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6 Opinión LUNES 30 5 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN AZNAR Y LA EUROPA BANAL ¿LA HORA DE LOS MOVIMIENTOS CÍVICOS? La manifestación convocada por la AVT y otras organizaciones para el próximo 4 de junio ha servido para redescubrir los valores de la movilización ciudadana. El autor destaca la labor de estos colectivos, que llenaron un enorme agujero del sistema en la lucha contra ETA E N estos tiempos de discursos y proposiciones políticas banales, el libro Retratos y Perfiles (Planeta) de José María Aznar, el gran presidente de España que dejó a su nación a las puertas del G- 8 y derrotó al terrorismo vasco, resulta refrescante. Y además tiene claves esenciales para comprender lo que ahora está ocurriendo en Europa. El libro puede leerse, incluso, de forma desordenada. Personalmente, recomendaría comenzar por el capítulo dedicado a su mujer, Ana Botella, muy útil para conocer su vida privada. El filósofo Javier Gomá suele repetir, y lo suscribo, que lo que más debiera interesar de los políticos es su privacidad. Aznar, del JORGE TRIAS que se dice que es un SAGNIER hombre seco, lo que ocurre es que es que es un hombre serio. Sí, Aznar es quizás el presidente más serio y solvente que ha tenido España en nuestra reciente historia constitucional. Lo que cuenta Aznar en su libro es, además, de la máxima actualidad, ya que en Francia ayer, al margen del resultado del referéndum, se estrelló un modelo político sin convicciones que tanto combatió Aznar en Europa durante sus años de buen gobierno español. Pocas veces he visto un retrato tan bien hecho, tan cruel y descarnado, pero tan respetuoso, como el que hace nuestro ex presidente de Chirac, un personaje rocambolesco, socio político de Ruiz- Mateos en el Parlamento Europeo en el año 1989, y mentor ahora de nuestro Zapatero. Y también recomiendo vivamente, para comprender nuestras difíciles relaciones con Marruecos, el capítulo dedicado al rey Hassan II. Cuando Aznar se niega a discutir con el hermano mayor de nuestro Rey sobre dos ciudades españolas el lector se da enseguida cuenta de que está ante un patriota que no tuvo otro objetivo, en los ochos años que estuvo al frente del Gobierno, que velar por los intereses de España. The Economist que suele frecuentemente equivocarse en sus análisis políticos, pensó que con la guerra de Irak iban a caer, después de que Aznar dejase el Gobierno, Bush y Blair. Colocó sus retratos juntos en una histórica portada como si fuesen naipes. ¿Dónde están hoy, en cambio, Schröder y Chirac? El primero, al borde del abismo político; y el segundo, con la catástrofe del resultado del referéndum, derrotado en una nación que le rechaza abiertamente. La Constitución europea que aprobamos en España hace unas semanas no levanta, como ayer se vio, demasiados entusiasmos. Ya lo dijo Juan Pablo II y lo repetía constantemente Ratzinger, hoy Benedicto XVI: una Europa basada en la banalidad está abocada al fracaso. Lean el libro de Aznar, pues encontrarán entre sus páginas muchas claves de la política española y de nuestro papel en el mundo, especialmente en Europa. A la vista del odio que destilan las críticas que le propina el diario El País les aseguro que se trata de una obra imprescindible. E L papel de los grupos cívicos y de víctimas del terrorismo en la lucha contra ETA está siendo maltratado justo cuando los más optimistas ven a la banda políticamente hundida, quizá madura para alguna salida dialogada de la violencia o, mucho mejor aún, de rendición ordenada. Pocos personajes influyentes consideran que los grupos cívicos hayan tenido un papel relevante en este proceso... salvo los días en que la manifestación salía a su gusto y les daba fotos estupendas. De ahí que la convocada por la AVT haya provocado el redescubrimiento de la movilización ciudadana, habitualmente ignorada o tratada como un espectáculo folclórico, no carente de gracia coreográfica. En el debate sobre el estado de la Nación, donde la estrategia contra ETA fue tema estrella, nadie mencionó, creo, el papel de la movilización ciudadana en el debilitamiento de ETA y en el correlativo refuerzo del Estado de Derecho. Tampoco aparece entre los factores principales de lucha contra el terrorismo enumerados en la moción aprobada, salvo por el PP, el pasado martes 17. Al final del farragoso documento hay una referencia en tono de despedida, una especie de aficionados, lo habéis hecho muy bien, ahora marchaos a casa y dejar que se ocupen los profesionales Sin embargo, los grupos cívicos y los colectivos de víctimas llenaron un enorme agujero del sistema que ni las instituciones ni los partidos políticos fueron capaces de colmar: la solidaridad con los afectados, la responsabilización de los ciudadanos en la lucha por la libertad, el rearme moral del Estado de Derecho. La movilización ciudadana ataca al terrorismo mejorando la democracia, porque implica a más personas y grupos en la defensa activa del sistema, en lugar de apuntarse a su fácil (y comprensible) desprestigio; es saludable reconocerlo. Pero el reconocimiento es raro. En manos de algunos héroes de tertulia que predican la yihad desde sus minaretes radiofónicos, se ha convertido en un ataque no ya contra ETA, sino, ahora que no parece tan peligrosa, contra quienes más se han enfrentado a la banda. Los movimientos cívicos pueden sobrevivir a la minusvaloración, al ninguneo e incluso a la animadversión. A lo que no conseguirán sobrevivir es al auge brutal del sectarismo que los ha escogido como tierra prometida. Los movimientos cívicos sólo pueden llamarse así cuando son capaces de reunir a personas de distintas preferencias políticas, o simplemente neutrales en las querellas partidistas. Lo suyo es trabajar en reforzar los valores e ideas comunes, no en ensanchar las inevitables fisuras y diferencias. No toca esto último y por eso están sufriendo lo suyo. El caso es que, tras varios meses de olvido, los teléfonos de los grupos cívicos han rozado el colapso. El motivo era conocer su actitud hacia la manifestación convocada por la AVT y otros grupos para el día 4 de junio. Bastó con que Fernando Savater, de Basta Ya, manifestara su desacuerdo con la convocatoria por considerarla exagerada y sin