Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22 Nacional LUNES 30 5 2005 ABC Antonio Preto, hijo de español y portuguesa, dueño del único bar de la zona Beatriz, Domingos y Victoria, en sosegada tertulia entre portugués y español Apenas 150 metros separan Río Honor, de España, de Rio de Onor, de Portugal, dos pequeños pueblos divididos hoy por un pequeño muro de piedra que pueden convertirse, si la Unión Europea lo dispone, en la primera aldea europea Una euroaldea entre España y Portugal TEXTO Y FOTOS: BELÉN RODRIGO Un pequeño muro de piedra nos recuerda hoy que cambiamos de país cuando pasamos del pueblo español Río Honor a Rio de Onor, ya en suelo portugués. Antiguamente una cadena separaba ambos territorios y los coches debían dar un rodeo de 60 kilómetros para pasar de una aldea a otra, mientras que un guardia se encargaba de autorizar el paso de las personas, principalmente portugueses que querían comprar caramelos en el lado español. En medio de los dos países se encuentra una huerta que comparten y trabajan en conjunto españoles y portugueses. Ni antes ni ahora los habitantes de ambas aldeas se han sentido divididos, porque hay familias repartidas a cada lado y son muchos los que poseen tierras en los dos territorios, pagando en cada uno de ellos sus respectivos impuestos. Son dos aldeas que se sienten una sola y que ven con agrado la posibilidad de convertirse en la primera euroaldea o sea, en la primeralocalidad de titularidad europea. Los trabajos del etnólogo Jorge Dias despertaron la curiosidad en el español Carlos Brito, hoy presidente de la Asociación para el Desarrollo Integrado de Sanabria y Carballeda. Su amigo y teniente alcalde de Braganza, Rui Caseiro, comparte con él el sueño de convertir a estos dos pequeños pueblos en la primera aldea europea. Un proyecto que necesita apoyo económico y político para ser lanzado como tal en la Unión Europea. Hace dos años, eurodiputados visitaron las aldeas y vieron con agrado la idea, el proyecto ya está en Bruselas, aunque la burocracia es lenta y nadie quiere fijar fechas. guel Preto Ramos visita a sus amigos portugueses en el bar de Antonio Preto. Con madre portuguesa y padre español... yo me siento igual a ambos lados, ni los diferencio. Tengo terrenos en las dos partes Él y los pocos españoles que ya quedan en Rio de Honor toman cerveza en este bar, el único que existe en la zona. Antonio Preto abastece el local de productos españoles porque los alimentos son más baratos y el queso y el jamón son muy buenos En una pequeña terraza del bar está sentada la mujer de Antonio, Victoria, que teje medias con lana de oveja para, después, venderlas. Con ella está Beatriz, española, y Domingos, portugués. Allí pasan habitualmente las tardes. Las mañanas, muy madrugadoras, las dedican fundamentalmente a sacar al ganado. La tienda de Milín Los colores se comparten sin problemas. Aquí no hay guerra de banderas a Ni España ni Portugal: arriba y abajo para el Consejo de Ancianos Son apenas 150 metros los que separan a un pueblo de otro y que ni siquiera ellos los distinguen. Tanto es así que prefieren diferenciarlos con arriba en la parte española, y abajo en la portuguesa. Cada uno habla en su idioma, o una mezcla de ambos. Hace cuarenta años existía un dialecto propio, el rionorés, ya perdido. En los pagos, con el euro acaba por ser todo mucho más fácil, ya que antes se utilizaban las dos monedas: la peseta y el escudo. Durante unos años compartían también párroco para las misas y cada quince días se celebraba la Eucaristía en un lado. Si hay algo que caracteriza a este pueblo es el Consejo de Ancianos donde se debaten los temas más polémicos hasta conseguir el consenso de los ciudadanos. Trabajos comunitarios Paseando por sus calles se respira un ambiente especial gracias a su entorno verde y sosegado. Y es, sobre todo, la gente de la tierra la que te permite comprobar que se trata de un lugar di- ferente, con infinitas historias para contar, en donde no existen diferencias entre portugueses y españoles y donde los trabajos comunitarios todavía hoy tienen sentido. En el lado portugués viven 65 personas, muchas de ellas se marchan cada día a trabajar a Braganza y el fin de semana llegan familiares que han decidido salir de la aldea para ganarse la vida. En el lado español, sólo 15 personas permanecen diariamente en el pueblo, que se llena tan sólo en los meses de verano. Cada tarde, después de comer, Mi- En tierra española está la tradicional tienda de Milín, la única que existe a ambos lados. Su hijo Manuel se ocupa del negocio, junto a su mujer, y asegura que con la entrada de los dos países en la UE los portugueses ya tienen acceso a productos que antes nunca podían comprar. Manuel se lamenta de que queden tan pocas personas en el lado español y se emociona al hablar del verano, cuando llegan madrileños, catalanes, vascos... Las fiestas son muy divertidas porque tenemos baile, orquesta... y las calles están siempre llenas de gente Para quien vive en la ciudad es difícil pensar que existen todavía lugares así, donde la convivencia y el trabajo comunitario priman sobre lo demás. Por eso, ante la idea de convertirse en una aldea europea, uno piensa que este pequeño territorio, olvidado entre montañas, podrá servir de ejemplo para otros muchos pueblos siempre y cuando sepan mantener, como lo han hecho hasta ahora, su personalidad y características propias.