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56 Espectáculos LUNES 30 5 2005 ABC TEATRO Infierno Espectáculo basado en la Divina Comedia de Dante Aligheri e inspirado en Dantes Divinus de Nenac Prokic y en obras de Francesco de Sanctis. Versión y dirección: Tomaz Pandur. Dramaturgia: Livia Pandur. Versión castellana: Luis García Montero. Escenografía: Sven Jonke. Vestuario: Angelina Atlagic. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Música: Goran Bregovic. Intérpretes: Asier Etxeandia, Roberto Enríquez, Sergio Peris- Mencheta, Verónica Echegui, Charo López, Juan Codina, Naomí Pérez y Damià Plensa, entre otros. Lugar: Teatro María Guerrero. Madrid. CIRCO DE SOMBRAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN D ante Aligheri comienza su peregrinaje sabiendo que es también el comienzo de su gloria. Confirma y celebra el glamour con un método que se revela como una forma sensacionalista de enriquecer la inteligencia con la emoción escribe, como orientación, aunque no sé si lo consigue, Tomaz Pandur en el programa de mano de esta más que versión, visión personal del acceso a los círculos infernales del poeta florentino acompañado por Virgilio. El esloveno Pandur, considerado uno de los más brillantes talentos del nuevo teatro europeo, ha revisado para este montaje en el María Guerrero, precedido de gran expectación, el antes presentado en Eslovenia y Hamburgo. El de Pandur es un infierno de llamas frías concebido como una suerte de lujoso nigh- club de sadomaso a cuyas puertas llama Dante desnudo. Lo recibe un Virgilio punki y pronto se convierten en algo más que amigos a juzgar por las muestra de efusión que se prodigan. Hay una caterva de diablos y diablesas con atalajes de cuero negro, un aliño indumentario entre Mad Max 3 y la cohorte oscura de una aventura de espada y brujería. La dulce Beatriz, en vez de esperar a su amado en el Paraíso como imaginó el poeta, se deja caer por la fiesta como integrante de las huestes luciferinas... En fin, tal como transcurren las casi dos horas de función, parece que en su Una escena de Infierno Es un infierno de llamas frías concebido como lujoso night- club de sadomaso a cuyas puertas llama Dante recorrido infernal Dante nunca hubiera pasado del segundo círculo, el reservado a los lujuriosos, dada la abundancia de escenas de considerable crudeza sexual, dicho sea como mera constatación y sin ningún ánimo de escándalo. Quizá resulte palmario despachar así esta pretendida bajada a los infiernos del conocimiento y el dolor, un periplo escatológico en el que Pandur visita los dos sentidos del término, pero es que la potencia visual del espectáculo sirve de envoltorio a un galimatías de significados, visiones, percepciones, proclamas, interpretaciones y demás con mucha pompa y circunstancia. Conviene, pues, subrayar que Infierno es un montaje de enorme exigencia técnica, de muy brillante ejecución, con momentos de una belleza turbadora y violenta que se inclina hacia los dominios de la truculencia, como si el esloveno hubiera escogido como divisa esa frase de André Breton que asegura que la belleza será convulsa o no será. Todos los aspectos estéticos se han cuidado hasta la extenuación: el espacio escénico es un cubo cuyas caras están cubiertas de espejos y las aristas son tubos de neón, la vibrante música de Bregovic se mezcla con la de Beethoven, se proyectan, entre otras, imágenes de la revolución rusa y la Segunda Guerra Mundial muy bien utilizadas, la iluminación de Gómez Cornejo es magnífica... Pero uno no termina de verse arrebatado por el bosque de emociones que anuncia esta propuesta, en la que los actores gritan y se gritan frases grandilocuentes y torturadas. No seduce esa, en palabras de Pandur, nueva Babilonia de corrientes de pensamiento, cuyas imágenes se nos presentan proyectadas desde lo más arcaico de nuestra civilización. Imágenes nacidas antes que la moral y las palabras. Es entonces- -aclara el director- -cuando el Teatro Imperial del Sexo se convierte en un tempo supremo para los ojos de Occidente, y aparecen la tortura, la sangre... el éxtasis El ruido y la furia, vamos. En esa línea, los intérpretes realizan un tremendo esfuerzo físico y de voz en las prestaciones extremas que les exige Pandur. El trío central- -Asier Etxeandia como Dante, Roberto Enríquez como Virgilio y Verónica Echegui como Beatriz- -lleva a cabo un muy buen trabajo, acompañados por Sergio Peris- Mencheta en un Lucifer de poderosa presencia. Infierno es, al cabo, un espectáculo que tiene la elocuencia de un espejo colocado frente a otro espejo. Tal vez infierno sea otro de los nombres que recibe el tedio, por mucho estrépito con que nos lo adoben. CLÁSICA Ciclo OCNE Obras de Antonin Dvorak. Intérpretes: Orquesta y Coro Nacionales de España. Director: M. Bamert. Solistas: G. A. Jeffers, K. Kammerloher, D. Litaker, J. -H. Rootering. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. UN HERMOSO STABAT MATER ANTONIO IGLESIAS on muchísimos los momentos que nos prenden durante la escucha del soberbio Stabat Mater, Op. 58 de Antonin Dvorak, cantata que sigue la inmarcesible manera haendeliana, tanto por una estructura como por sus grandes contornos expresivos. Acabamos de admirarla en una cuidada versión de nuestra Orquesta y Coro Nacionales, con cuarteto solista de gran nivel, bajo la dirección muy conocedora del suizo Matthias Bamert, excesiva su notoria preocupación con la partitura en su atril, pero mandando con gesto amplio, seguro de los resultados de una gran línea tradicional de singulares logros en cuanto al ajuste vocal- instrumental. El Coro Nacional, preparado por Lorenzo Ramos, incansable, pese a radicar en él el enorme peso de la entera cantata, resultó corona interpretativa, potente, presto en todo momento a atender cuanto le demandaba la batuta; extraordinaria su colaboración, muy al lado de la de los profesores de la Nacional. S Composición modélica La hora y veintidós minutos de duración de la obra de Dvorak jamás pudieron debilitar el interés de una composición modélica de un sabio quehacer romántico, que no impide respirar aromas populares en contados momentos de su decurso tan interesante. El valioso cuarteto de voces solistas lo resolvieron en cotizados merecimientos la soprano GwenethAnn Jeffers, admirable precisión del agudo pero excedida en el tremolar; la mezzo Katharina Kammerloher, precisa entonación de una bonita voz algo retraída; el excelente tenor, Donald Litaker, ejemplo de que la veteranía es un grado, dada su indudable maestría; y el bajo baritonal Jan- Hendrik Rootering, con calidad todavía por encima de su cantidad. Y como el concierto público es un espectáculo, permítaseme preguntar al tenor por qué usó el antiestético botellín de agua... nadie lo hizo en un pretérito canoro, sus tres compañeros tampoco mostraron ese ansia del sediento... Ya es hora de que se llegue aconvenir una vuelta a la debida compostura ante el público.