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72 Cultura FERIA DEL LIBRO DE MADRID DOMINGO 29 5 2005 ABC FERNANDO IWASAKI Escritor La fe ya no basta, como en el barroco, para dejarnos arrancar una muela, hay anestesia MADRID. El neguijón podría haber estado en el bestiario borgiano de criaturas míticas y fabulosas. Nadie logró jamás capturarlo, pero durante mucho tiempo provocó insufribles dolores a los hombres que, supuestamente, lo albergaban en la boca. Se les permitía incluso blasfemar para aliviarse del gusano que devoraba sus dientes. Estamos en el barroco español, un tiempo sin par de vitalismo, religiosidad y también superchería. Iwasaki nos propone un viaje a este meollo en Neguijón (Alfaguara) la historia de un sacamuelas del siglo XVII dispuesto a todo por dar caza al gusano de la caries, contada, por así decir, con instrumentos originales, tanto en el lenguaje como en la suculenta mezcla de humores. El escritor peruano y colaborador de ABC demuestra cómo la mariposa iberoamericana del realismo mágico antes fue un gusano barroco español ¿Propone un viaje fabuloso a la novela histórica? -Para mí existe lo real, la verdad y lo verosímil. Como narrador, la historia está para utilizarla, es una herramienta. La verdad no me parece imprescindible al escribir, pero lo verosímil sí. -El combate contra el dolor era distinto y con armas disparatadas. -Nuestra época ha vencido el dolor. Cualquiera puede ir a una farmacia, comprar analgésicos, pero no era así hace cincuenta años. Los tornos hacían mucho daño porque llegaban al nervio con tranquilidad. Pero hoy podemos permitirnos la licencia de no asociar el dolor a una escatología, no en su sentido inmundo sino por su connotación de trasmundo. En aquella época las creencias sublimaban el dolor porque asociaban tu sufrimiento a la salvación. Cristo había sufrido. -La Imitatio Christi -Exactamente. Todo estaba teñido de religiosidad en el barroco, más que de espiritualidad, porque a veces era muy poco pía. Las fronteras entre superchería, ciencia y religión no estaban delimitadas. Aquella literatura tiene cosas sublimes, como el Quijote pero también disparatadas como los volúmenes de la biblioteca del neguijón. Esta novela trata de reconstruir esa cultura barroca delirante, a través de los gusanos, el dolor y los libros. Había tres dolores con indulgencia para blasfemar: el de muelas, el de almorranas y el dolor de piedra. Curiosamente el dolor de parto no. Yo padecí dos, y he de decir que uno se despacha a gusto. -La presencia de los libros es muy importante. -Es una novela acompañada no de bibliografía sino de biblioteca, porque los libros que se citan, existían, como muchos de los personajes. ¿Por qué eligió los dientes? Fernando Iwasaki publica Neguijón la historia del rastro de dolor dejado por un sacamuelas del XVII y también un inventario de saberes y supercherías de la época cervantina TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTO: JAVIER PRIETO Fernando Iwasaki, durante la entrevista en la que explica su fabulosa novela -Porque quería reflexionar sobre el dolor. Hay quien no tuvo un cólico nefrítico, o un parto. Pero los dientes... ¡Todos tenemos en la memoria esa experiencia terrible! El de las muelas es el sufrimiento universal. Cualquiera que esté abriendo la boca en este instante y sintiendo que un objeto metálico taladra sus muelas tiene que estar absolutamente sobrecogido. ¿Qué opina de la cirugía estética después de escribir Neguijón -Ya no la veo como el capricho del siglo XXI, sino como una necesidad de nuestra época, porque el barroco era un mundo de gente baldada, remendada, malcosida, requemada, que padecía cosas que sólo se curaban con fuego. Las hemorroides se quemaban con cauterio de plomo derretido y vitriolo. ¿Está en la España barroca la raíz del realismo mágico? -Cuando un americano como yo lleva en España muchos años, toca las narices que te hablen de una ceremonia vudú en Colombia, y que digan claro, son las cosas de Hispanoamérica, el realismo mágico... Cuando oigo que en Almería muere alguien en un exorcismo, cuando veo que en la tele un astrólogo, un echador de cartas, un charlatán tienen más tiempo que un científico... -Tal vez un surrealismo mágico... -No es de una aldea como Macondo, sino de un edificio como éste, donde abunda el metacrilato. En Neguijón quería ofrecer cómo contempla hoy la mirada de un latinoamericano lo que fue el realismo mágico español del barroco. -Uslar Pietri habló de que los españoles llevamos a América nuestra intimidad con la muerte. ¿Está de acuerdo? -Creo que Uslar tiene razón. Basta ir por México un día de difuntos, para ver calaveritas de azucar o san pascualitos bailones. Allí se celebra y festeja la muerte. Yo, que vivo en Andalucía, doy fe que aquí se vive de una manera similar. Vivir en España me permite conocer mejor mi país. -El libro tiene un tono cervantino. -Es la época. No podemos proclamar que nos gusta el Quijote sin conocerla. Más de un personaje de mi novela vive en la locura de los libros. Había muchos que podrían haber sido Quijanos en la España barroca. Las crónicas de Indias, los libros de medicina, las místicas del infierno, todos esos libros influían en la mentalidad de los hombres y mujeres. Eso lo perderíamos si sólo nos quedamos con la idea del Quijote y los libros de caballerías. -Contra el dolor, muchos sólo blandían la fe. -Hemos reproducido en el libro los artilugios del sacamuelas barroco, es mejor que el lector contemple el descarnador y se lo imagine en sus encías. Hoy, por más que haya gente muy devota, todo el mundo prefiere anestesia, nadie piensa que con la fe basta para dejarse arrancar una muela. -Hay un gran humor también, un gran vitalismo en la narración. -Sí, aparte del dolor hay mucho humor, porque quise crear algunos personajes de punto de fuga a esas descripciones del sufrimiento. No crean que sólo hay angustia porque, a pesar del dolor, los españoles seguían con una actitud muy vitalista, risueños y con gran sentido el humor, aunque a veces fuera grueso. Mi novela es un homenaje a la vitalidad de aquellas criaturas. -Hay personajes reconocibles y una buena sorpresa... -Las mezclo con unos y con otros. Muchos han leído la novela en manuscrito, encantados de que haya trasuntos suyos por el XVI. Tortajada es trasunto de un amigo poeta que falleció, Vicente Tortajada; y el homenaje quiere ser muy grande, el lector lo descubrirá como una sorpresa.