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44 Madrid DOMINGO 29 5 2005 ABC Una forma alternativa de conocer las tierras de esta región es subirse a un globo. Sólo hace falta que haga buen día, madrugar y, cómo no, algo de espíritu aventurero Un paseo a 300 metros de altura TEXTO: MARIANO CALLEJA FOTOS: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. La cita es a las ocho de la mañana junto a Madrid Xanadú, en Arroyomolinos. Ha amanecido claro, sin viento y sin amenaza de cambios bruscos de tiempo. Es un buen día para volar en globo. Al que llega de novato, las dudas le asaltan en cuanto ve esa cesta en la que tendrá que subir dentro de un rato y que se elevará hasta quién sabe dónde colgada de un globo. Pero no está claro por qué, si por el espíritu aventurero que le surge al madrileño los fines de semana o más bien porque es temprano y todavía no se rige bien, los que llegan hasta ahí acaban pensando lo mismo: ahora o nunca. Y como dicen que hay que volar en globo al menos una vez en la vida, como plantar un árbol o escribir un libro, pues allá que van uno detrás de otro. El globo, henchido de aire caliente, suelta sus amarras y se aleja de todo. Los paseos en globo desde Madrid Xanadú pueden realizarse todos los días del año, siempre que haga buen tiempo. Sólo se hace un vuelo al día, a las ocho de la mañana, a un precio de 150 euros por persona. Y un dato de interés, que añade morbo al asunto: siempre se sabe desde dónde se parte, pero no dónde se aterrizará. Depende, básicamente, del viento y de la destreza del piloto- -que buscará las distintas corrientes de aire a diferentes alturas- ya que el globo no tiene mandos ni puede dirigirse como una avioneta. En esta ocasión han partido cinco globos, una liebre seguida por cuatro galgos que deberán aterrizar lo más cerca posible de la primera para ganar. La sensación de volar en globo es como flotar, pero sin vértigo. No hay movimientos bruscos, ni siquiera sensación de velocidad. En seguida sube y antes de que uno se dé cuenta está a 300 metros del suelo. Con la misma velocidad puede descender si el piloto, que en esta ocasión es Manuel Duque, primo del astronauta, no le mete una fuerte bocanada de aire caliente. Duque controla la velocidad y la dirección subiendo y bajando de altura; cada corriente de aire es como una autopista. Sólo hay que encontrarlas. Los globos parten de Madrid Xanadú y vuelan durante más de una hora. El piloto tratará de aterrizar en una zona accesible El vuelo prosigue y cruza la A- 5, con bastante tráfico ya a esas horas de la mañana. Cuando lleguen a la capital será peor. Sobre Navalcarnero, la torre de la iglesia apunta hacia estos objetos volantes perfectamente identificados por los vecinos, que ya ni se inmutan por aquellos paseos diarios. Tras una hora de vida en otro mundo, porque eso es otro mundo, el piloto aconseja a los pasajeros que cuando vayan a aterrizar se agachen y se agarren con fuerza. El globo decide posarse en medio de un valle, después de dos rebotes en la tierra, entre huertos y viñedos. Y es aquí cuando entra en acción el equipo de rescate, que deberá localizar y recoger lo caído del cielo. Datos de interés Dirección. Centro Comercial y de Ocio Madrid Xanadú. A- 5 Autovía de Extremadura, salidas 22 y 25. Web: www. vuelaenmadridxanadu. com. Tel. 91.859.61.21. El viaje. El despegue se produce al despuntar el día, cuando el fluido de la atmósfera por el que se navega está completamente tranquilo y estable. El vuelo se realiza a una altura de entre 0 y 300 metros. La duración es de una hora aproximadamente, en función de la dirección e intensidad del viento. El tiempo total de la actividad, rescate y regreso incluidos, es de unas tres horas. Al finalizar la actividad, se entrega un diploma y se hace este brindis con cava: Siguiendo la tradición aeronáutica que dura más de 200 años, bautizamos este suelo sobre el que hemos despegado Los paseos pueden realizarse todos los días del año, con la condición de que haga buen tiempo. El precio por persona es de 150 euros. Hay quien reserva los globos para despedidas de solteros, pedidas de mano e incluso cuentan que en una ocasión pidieron colocar una sábana negra que separara al piloto de los ocupantes. Las dos caras de Madrid Allá abajo queda atrás el centro comercial, con Madrid en el horizonte, y los globos sobrevuelan un poblado chabolista. Desde arriba el contraste entre la cara alegre y la cara triste de la región es más evidente. Un poco más allá, se encuentra la cárcel de Navalcarnero. Los presos comienzan a salir a los patios y señalan hacia los globos, mientras saludan y saltan como queriendo agarrarse a uno de ellos para salir- -volando- -de ahí.