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ABC LUNES 30 5 2005 Espectáculos 55 El Primavera Sound echa el cierre con una jornada de rock recio y apabullante Steve Earle y Sonic Youth refrendaron su éxito con gran poderío rítmico b El festival supera con nota el AÚN ES IMPOSIBLE JOSÉ MANUEL COSTA cambio de recinto (asistieron 45.000 personas) aunque la organización lamenta la posible pérdida del Auditori para futuras ediciones DAVID MORÁN BARCELONA. Después de un viernes marcado por los ritmos electrónicos y la tibia reaparición de New Order, el Primavera Sound cerró el sábado su edición 2005 con una jornada de rock recio, convulso y apabullante. La primera detonación llegó con la implacable actuación de Steve Earle, adalid del rock de raíces combativo y revolucionario- -casualidad o no, hasta el batería era zurdo- -que pasó como una apisonadora por el festival. Borracho de electricidad y centrado en sus dos últimos trabajos, el tejano firmó uno de los mejores conciertos del fin de semana gracias a una indomable concepción del rock y a un poderío rítmico sin parangón. Abrió fuego con The Revolution Starts... felicitó al pueblo español por la igualdad de su democracia antes de atacar Rich Man s War soltó chispas con F The CC reinventó un clásico de la talla de Copperhead Road y dejó al público con un palmo de narices con una sensacional versión del Revolution de The Beatles. Un clásico como la copa de un pino. Como Bruce Springsteen capitaneando a los Ramones. Último refugio del rock de vanguardia Recogieron el testigo Sonic Youth, último refugio del rock de vanguardia que, armados con garras, dientes y kilos de distorsión enmarañada, protagonizaron un recital algo menos fiero pero igual de intenso. Con Kim Gordon completamente desbocada y Teenage Riot desatando la locura, los neoyorquinos demostraron que, además de no hacer dos conciertos iguales, siguen teniendo cuerda para rato. Algo más desangelada fue la resurrección de Gang of Four, leyenda mayor del post- punk a la que le costó volver a arañar como antaño. Aun así, y a pesar de un sonido demasiado mate y de que les faltó algo de coordinación, fue todo un lujo poder tararear Damaged Goods y I Found That Essence Rare después de tantos años. Horas antes, al rock cálido de Josh Rouse le pudo la inmensidad del espacio, mientras que dos de las bandas revelación de la temporada, The Futureheads y Dogs Die In Hot Cars, superaron la prueba del algodón con sendos pases de revitalizante y contagiosa arqueología post- punk. The Weeding Present resplandecieron gracias a su inmaculado pasado y a su prometedor presente y la armada francesa, capitaneada por Dominque A y Experience, se reivindicó a lo grande en un escena- Iggy Pop, durante su actuación en el Primavera Sound EFE La implacable actuación de Steve Earle pasó como una apisonadora por el festival rio en el que también actuaron Françoiz Breut y Danielle Darc. El premio al concierto cachondo del festival se lo llevaron los neoyorquinos They Might Be Giants, quienes encandilaron al público con su pop iconoclasta y sus melodías de juguete. Pasadas las tres de la madrugada, The Go! Team y su inclasificable apuesta por el todo vale despertaron a más con una batidora estilística en la que lo mismo cabe Sonic Youth que los Jackson 5. A pocos metros, los canadienses Les Georges Leningrad apostaban por una implacable andanada de punk digital con la intención de atraer a parte del público que, a esas alturas de la noche, había dado por perdida la batalla de la música en directo y bailaba en la carpa al ritmo del Smells Like Teen Spirit de Nirvana. Con una línea artística más robusta y equilibrada, la jornada echó el cierre a un festival por el que, según la organización, han pasado cerca de 45.000 personas (12.000 el jueves, 17.000 el viernes y 15.000 el sábado) y que ha superado con nota la mudanza del Poble Espanyol al recinto del Fórum. Sin colas en los accesos ni aglomeraciones en el interior, el único punto negativo de cara a futuras ediciones es la posible pérdida del Auditori como escenario del festival. Según la organización, el espacio que anteayer acogió los multitudinarios pases de Echo The Bunnymen y Tortoise puede desaparecer ya que es imposible trabajar con la empresa que lo gestiona Una lástima. Máxime teniendo en cuenta que, por condiciones, capacidad y sonorización, el Auditori se ha descubierto como un espacio ideal para la música en directo. a sido la madre de todos los Festivales, punto de reunión de las mil secciones del pop, revueltas y hermanadas por una vez y dispuestas a regresar con la buena nueva de que aún es posible vivir el asombro de la música y el encuentro. Por regla general, los festivales veraniegos, aquella utopía comunitaria del hipismo devenida negocio espectacular, suelen resultar ocasiones más bien incómodas. Están bien como ceremonia iniciática de identidad cultural e independencia. Pero no para disfrutar de la música. El Primavera, pistoletazo de salida para la trashumancia festivalera estival, ha sido otra cosa. La ilusión trascendentalista de hace casi 40 años no es repetible, pero ver reunidos a siniestros, poperos, experimentaloides, electrónicos, heavys, bailones o incluso a intelectuales como el amigo Juan Cueto, sin que allí se produjera ningún roce, ya parece maravilla suficiente. ¿Cómo pudo producirse? Pues gracias a factores como una programación ecléctica a más no poder, pero situada casi siempre en el filo de cada estilo. Así, se escuchó a Piano Magic, Isis, Arcade on Fire, Dominique A, Polysics, Josh Rouse, The Go! Team y muchos otros. O a clásicos cubriendo el expediente como los Stooges o New Order y a otros asombrando mucho todavía, como Sonic Youth, Gang of 4, American Music Club, The Wedding Present o They Migt Be Giants... El lugar estaba bien, anfiteatros donde escuchar descansando las piernas, la luna y el sol surgiendo del mar, buen servicio de bebidas (y lamentable de comida) arquitecturas peculiares... No sé, parecía hecho con cariño. Y las masas, tan castigadas siempre, supieron apreciarlo. Hoy en día, una situación donde poder sonreír ya es un gran momento. H