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ABC DOMINGO 29 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA VUELTA DE LOS BUFONES POR MANUEL MANTERO ESCRITOR Y CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO EN ESTADOS UNIDOS Nos hemos democratizado, y hay más bufones que nunca. A nuestro servicio, no al de monarcas y aristócratas. No necesitan ser jorobados ni locos de remate para hacer el ridículo. Suministran una equilibradora liberación psíquica para no estallar de ansiedad... E N una Tercera que escribí hace algún tiempo proponía un minuto de risa al empezar cualquier acto, sin excepción de los del Congreso de Diputados, y que además los ciudadanos acudieran durante la primavera a convocatorias en las que el alcalde (o la alcaldesa) informara desde el balcón del Ayuntamiento de noticias tan hilarantes, por ejemplo, como la pronta devolución de Gibraltar a España. Dos horas de noticias hilarantes, tras las que los españoles iban a quedarse con el corazón y los pulmones de una criatura de veinte años y con el carácter más suave que una seda espiritual. No obstante, creo que se han ignorado mis recomendaciones, quizá por timidez, quizá por miedo a abandonar la rutina, y es una pena. De todas maneras, a los españoles no les resultará difícil encontrar diversión y risa, sin medidas revolucionarias como las mías. Porque estamos rodeados de bufones. Los bufones merecían su comida trabajando al servicio de reyes y nobles, les proporcionaban entretenimiento, autoestima, revulsivo. Los poderosos olvidaban junto a ellos sus problemas. Si hoy la gente se limpia y tranquiliza el alma con viajes de fin de semana, los bufones suponían una viajera liberación diaria, un paisaje humano donde el único requisito consistía en su anormalidad: los bufones tenían que ser ingeniosos y algo peor, estar física y mentalmente deteriorados. Enanos y locos, a los que más buscaban. Hoy nos cuesta trabajo comprender que las desgracias físicas o mentales se convirtieran en gracias para los demás. En Egipto había bufones, en el México de los aztecas, en China, en Roma; eran símbolos de autoridad y lujo. Pedro el Grande tuvo en Rusia una multitud de ellos. En España fue célebre un bufón de Carlos V, don Francesillo de Zúñiga; en Inglaterra, Archibald Armstrong, bufón de Carlos I. Nos hemos democratizado, y hay más bufones que nunca. A nuestro servicio, no al de monarcas y aristócratas. No necesitan ser jorobados ni locos de remate para hacer el ridículo (como don Quijote, ese bufón genial) Suministran una equilibradora liberación psíquica para no estallar de ansiedad con las zozobras de cada día. bandera lo exaspera, como la cruz y el agua bendita al poseído por el demonio. Una de sus últimas bufonadas es pronosticar que antes de dos años ya no habrá violencia en España. ¿Cómo lo sabe él? El señor Maragall tampoco se libra de las bufonadas. Eso de que Cataluña pedirá formar parte de la unión de estados francófonos ha sido inaudito; la juerga durará. No comprendo cómo Maragall dice tales tonterías, porque es inteligente. Más de Cataluña, y conste que yo amo por sangre y afinidades culturales a Cataluña: la celebración del título de Liga en Barcelona ha dejado atónito a medio mundo. Como si once Premios Nobel, no once jugadores, hubieran descubierto la curación inmediata de todos los tipos de cáncer. Me reí de veras con los insultos a Madrid y gesticulaciones del jugador Samuel Eto o. Y qué decir de las banderas separatistas que se vieron en el campo de batalla, perdón, campo de fútbol. Continuando con el tema del fútbol, habrá que señalar la chunga del noveleo mediático desarrollado en torno a la boda apócrifa de un jugador del Real Madrid, Ronaldo, contra una desairada y guapísima modelo, o la fiesta de cumpleaños de otro galáctico del Madrid, Beckham, el culmen de los varones guapos, como Carod- Rovira el de los desechados por la perfección