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ABC DOMINGO 29 5 2005 Nacional 21 ÁLVARO DELGADO- GAL SON USTEDES GENIALES N o es fácil entender lo que ha ocurrido estos días entre ETA y el Gobierno. La propia ETA no lo entiende, a juzgar por la cara de pasmo que puso Otegi cuando supo que iba a amanecer en la cárcel. Los intérpretes de prodigios, luego de haber consultado los libros augurales, se adhieren a dos tesis distintas. El que ambas sean inauditas no excluye que una de ellas pueda ser la buena. De hecho, se mira alrededor y no se aprecian rastros que avalen tesis alternativas. Empiezo por la que se me antoja más increíble. Según la tesis número uno, el Gobierno favoreció de alguna manera que se procediera al encarcelamiento de Otegi. Se arguye en abono de esto que el fiscal haya ido más allá que el propio juez en sus reclamaciones cautelares. En efecto, solicitó prisión incondicional. ¿Por qué habría intentado el Gobierno hacer algo así? Los valedores de la tesis afirman que al Gobierno le ha entrado una suerte de malestar retrospectivo, rayano en pánico tras el atentado de San Blas. Y que se ha echado atrás después de haber comprometido al Parlamento en el apoyo de una resolución que desde el principio ha suscitado polémica dentro y fuera del partido. Bien, pico en pesimista, pero incluso el pesimismo tiene un límite. No alcanzo a concebir tanta ligereza, por muy ligero, y lo es asaz, que sea este Gobierno. De añadidura, no veo con claridad cómo un Gobierno que consigue forzar un arresto no es capaz de completar la jugada y obtener lo que teóricamente quería. Es decir, prisión incondicional para Otegi. Paso, en consecuencia, a la tesis número dos. Ésta no excluye ligereza por parte del Gobierno. Pero pone más el acento en la ineptitud pura. Según la tesis número dos, Otegi fue arrestado al hilo de una diligencia judicial independiente. Al dirigente batasuno se le había levantado el aforamiento. Era por tanto vulnerable a acusaciones antiguas, y le ha tocado la china en el momento más inesperado. En circunstancias normales, habríamos asistido a una escaramuza rutinaria entre la justicia y el entramado etarra. Ocurre, sin embargo, que Otegi se había convertido, con la asistencia de Zapatero, en lo que aquél ha afirmado que era: el interlocutor de ETA en las negociacio- nes de paz, unas negociaciones solemnemente bendecidas por el Congreso. De ahí que el chinazo haya adquirido dimensiones muy serias. La gestión, por parte del Gobierno, ha sido de una imprudencia impresionante. Tanto en el caso de Argel como en el de Zúrich, se sondeó la voluntad de la banda en encuentros directos entre el Ejecutivo y los terroristas. Los encuentros fueron discretos, se realizaron en terreno neutral, y estuvieron sustraídos de propósito a los rigores que impone la aplicación de la ley. Aquí se procedió al revés. Se encendieron las candilejas, y se escogió como interlocutor a un tipo que hacía las funciones de embajador sin gozar de la concomitante inmunidad diplomática. No es extraño que Otegi se sintiese perplejo cuando le dijeron que era un preso. Eso no entraba en el guión, por mucho que el señor Rojo, desplegando una presciencia que se compadece mal con sus notorias insuficiencias analíticas, sostenga que sí entraba. ¿Persistirá el Gobierno en su estrategia? Si la tesis dos es cierta, asistiremos a un período de confusión, durante el cual podría ocurrir cualquier cosa. ¿Cuál es, por cierto, la estrategia No veo con claridad cómo un Gobierno que consigue forzar un arresto no es capaz de completar la jugada del Gobierno? El domingo pasado se nos sirvió por la prensa un primer esbozo o bosquejo. La idea matriz consiste en desinflar el plan Ibarreche mediante la elaboración de un segundo plan bajo control socialista. Se hablaría con una ETA ya disuelta sobre presos, mientras se da entrada al PCTV, testaferro político de los terroristas, en la confección de un nuevo estatuto para el País Vasco. Formalmente, no habría negociación con ETA, puesto que el interlocutor sería el PCTV. Materialmente, la negociación sería inevitable, ya que el PCTV es ETA. El planteamiento suma, a su carácter fraudulento, dos inconvenientes de peso. No es probable, primero, que ETA se resigne a fingir- -no se le exige más- -su rendición. Ni lo es, segundo, que entregue las armas antes de haber rematado una operación política. El plan, en fin, es un pésimo plan, y ahora menos prometedor todavía que antes. ¿Cuál será el balance si acaba todo por irse al traste? Un cierre de filas de la comunión nacionalista, compactada por la acción del Gobierno. Hace meses, Ibarreche acometió su aventura en solitario. En lo venidero, lo haría en sintonía con los elementos más radicales del nacionalismo. El PNV, al que el Gobierno ha querido desbordar por su lado aberztale, tendría aún menos escrúpulos en embestir de frente a la Constitución. No estaríamos como al principio. Estaríamos peor. Chapó, señores. Son ustedes unos genios.