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30 Internacional ELECCIONES EN EL LÍBANO LUNES 30 5 2005 ABC El arco iris electoral en el país del Cedro b Los colores de las candidaturas se mezclan en Beirut con el del dinero que todo lo puede y lo compra, también los votos, en la sociedad libanesa J. CIERCO. ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. No es el Líbano un país como los otros en Oriente Próximo. No están las elecciones huérfanas de peculiaridades. Tampoco en el día mismo de la cita con las urnas. Habrá otras tres. Beirut no fue ayer un hervidero. La apatía y la falta de motivación electoral, evidentes. Los colegios no se desbordaron en momento alguno, algo que sí se palpó en las playas o en los restaurantes de la Corniche. No hubo afluencia masiva a las urnas. Ni una cola se pudo contar en uno solo de los colegios electorales. No faltaron, en cambio, a sus puertas decenas de chavales, ataviados con camisetas de distintos colores que representaban a cada una de las candidaturas en juego y hacían campaña ahí mismo, repartiendo papeletas, pasquines y fotos de sus líderes. Saad al- Hariri celebra en Beirut, con sus seguidores, la victoria en la primera fase de las elecciones parlamentarias del Líbano AFP Festival de colores Camisetas rojas y blancas para los candidatos de la lista de Saad al- Hariri, el vencedor, no sólo por recoger el legado de su padre, no sólo por contar con el viento a favor de la retirada siria, sino también por la extraordinaria maquinaria electoral desplegada, la inversión de decenas de millones de euros, el apoyo de su televisión, de sus diarios, los viajes pagados a los electores para que puedan ejercer su derecho a voto en sus lugares de empadronamiento y por la compra de sufragios, denunciada con la boca pequeña. Camisetas naranjas para los seguidores del general Michel Aoun, que llama al boicot pero se presentará en la tercera jornada electoral; amarillas de las listas suníes y cristianas, que las hay, contrarias a Hariri; azules para los observadores locales, y chalecos caquis para los internacionales, que no denuncian irregularidades pero tuercen el gesto ante muchos detalles no demasiado familiares ni democráticos. Más camisetas rojas y blancas si los colegios que se visitan son los del Beirut musulmán, una vez cruzada la calle Damasco, aquella en la que durante la guerra civil se recogieron tantos cadáveres como frontera que era, y que es, de dos mundos y muchos matices. Más naranjas si visitamos el colegio grecoortodoxo de los Tres Doctores o el maronita de La Sabiduría. Y mezcladas, en este arco iris electoral, las blancas desteñidas del movimiento por un Líbano laico. Su lema es: 64+ 64 0 (en referencia a los 128 diputados del Parlamento 64 musulmanes, 64 cristianos) Beirut convierte los comicios libaneses en un plebiscito a favor de Hariri La baja participación empaña una jornada en la que apenas hubo incidentes b Sólo se ha celebrado la primera de las cuatro citas con las urnas; las próximas serán más favorables a las fuerzas chiíes y prosirias, con Hizbolá a la cabeza JUAN CIERCO. ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. Todo, tal y como estaba previsto. Todo, según lo estipulado en un guión escrito hace semanas y sin una sola variación antes del día de rodaje. Todo, de acuerdo con una crónica tan anunciada que, por ejemplo, 9 de los 19 escaños en disputa ayer en Beirut ya estaban adjudicados, por la falta de contrincantes, a las correspondientes candidaturas únicas. Un pero, sin embargo: se trata sólo del prólogo. Quedan dos capítulos y el epílogo. Peculiaridades del Líbano, de su complejo sistema electoral. Los beirutíes convirtieron la primera de las cuatro jornadas de las elecciones legislativas libanesas- -las otras tres se llevarán a cabo en los tres domingos venideros- -en un plebiscito para un solo hombre: Saad al- Hariri, heredero político y empresarial de su padre, Rafic, asesinado el 14 de febrero, y vencedor de los comicios al obtener todos los escaños en juego. Desde ese día han sucedido muchas cosas en el país del Cedro: la oposición cristiana, drusa y suní unió sus fuerzas, en un gesto sin precedentes de esta nación imposible de 18 confesiones distintas, para exigir verdad y justicia, pero sobre todo, como se decía en la reso- lución 1559 de la ONU, la retirada de las tropas y los servicios de inteligencia sirios tras 29 años de ocupación. A finales de abril se fueron los sirios; más tarde se convocaron las legislativas (eso sí con la desfasada ley electoral del 2000 bendecida por Damasco, que condena a la democracia) se presentaron las candidaturas; se decidieron de antemano muchos de los escaños; se quebró la efímera unidad de la oposición y se comenzó a votar. La primera cita, ayer en Beirut. Luego vendrán las del sur del país, de mayoría chií; del Monte Líbano; del norte. Ayer en Beirut votaron pocos. La participación apenas rondó el 28 por ciento. En las elecciones del 2000 fue sólo del 33. Tal y como se preveía cuando se habla de unos comicios en los que gran parte de los candidatos están elegidos de antemano, los otros también asoman sin disimulo; en los que muchos inscritos en el censo viven en el extranjero; en los que, por muchos cambios producidos en los últimos meses, la nueva cara del Parlamento no será tan distinta de la anterior. La mayoría está garantizada para los opositores a la presencia siria en el Líbano, en las tres anteriores asambleas no fue así, pero eso no garantiza ni mucho menos cambios profundos en un sistema político y económico dominado por las grandes familias y fortunas; las alianzas religiosas y provinciales. Así será mientras no se modifique la actual ley electoral, mientras no se creen partidos políticos propiamente dichos y no corrientes familiares y religiosas con escasas posibilidades de mirar por los intereses generales y sí mucho por los particulares. Futuro incierto La nación libanesa no existe, nunca ha existido, siempre hemos estado divididos, lo seguimos estando y no hay posibilidades reales a corto plazo de que vayamos a dejar de estarlo decía ayer en su colegio electoral de Ashrafieh, Antoine Ghosen, maronita libanés de 54 años, residente en Montreal. Es verdad que es la primera vez que votamos sin estar ocupados por fuerzas extranjeras pero nadie nos garantiza que de la influencia siria no pasemos ahora a la saudí. Los contactos de la familia saudí con Beirut son demasiado importantes como para pensar que no se van a interesar allí por nuestro devenir político y económico insistía sin esperanza alguna de que estas elecciones supongan un giro notable en el futuro del país del Cedro. Sólo el paso de los meses confirmará sus grises presagios. Antes el Líbano tendrá que seguir votando. Y los chiíes de Hizbolá ya asoman a la vuelta de la esquina. El hijo de Rafic Hariri, el ex primer ministro asesinado, obtiene la victoria al ganar los 19 escaños en disputa