Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 29 5 2005 Cultura 77 Don Carlo vuelve al Real en las voces de Sánchez, Zajick, Scandiuzzi y Scola b CLÁSICA Ibermúsica Obras de Franck y Shostakovich. Int. Vahan Mardirossian, piano. Orquesta Nacional de Francia. Dir. Kurt Masur. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 24- V La ópera de Verdi se repone en la monumental producción histórica del director de escena Hugo de Ana, que musicalmente está dirigida por Jesús López Cobos RECUERDOS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE S. GAVIÑA MADRID. El Teatro Real repone, a partir de mañana, su producción de la ópera Don Carlo de Verdi, en el montaje realizado en 2000 por el argentino Hugo de Ana. En el reparto, donde el único que repite es el bajo Roberto Scandiuzzi, como Felipe II, hay nombres tan importantes como los de Ana María Sánchez, en el papel de Isabel de Valois, Dolora Zajick, como la princesa de Éboli, o Vincenzo la Scola, que interpreta a Don Carlo. Todos ellos dirigidos musicalmente por Jesús López Cobos. En cuanto a la partitura, de la que Verdi escribió hasta seis versiones, se podrá escuchar la de Milán, estrenada en 1884 en la Scala, y que se desarrolla en cuatro actos (la de París se alargaba en uno más, y su estreno, que tuvo lugar en 1867, no fue muy bien acogido por el público) Para López Cobos lo interesante en Verdi radica sobre todo en el tratamiento teatral y psicológico de los personajes Aunque afirma que lo que se representa sobre el escenario tiene poco que ver con la historia real matiza que el compositor italiano se interesó por temas universales que están presentes en la obra homónima de Schiller, en la que está inspirado el libreto de Achille de Lauzières y Angelo Zanardini. Entre los temas que aborda Verdi, López Cobos apunta la posición innegociable entre el poder y el deseo la figura del padre, la denuncia de la dictadura, y el anticlericalismo. Por su parte, Hugo de Ana, que ha recreado hasta el mínimo detalle la ambientación de la época y el vestuario- para ello he pasado mucho tiempo en el Museo del Prado considera que la obra está construida sobre un triángulo de poder, y cuanto más asciendes en él, más solo estás El director de escena argentino, que ha montado esta ópera en media docena de ocasiones, insiste en que Felipe II es un humanista y no un dictador. Es un rey burócrata con muchos conflictos y rivalidades a su alrededor Si bien todo el elenco muestra su preferencia por la versión de cuatro actos, la soprano alicantina Ana María Sánchez es una excepción, pues afirma que se comprende mucho mejor a su personaje, Isabel de Valois, en la versión más larga. Musicalmente, destaca el dúo con Don Carlo, casi al final, que contiene un aria maravillosa después de cinco horas y cuatro trajes bromea. D Marilyn Manson, durante su actuación en Festimad Sur EFE ROCK Festimad Sur Marilyn Manson, Slayer, Nightwish, Turbonegro, The Hives, Mastodon, Caliban, Sick of it All, The dilinger escape plan, Skizoo, Legen Beltza, Rip KC y Estirpe, entre otros. Lugar: Parque de La Cantueña de Fuenlabrada (Madrid) Fecha: 27 de mayo RODILLO METÁLICO J. HERNÁNDEZ staba claro el aviso de la organización: había que llevarse tapones para los oídos. Menuda apisonadora metálica que se venía encima con semejante cartel. Que si trash metal de toda la vida a cargo de los veteranos Slayer, Mastodon o Caliban, hasta el gótico de los nórdicos Nightwish, por no hablar de Marilyn Manson, la gran estrella de la noche. Daba lo mismo, caña por todos los lados. Si uno se iba al escenario Heineken o al Mad no hacía más que oír guitarras a un ritmo infernal, acompañadas de una batería demoledora y de un vocalista poseído por el diablo. Pero la cosa, más que mejorar, empeoraba en la carpa, pues a la estridencia de los mencionados Caliban y Mastodon o Sick of it All se unía un sonido retumbador que hacía altamente recomendable poner pies en polvorosa. Los únicos momentos de descanso metalero llegaron con The Hives y su pancroc (punk- rock) como dijo su cantante en un castellano chapuceado, y ese piano de medio tiempo rockero de Nightwish en Nemo uno de sus E grandes éxitos. Fue como una suave brisa fresca en una noche calurosa de verano: breve pero un gran alivio para los allí presentes. Con Turbonegro tampoco hubo tregua, que para eso el Festimad Sur de este año suda acero por los cuatro costados. Y tanta potencia de vatios debió haber que la música empezó a oírse fatal en plena actuación de Nightwish y, lo que es peor, llegó a su momento culmen cuando Manson puso su final efectista a la noche del festival. El mal fario se quedo sólo en el escenario Heineken. El de Mad no sufrió los mismos estragos y así unos Turbonegro herederos de WASP y King Diamond tocaron a sus anchas himnos como City of Satan o Wasted again Después vendrían Tom Araya, Kerry King y el resto de Slayer para demostrar quiénes son los reyes del metal más duro, compacto y potente. Su actuación dejó un tanto huérfano a Marilyn Manson, que salió con casi media hora de retraso al escenario, un sonido bastante malo y un paquete de canciones deslavazado. Tiró, como siempre, de su lado más grotesco- -lo último, unos zancos al más puro estilo de los gigantes y cabezudos- -en su puesta en escena. Pero aparte de eso, poco más. Interpretó sus ya clásicos Rock is dead o Beautiful people pero a medida que avanzaba la noche, parecía como si Brian Warner se fuera contagiando del mal sonido. Sus fans, que ahí sí que llenaron la explanada Skunkfunk, esperaban versiones con pegada. Y Manson lo intentó con Sweet Dreams Personal Jesus y Changed Love temas faltos de ritmo y con unas guitarras que, sin saberse el por qué, tan pronto iban como venían. irectores como Kurt Masur son, hoy por hoy, una gota de aceite flotando en el mar de la música. Es lógico. Rondar los ochenta años significa haber vivido lo suficiente como para conocer tiempos y espacios distintos a los actuales. Los de Masur se adivinan más tranquilos, reflexivos y acústicamente tintados por un especial colorido instrumental, tan diferente a ése que la tabla rasa de la internacionalización está imponiendo en las orquestas. La Europa del Este, Leipzig, marca buena parte de vida de Masur. Quizá pueda encontrarse ahí el origen de ese temple que, ahora, luce la Orquesta Nacional de Francia. Masur es su director titular desde hace tres, y algo debe haber aprendido junto a él para que la cuerda suene con semejante empaste, sustancia y esmero, para que el viento, y en especial el metal, conserve su claridad e individualismo, y para que el conjunto se una con tanta calidez. Con todo, lo importante es que Masur ha venido a demostrarnos que todavía hay espacio para mirar hacia dentro y huir del espectáculo. Su estilo es lacónico, ya se sabe, y en la misma proporción detallista y meticuloso. Ha hecho buenas migas con el joven pianista Vahan Mardirossian, nuevo en esta plaza, quien también se niega al alarde fácil. El encuentro ofreció momentos de mucha intensidad como el lento de las Variaciones sinfónicas de Franck que compensaron con creces alguna pequeña pérdida de tensión y otro mínimo desacuerdo en el final. Por sí solo, Masur se enfrentó a la Sinfonía en re del autor belga francés y a la primera de Shostakovich. En ambos casos ofreciendo versiones muy masticadas, dichas, capaces, en el primer caso, de otorgar limpieza y ascetismo ahí donde la densidad orquestal es peligrosamente manifiesta, y de imponer, en Shostakovich, coherencia más allá de lo inevitablemente dispar. Sin prisas, Masur dio forma unitaria a una obra en la que ya afloran las fantasías del soviético: lo trágico, la resignación, el trepidar maquinista o la evocación militar. Lo hizo con un aplomo admirable. De ahí que no fuera un concierto de cara a la galería, tan sólo una demostración de musicalidad. Maestros como Masur es lo que tienen: parece que hacen música para un auditorio cuando en realidad sólo entablan amistad con aquellos que prefieren mantener la espalda recta antes que recostarse en la butaca.