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ABC SÁBADO 28 5 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS OTEGUI, LIBERTAD AL y como era perfectamente previsible, los abogados de Arnaldo Otegui han pagado la fianza de cuatrocientos mil euros para que el pájaro de cuentas quede en libertad. Ha pasado dos noches en una celda de doce metros cuadrados, la mitad de una de las casas que quiere hacer la ministra Trujillo. O sea, cómoda. El fiscal había pedido para Otegui prisión incondicional, ni fianza ni flores de Benamejí, y el acusado preguntó: ¿Pero eso lo sabe Conde- Pumpido? Los batuecos nos quedamos sin saber lo que sabeo no sabe Conde- Pumpido, aunque yo creo que sabemuchísimo, peroel señorjuez no pasó más alanti y se quedó en la prisión bajo fianza. Fuerte fianza, desde luego. Casi medio JAIME millón de euros, sesenta y CAMPMANY cinco millones de las antiguas pesetas, real arriba, real abajo. Naturalmente, han tardado menos de veinticuatro horas en encontrar los euros y liberar al angelito. La contra que tiene pedir fianza a estos pajarracos es que no son los encarcelados quienes la pagan, así que a ellos, jaspe. El recaudador etarra del impuesto revolucionario aprieta un poco al empresario más mollar, y ya tienen la fianza. Si hay que declarar de dónde sale el dinero, siempre se puede decir que son donaciones voluntarias de los simpatizantes del batasuno. El empresarioque seniegue, quedará a la espera del bombazo en la empresa. Últimamente, con la política del anterior Gobierno, algunos empresarios se habían negado a pagar, y ahora, con el nuevo Gobierno, ya ha estallado la traca de castigo, el rosario de bombasen empresas guipuzcoanas y vizcaínas. Para sacar a Arnaldo Otegui de la celda de doce metros no ha habido el menor problema. Ahí están los cuatrocientos mil. ¿Será por dinero? Eso es muy natural. Otegui es persona de toda confianza de la banda etarra, y además, según confesión propia, es interlocutor de Ibarreche y de Zapatero. ¿Pero eso lo sabe Conde- Pumpido? No se puede meter en la cárcel a un interlocutor Esa torpeza obligaría a designar un interlocutor nuevo, y se perdería todo lo que ya se lleva adelantado. Porque nadie me saca de la convicción de que aquí ya hay algo adelantado. Poco, mucho o regular. Arnaldo Otegui sabe lo que se traen entre manos los hunos y los hotros que diría don Miguel de Unamuno, y conoce al detalle lo que tienen que hacer y lo que tienen que decir los comunistas de las Tierras Vascas, que a lo mejor deben detenerse en un límite para no forzar la ilegalización, pero que es necesario dejar claro lo que son y lo que buscan. Con Otegui en la madrastra, habría que empezar de nuevo y explicarle el cuento a otro espolique. Además, si Otegui estaba por la calle, en libertad sin fianza, después de haber intentado despenar a Gabriel Cisneros, padre de la Constitución, ¿van a meterlo ahora que es interlocutor con el pretexto de que pertenecea Eta Por favor, señoresde la justicia, ropones ilustres, que no vaya a enterarse de eso Conde- Pumpido. T PEDERASTIA FIRMABA ayer un editorial de ABC dedicado a la pederastia que algo falla en los resortes morales de la sociedad contemporánea y añadía que convendría afinar los mecanismos jurídicos, policiales y socioculturales para evitar estos comportamientos patológicos. Creo que la necesidad de afinar los mecanismos jurídicos y policiales está sobradamente asumida; pero la erradicación de la pederastia exige, ante todo, actitudes morales inequívocas que nuestra sociedad, náufraga en los lodazales de una sexualidad libérrima, no se atreve a afrontar. Cada vez que una aberración sexual de estas características es desvelada, la sociedad se rasga farisaicamente las vestiduras y reclama la intervención rauda y severa de la justicia; en cambio, se muestra incapaz de ahondar en las raíces del mal que la corrompe, haciendo examen de conciencia. Las patologías JUAN MANUEL sexuales poseen un factor genético inDE PRADA cuestionable. Pero ese factor genético no basta para explicarlas: existe otro al menos igual de determinante que suele soslayarse, pues su análisis obligaría a la sociedad a contemplar ante el espejo el reflejo de su rostro, purulento y abominable. Me estoy refiriendo, claro está, al factor cultural. Las patologías sexuales hallan su caldo de cultivo en ambientes sociales que favorecen la represión de la sexualidad (esto es comúnmente aceptado) también en aquellos que estimulan su hipertrofia, multiplicando hasta la saturación los mensajes libidinosos y promoviendo la práctica de una sexualidad liberada de cortapisas. Naturalmente, formular esta segunda posibilidad nos convierte inmediatamente en reaccionarios, pues la sociedad contemporánea se siente muy cómoda y feliz convertida en un perro de Paulov que responde sin rebozo a cualquier estímulo sexual. Pero mientras no aceptemos que la sexuali- A dad humana es una fuerza arrasadora que exige diques y contenciones, los casos de pederastia y de otras aberraciones sexuales se multiplicarán en progresión geométrica. Una vez detectados, podremos castigarlos con severidad; pero el castigo nunca bastará para erradicar una enfermedad social que, en sus manifestaciones más morbosas, puede llegar a pisotear lo más sagrado. Hasta que no entendamos que la sexualidad debe ser encauzada hacia manifestaciones sanas, controladas y responsables, seguiremos padeciendo estos sobresaltos. La sexualidad humana, cuando se permite que campe por sus fueros, acaba aspirando a nuevos finisterres imaginativos que hasta entonces le han sido vedados. Pensemos, por ejemplo, en la multitud de programas televisivos que hacen de la incitación sexual motivo recurrente, so capa de un entretenimiento desinhibido o- -lo que aún resulta más sórdido- -de una divulgación educativa. El espectador asiduo de estos programas, abrumado por el despliegue de reclamos eróticos, se convierte sin saberlo en un salido chorreante de flujos y deseoso de poner en práctica las enseñanzas que acaba de recibir. Enseñanzas que, por supuesto, parten siempre de la misma premisa: En sexo todo está permitido, siempre que la otra parte consienta Como la búsqueda de ese consentimiento suele ser ardua, casi irrealizable, el espectador de estos programas se queda con la cantinela permisiva. Uno de los pederastas recientemente detenido acaba de reconocerse incapaz de mantener relaciones con adultos inevitablemente, al toparse con este obstáculo insalvable, el torrente desatado de su sexualidad ha buscado el desaguadero del sexo infantil. A los niños ni siquiera hace falta pedirles permiso. Desengañémonos: mientras aceptemos con pasivo deleite nuestro papel de perros de Paulov ante la incitación sexual, no hará sino crecer abrumadoramente el número de las patologías sexuales.