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ABC SÁBADO 28 5 2005 Los sábados de ABC 103 queño es un producto que una mujer de Sanghai, Singapur o Buenos Aires puede llevar. En la ropa hay distinciones. En China sólo las mujeres del norte tienen una estructura física adecuada, y en Japón hay ropa difícil de adaptar a la configuración de las habitantes de este país, porque la moda siempre se dirige a una mujer ideal, sin unas particularidades determinadas. Si la edad, el tipo físico o las circunstancias limitan el acceso a la moda, no ocurre lo mismo con los accesorios. Por eso evolucionan más. ¿Varía el perfil del consumidor de un lugar a otro? -Sí. Al acabar el año miro el listado y los nombres de los primeros treinta o cuarenta clientes de cada tienda en el mundo. Veo los que pagan en efectivo, no sólo con la tarjeta, y noto que eso está cambiando mucho. Lo interesante de la tienda de Valentino en Madrid, por ejemplo, es que es la única que tiene mayoría de señoras españolas entre las 20 o las 30 clientes top mientras que en las de París, Montecarlo o Milán los clientes son rusos o árabes, y eso es un dato. Ahora llegarán los chinos. Pero España es uno de los países en los que el lujo sigue siendo en cierta forma propiedad de una comunidad limitada, sofisticada, exclusiva. Los consumidores del lujo antes eran la gente sofisticada, ahora son los brutos los rusos, los árabes, los chinos... ¿Quién paga en efectivo? -Sobre todo los rusos. Pero también hay tiendas donde los europeos pagan al contado. En los grandes pagos mucha gente prefiere hacerlo en efectivo. ¿Evoluciona la demanda? -Bastante. Está influenciada por las marcas, pero está cambiando un poco la forma de vivir de la gente. Antes, las marcas de lujo vendían, sobre todo, para grandes eventos: cócteles, fiestas, noche... Ahora la gente vive un poco más de día que de noche e invierte su dinero en un objeto que pueda utilizar más a menudo, más que en un vestido para ir un día al teatro o a una fiesta concreta. ¿Cuáles son las técnicas de comunicación para el lujo? -Lo más importante es el soporte de la prensa especializada, que es la que celebra el éxito de una marca. Pero también la comunicación institucional es importante porque crea la imagen y, por tanto, la venta del producto. ¿El perfume salva al duro mercado de la alta costura? -Seguramente. La alta costura es pura comunicación, es como la Fórmula 1 para el automóvil, algo que no va a durar mucho porque ya apenas existen personas para hacerla. El perfume tiene una alta imagen, que no distorsiona la marca, y El accesorio (bolsos, gafas... es mucho más accesible que la ropa. No está sujeto al tipo físico, ni a la edad, ni a otras circunstancias Los enamorados de la moda compran muy caro- -aunque sea poco- -o muy barato. La crisis suelen acusarla los productos de gama media se vende por millones, lo que permite tocar un público joven, aspirante al gran lujo. La industria del perfume es la que más invierte en comunicación. ¿Qué relación hay entre el arte de esa parte artesanal del lujo y la industria? -Los dos conviven bastante bien. A partir de la alta costura, que es el producto más exclusivo del mundo- -ni los coches lo son tanto- todo lo que ésta utiliza de colores, tejidos, impresiones, son cosas que después pasan en gran medida a la parte industrial. ¿Surgen nuevas figuras para los bordados o el cuero? -El tratamiento para hacer bordado o cuero es exclusivo de Italia o Francia. Pero cuando hay necesidad de cantidad se acude a la mano de obra india o china, porque es un problema de cantidad, de tiempo. La capacidad manual de los asiáticos es excepcional. La parte más difícil para producir en Oriente es la del cuero, porque no tienen esa cultura. ¿Llegará el día en que la alta costura termine por hacerse en China? -Lo único que puede hacer China es bordar. Se pueden mandar tejidos para que los borden, pero no el vestido para que lo cosan. Es imposible hacerlo fuera de Roma o París. ¿Las copias son un índice de éxito? -Sí, pero también un problema, sobre todo cuando la copia se parece mucho al original. Cuando el consumidor distingue un bolso falso de otro verdadero no hay problema. El problema está cuando se confunden. Los europeos son los que compran los falsos; los japoneses y los chinos, no. ¿La Navidad es tiempo de lujo o éste es intemporal? -Se vende más a principio de temporada. La gente con dinero no espera. El lujo se compra para uno mismo, no porque sea Navidad. ¿El lujo ha entrado también en internet? -Sí. Con imágenes e informaciones, y de forma brutal. Conozco a clientas de alta costura que hacen el pedido después de haber visto por la noche en internet el