN MANIFIESTO OPORTUNO OS franceses, de tanto mirarse el ombligo, la primera de sus costumbres nacionales, le han puesto freno al proceso de la construcción europea que, en más o en menos, a todos nos servía de consuelo frente a la crisis ideológica que padece el Viejo Continente y ante la escasez que acreditan los líderes en presencia. Es algo que no tiene, de momento, mayor trascendencia y el puzle europeo seguirá armándose- ¡qué remedio! -como defensa de unos valores en los que no todos creen, pero sin los que asusta mucho vivir y encararse con la realidad emergente en los restantes cuatro continentes. El bien que acompaña al pasajero mal de EuroM. MARTÍN pa, que estas cosas, coFERRAND mo la Guardia Civil, tienden a presentarse en parejas, es, en nuestro caso, el de una mayor atención al patio nacional. Ahí está, como ejemplo vivificante y esperemos que no único, el Manifiesto que han firmado dieciséis intelectuales de Cataluña para, después de veintitrés años de nacionalismo conservador y la experiencia de gobierno de un nacionalismo de izquierdas, informarnos de que nada sustantivo ha cambiado El manifiesto es notable por su texto, en el que se pide un nuevo partido político en Cataluña que supere la cerrada angustia de los conventillos al uso, y lo es también por sus firmantes: Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Carlos Trías, Iván Tubau... Demuestra la experiencia, en España siempre excesiva en todos los casos de fatiga e incomodo, que estos ejercicios, más próximos al toreo de salón que a la lidia verdadera, no suelen ir más allá de su mero planteamiento; pero ya es algo que, precisamente en Cataluña, donde el nacionalismo satura el aire, dieciséis personas inteligentes invoquen el restablecimiento de la realidad para que lo simbólico deje de reemplazar a lo necesario. Frente al esperpento que escenifican los integrantes del tripartito, la serena responsabilidad que expresan los firmantes del Manifiesto ofrece otra cara de Cataluña, en mi opinión, y desde mi experiencia, más ajustada a la realidad social y al sentimiento colectivo. El nacionalismo, por la derecha y por la izquierda, ha sido la gran coartada de la corrupción en Cataluña y, al tiempo, ha empequeñecido su realidad económica. Los dieciséis firmantes del Manifiesto, que muy simbólicamente lo presentarán el próximo día 7 en la Plaza Real de Barcelona, quieren oponerse a la destrucción del razonable pacto de la Transición que hace poco más de veinticinco años volvió a situar a España entre los países libres Es algo hecho desde la contemplación catalana; pero, en virtud de su hermosa sensatez, bueno sería que grupos equivalentes- -gentes con biografía y sin tacha- -lo reprodujeran en las diecisiete Autonomías del Estado. En unas porque sí, y en las otras por si acaso. ¿ESPANYA. CT? L NO, GRACIAS Teniendo en cuenta que ningún Estado federado o confederado del globo terráqueo disfruta de una enseña virtual así, la propuesta del ct equivale a una petición de independencia cibernética asegura el autor en su artículo, donde denuncia la solicitud del tripartirto catalán de un dominio propio en internet C ON la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, España sufrió una conmoción pública como la que vivimos recientemente, el 11 de marzo de 2004. Ante ambos acontecimientos la vieja piel de nuestra nación se estremeció con parecida intensidad. Y sin embargo, ahí no acaban las similitudes entre una y otra sacudida histórica. El desastre del 98 alimentó un sentimiento generalizado de renuncia, de desgana patriótica, una caída de la autoestima nacional que, por lo que estamos viendo, el desastre de 2004 también puede haber producido. Un desaliento cansino que, entonces como hoy, se extiende de tertulia en tertulia hasta convertir en actitud de moda, en talante políticamente correcto, la rendición y la flojera ante todo lo español. Cada vez que nos golpean fuerte, por lo que parece, tenemos la costumbre centenaria de deprimirnos. A comienzos del siglo XX, en aquel cruce de siglos marcado por la desorientación y el conformismo frente a nuestro ideario nacional, surgió una generación de intelectuales que, apostando por la vertebración interior del país y por su inmersión política en Europa, buscaba regenerar y rearmar moralmente nuestra adocenada vida política. Fue la hora de Ortega, Unamuno o Giner de los Ríos, entre otros. La hora de nuestros bisabuelos. Pues bien, hoy nos tocaría a nosotros, a los bisnietos de la generación del 98, pechar con otro desastre, el de 2004, con otra melancolía nacional, con otra amenaza de fuga separatista de las regiones más ricas y con otro enlace al planeta de nuestra época. Sería nuestra responsabilidad generacional. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurriera en el 98, el riesgo que corremos por el desánimo que debilita a España ya no es el de quedar descolgados del tren de Europa, sino el de aislarnos en la malla de la conectividad mundial. En el presente, lo que no está en internet no existe y quien no gestiona una zona vallada del ciberespacio no tiene un territorio suyo en el universo del conocimiento. Lo que significó la moderna Europa para nuestros bisabuelos lo representa la triple w para nosotros. Hace doscientos años las naciones se identificaban por sus banderas y se preservaban tras sus fronteras. En los tiempos de internet se distinguen por disponer de dominios, o sea, de espacios de administración propia en la Red, que las identifican con sus siglas y las preservan tras sus límites electrónicos. De hecho, los dominios de dos letras (como el es de España o el fr de Francia, por ejemplo) están exclusivamente reservados en la Red para las naciones con Estado, quedando los dominios de tres letras (como el comercial com el educativo edu o el variado net por ejemplo) disponibles para ser ordenados por otro tipo de organizaciones.