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54 Cultura FERIA DEL LIBRO DE MADRID LUNES 30 5 2005 ABC No he tenido nada que ver con lo del pisito de la ministra Trujillo Alguien puede pensar que Rafael Azcona se ha excedido en sus funciones y se ha empleado de guionista al servicio de la ministra de la Vivienda, la señora Trujillo. Ese alguien ha querido ver que la idea de los pisitos de treinta metros tiene su origen en una película, cuyo guión fue escrito por el maestro Azcona, El pisito de Marco Ferreri, con López Vázquez y Mari Carrillo. Pues va a ser que no. Azcona lo aclara. No, no he tenido nada que ver, pero aunque no creo que sea la solución ideal, ya me habría gustado a mí tener uno de esos pisos cuando llegué a Madrid. Viví de realquilado en una casa antigua con muchas habitaciones, una cocina y un baño común. En algunas habitaciones había matrimonios con tres hijos. Imagine lo que sucedía cuando dejaban la habitación y aparecían por la cocina. Y qué me dice de los tendederos, a tortas por unas bragas Rafael Azcona, en un bar madrileño RAFAEL AZCONA Guionista y escritor No es bueno reírse de todo, pero no reírse de nada es terrible Ha sido él y no otro quien hizo hablar a los personajes de El pisito El cochecito El verdugo La escopeta nacional así hasta cien. El maestro recupera ahora El repelente niño Vicente (se reedita en Aguilar) aquel monstruo de niño de los años cincuenta TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTO: JAVIER PRIETO MADRID. A sus 39 años recién cumplidos (quiénes somos nosotros para llevarle la contraria) el maestro Rafael Azcona se tira casi por primera vez de la lengua para recordar a aquel repelente niño Vicente que, allá por los cincuenta, dio a luz (con algún que otro forceps) en el paritorio (menudas paridas) de aquel genial pajarraco que fue La Codorniz Ante un plato de pata negra y un vaso de buen vino, el genial guionista habla de lo divino y de lo humano, sobre todo de lo humano. ¿Qué recuerdos tiene de aquella sociedad madrileña en la que nació y creció el repelente niño Vicente -Cuando vi que se podían dar besos en un taxi, me dije, éste es mi sitio. Porque en Logroño los taxis sólo se tomaban para dos cosas. O para dar a luz, o para ir a un sitio que había en las afueras, El Chalé que era un prostíbulo. Aquí en cambio, conocías a una chica y tenías un momento de efusión y le dabas un beso y el taxista no te denunciaba a la Policía. Increíble. Para mí era sinónimo de libertad. Pero, como todo en aquel tiempo, Madrid era una ciudad siniestra, con muchísimo machismo, por ejemplo. Y también recuerdo que Madrid y España olían muy mal, y a aquellos empleados de los cines siempre con el ozonopino. -Llega, y al poco echa a volar con La Codorniz un pájaro literario de altos vuelos que, con perdón, se ciscaba en todo lo imaginable. -Se ha exagerado un poco sobre eso, porque muchas de las cosas que se le atribuían no habían aparecido jamás en sus páginas, porque habrían quemado la revista. Pero lo que sí es cierto es que se le tomaba el pelo a casi todas las cosas que parecían muy respetables, como los tópicos, las frases hechas, esas costumbres que todo el mundo seguía a ciegas. Entré en esa redacción gracias a Antonio Mingote, y me encontré un aire estupendo. No es que sea bueno reírse de todo, pero no reírse de nada es auténticamente terrible. ¿Qué cree que representaba para los lectores, un refugio, un oasis? -A La Codorniz se apuntaba lo mejor de cada casa. La gente que la compraba era distinta a la que no la compraba. Además se hablaba mucho en la calle de ella, funcionaba mucho el boca Lo digo sin ninguna petulancia, pero la idea de marcharme a trabajar a Hollywood nunca me ha atraído a boca, y ahí es donde entraba el ingenio popular que se inventaba lo suyo. -Y, hoy por hoy, ¿cómo andamos de repelentes Vicentes... -La sociedad ya no tiene nada que ver con la de esos años. Había un caldo de cultivo que era la escuela, porque en el colegio todo se aprendía de memoria. Y, por otro lado, la autoridad paterna y materna eran terribles, y el niño siempre acababa por ser un represaliado. -A usted no le gusta que le hablen de humor negro. -Lo que yo hago no tiene nada que ver con el humor negro. Salvando las distancias, Quevedo no hacía humor negro, hacía humor español, desgarrado, cruel... no digo que yo sea Quevedo pero de ahí vengo, ése es mi origen. -Ya no hay revistas de humor. -Es verdad. Lo que antes se daba en periódicos y revistas se da ahora en la televisión, tanto en las series como en los monólogos. Pero en la Prensa no hay sitio para el humor, aunque las buenas columnas siempre están trufadas de humor, los buenos columnistas siempre escriben con humor. -Sí, porque los chistes de Mingote, Forges, El Roto, más que chistes parecen editoriales. -Y hasta ensayos. ¿Pensó usted alguna vez en mar- charse a Hollywood al igual que Edgar Neville, Miguel Mihura y Tono? -Lo digo sin ninguna petulancia, pero nunca me ha atraído. Jamás he tenido necesidad ni ganas de consagrarme al cine, y en cuanto al cine norteamericano, salvo los musicales y el humor, no me interesa prácticamente nada. -Dice que cuando se jubile escribirá una novela y la encabezará con un pasaje de Cioran (un tipo no muy divertido, por cierto) el que refiere la llegada de un náufrago a una isla salvaje, pero en la que se destaca una horca. Bueno, al menos hay orden se dice el náufrago. ¿Usted es un hombre de orden o de concierto? -Lo que no he sido nunca es un fanático. Todos los males de la Humanidad provienen del fanatismo. No comprendo esos ardores, ni siquera los patrióticos. La única bandera que me gusta es la bandera blanca, que es una hermosura. Es dificilísimo ser fanático tras una bandera blanca, quizá porque el blanco es el color de la ropa interior. Y convendrá conmigo en que es muy difícil que una camiseta o un calzoncillo puedan enardecer a nadie. -El repelente Vicente escribe al final de su diario que quiere ser anacoreta: No sé lo que dirán mis padres, pero yo estoy decidido -Ese pequeño monstruo al final se da de bruces con el amor y entonces todo lo que le han enseñado no sirve para nada y sufre. -Y qué sería hoy de la díscola Pepita ¿Iría llena de piercings por todo el cuerpo, acudiría a que le recetaran la píldora del día después... -Sinceramente, creo que la díscola Pepita de entonces, hoy sería una mujer liberada, con su trabajo, su coche, le importaría poco eso de la virginidad y hasta es posible que ahora pudiera ser una divorciada.