desfile. Y estamos hablando de vestidos a partir de 150.000 euros. En cuanto a ventas es muy limitado. ¿Por qué Valentino se fue a París a desfilar? -Porque en aquella época Milán no existía, no había alta costura. Me gustaría que ahora desfilase en Milán porque Milán es antes y esto da una ventaja de 15 días, que son fundamentales. Pero la infraestructura de la alta costura es de París. -Tras la firma con Pronovias, ¿cuándo llegarán a España los trajes de boda? -Son unos ocho trajes, exclusivos para la firma, y los prototipos los vamos a hacer nosotros. Ellos harán las reproducciones. Los presentaremos en Barcelona el 17 de junio y los primeros vestidos estarán en el mercado a finales de año. Son trajes con capacidad de adaptación al cliente, algo que nosotros no podemos hacer. ¿Es Valentino el modista de las royals y el sueño de las normal -Valentino es el personaje más cercano a ese mundo de celebritys que son las reinas, las princesas, de artista de cine, de la música y del arte. Es un valor enorme que él ha aportado y aporta a la empresa, porque en cuestión de imagen es lo más alto. Pero es que Valentino también vive este tipo de vida. Fue el único italiano invitado a la boda del Príncipe de Gales. ¿Cuántos diseñadores tiene Valentino? -No muchos, unos 40. Hay un equipo importante de personas que crean, que buscan, y otro de diseñadores de accesorios, muy independiente. ¿Qué es para usted el lujo? -La exclusividad, y ésta puede ser tiempo, un hotel con encanto en Japón... Pero al mismo tiempo el lujo es comprar cosas inútiles, como puede ser ropa para las mujeres, o un reloj para el hombre cuando ya tiene cuarenta años. El lujo es tener: tener un Porsche en el garaje y no usarlo nunca, pero tenerlo. Y aunque el lujo, según dice el diccionario, es todo lo superfluo, no podemos prescindir de él, porque al final lo más importante es la calidad de la vida, y España de esto sabe mucho. ¿Cuál es su mayor lujo? -Personalmente, un buen puro para después de comer, aunque se queme en cuarenta minutos. Para mí es un placer. VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE HUMORISTAS Woody Allen, ejemplo de cómo hacer el humor E l inclasificable Juan Carlos Ortega ha escrito su segundo libro Morirse es una mierda El humorista (o lo que demonios sea) ha articulado la obra en hechos (nos vamos a morir, hazte a la idea) consuelos y consejos. Dinamitando lugares comunes, reflexiona sobre que nadie muere si queda un ser humano que lo recuerde (sección consuelos) Y entonces piensa en su bondadosa bisabuela y en Hitler, en el hecho de que ambos tengan el mismo privilegio. Conclusión: el consuelo de vivir en el recuerdo de los demás es tendencioso. También rescata al filósofo Berkeley y su peregrina idea de que todo lo que vemos, escuchamos, olemos (y nosotros mismos) todo eso, no es más que un sueño en la mente de Dios. Añade que un defensor moderno de la teoría afirmaba lo maravilloso de pensar que la música de Bach es un sueño de Dios. Refutación de Ortega: si Berkeley tuviera razón, las canciones de Romina y Al Bano también formarían parte de ese sueño divino. Añado que, asimismo, Ylenia y Lidia Lozano. En el apartado de consejos destaca uno de los más manidos. El de disfruta de la vida (o cómo nos gusta decir cosas evidentes) más el añadido de valorar las pequeñas cosas. Juan Carlos Ortega se pregunta por qué las pequeñas cosas siempre son la sonrisa de un niño o el viento en la cara, pero no ver la televisión o irse de putas. Ortega es brillante. Entre esas pequeñas cosas está él. Tan brillante como el estadounidense David Sedaris (otro monstruo del humor que también empezó en la radio) o el británico Mil Millington (su columna sobre peleas conyugales en The Guardian ha pasado a ser una hilarante novela) Ver la tele, ir de putas y leer a estos tipos. Pequeñas cosas que merecen la pena. Vale, quito la segunda, de la que sólo tengo conocimiento por lo que me cuentan. Si morirse es una mierda, vivir... para qué hablar. Como diría Woody Allen en Annie Hall la vida oscila entre lo horrible y lo miserable. Pesimismo que se renueva diariamente. A ver, de casi recién nacido tu canguro te viola (el pervertido se ofrecía como canguro a domicilio mamón, esa es la esencia de un canguro, ir a las casas donde viven los niños; si no, se trataría de una guardería) Más. De adolescente te acosan en el colegio y decides palmarla. Si has sobrevivido a lo anterior, a los 30 llega el cáncer. Riámonos hasta de las uñas de los pies. Atención, frase: El matrimonio gay es un travesti destructor de la ley de Dios Menuda composición. Y no se les ha ocurrido ni a Ortega ni a Sedaris ni a Millington. Estamos rodeados de humoristas.