platónica. niente que los tiernos niños de familias hispanas en Estados Unidos aprendieran la lingüística española. ¡Lingüística! Se refería, claro, a aprender la lengua, o tendríamos el suceso esplendoroso de un Chomsky hispano y preventivo, clonado milagrosamente. Otra bufonada, y grande, ha sido abrirle el Museo del Prado a Woody Allen para él solo y su familia. ¿Con qué derecho, cuando a los demás se les prohíbe la entrada en lunes? Visitaron las salas dedicadas a El Bosco, Goya y Velázquez. ¡Ah, empiezo a comprender! Habrá sido porque en esos tres pintores hay un magnífico muestrario de personas grotescas. De bufones. Qué espectáculo, los bufones delante del admirado bufón Woody Allen. Me relamo de gusto. Mucho presumir de pintores españoles. Esperemos que el Gobierno, como ha asegurado Rodríguez Zapatero, no apruebe las recomendaciones en rebaja de una despistada Subcomisión (bastante Sub) y las que puedan un día enviar al limbo a la Historia del Arte. Peligra también la autonomía de la Filología Inglesa y de otras como la Catalana, la Vasca y la Gallega. Peligra la Filosofía. Peligra la Cultura General. Todo esto suena a bufonada, donde los profesores son los menos bufones y los pobres alumnos los forzosos aspirantes al doctorado en Bufonería. A este paso, llegaremos a escuchar lo que yo en una clase: que Franco se casó con Isabel la Católica y tuvieron a Juan Carlos. Lo juro, es cierto. La cultura debe servir, antes que nada, para ganar sabiduría y estilo, y luego para ganar dinero. Estamos rodeados de bufones. Las entrevistas a los famosos me hacen reír mucho, en especial a los famosos de invernadero. En toda entrevista hay cuatro posibilidades. Primera, torpes preguntas y torpes respuestas, como ¿Qué opina de que su marido le ponga a usted los cuernos? Opino que ella es una zorra Segunda, torpes preguntas e inteligentes respuestas, como Dicen que han visto al marido de usted con otra Sí, con tu madre Tercera posibilidad, inteligentes preguntas y torpes respuestas, como ¿Le emociona el colorido melancólico de la música de Albéniz? Mucho, ¿a quién no le entusiasma la música del Beni de Cádiz? Y por último, inteligentes preguntas e inteligentes respuestas como, ¿Quiere usted definir, señor político, su postura ante la cuestión religiosa? Allá va. No soy ni meapilas ni rompepilas Sin embargo, qué raro topar con casos de doble inteligencia. Francisco de Quevedo, en el Buscón, hace decir a un personaje chaveta, un bufón disparatado, que al mar se le podría chupar empleando esponjas. Y mi duda es si las delicadas esponjas de palabras que estamos oyendo estos días, esponjas de palabras de nuestros políticos para acabar con el terrorismo, serán capaces de empapar y lograr la desaparición del mar de sangre de los asesinados. Que un treinta por ciento de los españoles no lea un libro es noticia para llorar, pero divierte horrores que Julio Iglesias haya declarado (cuesta trabajo creerlo, ¿será una equivocación? que en su casa no hay libros, pues prefiere- -dice- -el libro abierto de la palabra en los hombres. ¡Ole la frase! A Julio Iglesias le escuché en un canal televisivo de Atlanta decir- -en español- -que era conve- Un inciso ahora. Al terminar y repasar este artículo antes de mandarlo, abro ABC y me encuentro con la columna de Jaime Campmany titulada Piruetea el bufón donde se refiere a Carod- Rovira. Me satisface la coincidencia. No sé si el señor CarodRovira es el mayor bufón de España, pero es un serio candidato. Y no ya por su cara, aunque tentaciones se me vienen de extenderme sobre el asunto. Decía Pérez Galdós de alguien, que tenía una cara tan fea que debiera ir a la cárcel: era verdaderamente una cara ilícita ¿Quién no se lo pasa bomba ante los follones que organiza Cara- Rovira, perdón, Carod- Rovira, el de ilicitudes más graves que su rostro? De su manía a la bandera española no hay que asustarse, él es quien se asusta: la