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ABC LUNES 30 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC Y FRANCIA UTILIZÓ LA METRALLETA... POR ÍÑIGO MÉNDEZ DE VIGO ...Nueve Estados que representan a 220 millones de europeos han apostado por el Sí. Habrá que esperar, en consecuencia, hasta el final del proceso. Mientras tanto, deberemos seguir haciendo frente a los retos del presente... Q UIENES no leyeron el artículo que publiqué hace un mes en estas mismas páginas se sorprenderán ante el titular de esta Tercera. Se impone una explicación. Recogía entonces una reflexión de Alain Lamassoure, coordinador de la campaña por el Sí en el partido del Gobierno francés, para quien en todo referéndum se le pone al elector una metralleta en una mano y una papeleta en la otra. Obviamente Alain y yo éramos partidarios del uso de la papeleta, pero por los primeros resultados que conocemos parece que los herederos de Descartes han optado por la metralleta. ¿Qué ha sucedido en Francia con un proceso constituyente puesto en marcha por los cohabitacionistas Chirac y Jospin en el año 2000? ¿Cómo se explica que el pasado 25 de febrero el Congreso de Francia, asamblea que agrupa a todos los diputados y senadores, se pronunciara a favor del Tratado constitucional por el abrumador resultado de 730 votos a favor y 66 en contra y sólo tres meses después asistamos a un escenario radicalmente diferente? sario europeo que la inspiró, se convirtió en el exponente del déficit social de la Unión Europea. Y en lugar de explicar y rebatir esa tesis, ¡Chirac se puso a la cabeza de la manifestación y exigió su retirada! Además, adoptamos una actitud defensiva y fuimos incapaces, demasiadas veces, de rebatir las mentiras y las falacias de los partidarios del No. Esta campaña ha demostrado que Europa requiere mucha pedagogía, más explicaciones y toneladas de humildad. Los partidarios del No encontraron un referente en el antiguo primer ministro Laurent Fabius, quien dio credibilidad a una extraña amalgama de personajes que se mostraban incapaces de ir a tomar un café juntos. Recuerdo una anécdota, particularmente esclarecedora, de las excelentes relaciones entre los partidarios del No. Debatían en un programa televisivo de gran audiencia un ministro del Gobierno, defensor del Sí, y un dirigente del Frente Nacional, partidario del No. Al término del mismo, la entrevistadora se dirigió al dirigente ultraderechista y le conminó a abandonar el plató de televisión por una puerta determinada. He prometido al siguiente invitado, partidario como usted del No, que nadie los verá juntos en antena le espetó ante el estupor de los telespectadores que, como quien esto escribe, se acostaron esa noche preguntándose quiénes eran en realidad los partidarios del No. Cuando el coordinador de los socialistas, el antiguo presidente de la Comisión Jacques Delors, efectuó unas declaraciones en las que parecía indicar la posibilidad de una renegociación del texto constitucional en caso de victoria del No, otorgó un argumento suplementario a sus adversarios. Votemos No, de- bieron de pensar muchos, porque así manifestamos nuestro rechazo al Gobierno, a la partitocracia, y luego ya buscaremos una solución- -el llamado plan B- que sin duda resultará más favorable para los intereses de Francia. Pero, en mi opinión, lo más inquietante de esta campaña ha sido el resurgir del egoísmo nacionalista. Se han vuelto a utilizar argumentos xenófobos que padecimos hace veintitantos años cuando España negociaba su entrada en las entonces Comunidades europeas. El rechazo al otro y el miedo a lo desconocido han estado presentes en todos y cada uno de los debates de esta campaña. Y esto es particularmente grave, porque si hoy el enemigo a batir es Europa, mañana lo serán el moro o el polaco que habitan en nuestras ciudades. En su testamento político leído solemnemente ante el Parlamento europeo, François Mitterrand lo expresó de forma lapidaria: Los nacionalismos son la guerra Parece que aquella lección de europeísmo no ha dado todos los frutos deseados. No es fácil hacer un buen análisis sin perspectiva ni sosiego, por lo que me limitaré a dar unos brochazos con las ideas más sobresalientes de esta larga y agónica campaña referendaria. Existe, en primer lugar, un cierto falseamiento en la representación parlamentaria de las cámaras legislativas de Francia, debido al sistema electoral que obliga a concentrar en la segunda vuelta el voto en los grandes partidos del centro derecha y del centro izquierda. El resultado es la exclusión del Parlamento de fuerzas como el Frente Nacional o de la extrema izquierda que recogen aproximadamente el 15 por ciento y el 12 por ciento de los sufragios, respectivamente. Estamos, pues, hablando del 27 por ciento del electorado, que constituye un voto antisistema y que ha sido el núcleo duro del voto del No. En segundo lugar, y aunque quienes hemos participado de forma activa en la campaña francesa hemos insistido una y otra vez en que se dilucidaba si la Constitución era mejor o peor que los Tratados actualmente vigentes, lo cierto es que el debate ha sido franco- francés: poco texto y mucho contexto. Y este último era un campo abonado para los partidarios del No, debido al alto número de desempleados o la incapacidad del Gobierno para acometer las reformas necesarias para lograr mayor crecimiento y mejor competitividad. Parafraseando a Ortega, lo que le pasa a Francia es que no sabe lo que le pasa. De ahí la crisis de confianza en sí mismos expresada en un malestar profundo que la lengua de Molière define como la grogne. Por si todo esto fuera poco, los partidarios del Sí no hemos dado una a derechas. El proyecto de directiva de liberación de servicios, rebautizada por los partidarios del No como directiva Frankenstein en lugar de Bolkenstein, nombre del Comi- ¿Y ahora, qué? Pues, como sucede en una comunidad de derecho, hay que cumplir lo pactado: el propio Tratado constitucional establece de plazo hasta noviembre del año 2006 para ultimar el proceso de ratificación en los 25 Estados miembros. Si para esa fecha un mínimo de veinte han ratificado la Constitución y uno o dos no lo han hecho, el Consejo europeo deberá ocuparse del asunto. Por tanto, lo lógico, y también lo democrático, es permitir la expresión de los 25 estados miembros firmantes del Tratado constitucional en Roma el pasado mes de octubre. Frente a Francia, que ha optado por el No, otros nueve Estados- -entre ellos Alemania, Italia y España- que representan a 220 millones de europeos, han apostado por el Sí. Habrá que esperar, en consecuencia, hasta el final del proceso. Mientras tanto, deberemos seguir haciendo frente a los retos del presente y, con particular urgencia, acometer la futura financiación de la Unión Europea, cuestión esta de vital importancia para España. Ya que menciono a nuestro país, la consulta de ayer ha debido de plantear muchos interrogantes al señor Rodríguez Zapatero. Después de la derrota de Schroeder en Renania- Westfalia hace siete días y del fracaso ayer de Chirac, la autodenominada vuelta a Europa de Rodríguez Zapatero ha resultado ser la política de seguidismo hacia un eje perdedor. Debería reflexionar el presidente del Gobierno sobre los líos en que está metiendo a nuestro país. Cuando se extingue la última conversación y queda el eco de las palabras de ánimo a los amigos franceses, mis ojos se fijan en la pulsera roja de Madrid 2012. ¿Es imaginable que la capital de un país dividido y que acaba de infligir un serio revés a Europa pueda ser sede de unos Juegos Olímpicos?