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ABC VIERNES 27 5 2005 Espectáculos 65 Kitchen stories El tren dela memoria Minimalismo noruego ANTONIO WEINRICHTER Casi que no te vengas a Alemania, Pepe J. C. Esta premiada película, una verdadera fondista del circuito festivalero, tiene el exotismo implícito de ser una producción noruega, la menos exportada de las cinematografías escandinavas. Pero no hace falta envolverse en el manto comunitario europeo para animarse a verla porque es bastante accesible; es más, lo que cuenta es universal no por ser local, como suele decirse, sino porque es casi abstracto. La situación es ésta: un hombre que observa a otro hombre. El que mira pertenece a un instituto científico sueco que quiere medir los hábitos en la cocina, no los culinarios sino de conducta para diseñar cocinas más funcionales, y el mirado es un hosco campesino noruego (la rivalidad entre vecinos debe contener varios guiños que a nosotros se nos escapan) Es, pues, una situación literalmente minimalista a la que se le pueden encontrar todo tipo de lecturas metafóricas: por ejemplo, sobre el principio de indeterminación de Heisenberg o sobre la vocación de registro de lo real del cine documental, que comparten el dilema de que la observación influye en el sujeto observado (y más si es un señor y no una mera partícula) El director, Bent Hamer, se acaba inclinando por la vía fácil de una resolución humanista: pese a que lo tienen prohibido, los dos hombres no pueden evitar interactuar, compartir algún arenque e incluso trabar cierta amistad. El fracaso del experimento sociológico por culpa del factor humano se observa con suave humor y acaba siendo la historia de dos soledades compartidas; pero la absurda premisa de partida (el mirón está subido Tomas Norströsm Dirección: Bent Hamer Intérpretes: Joachim Calmeyer, Tomas Norström, Bjorn Floberg Nacionalidad: Noruega 2003 Duración: 95 minutos Calificación: en una aparatosa silla de árbitro de tenis en un rincón de la diminuta cocina) le da a la previsible fábula algo del carácter de poesía visual de un corto de MacLaren Vecinos o del cine de Tati. Suele ser más difícil recorrer el camino de regreso que el de ida o incluso vuelta; cabecear pasos de retorno con la vista cansada reconociendo adoquines pretéritos; retornar al lugar del crimen con la memoria muchas veces marchita y encogida. A pesar del reto y el trago, las debutantes Arribas y Pérez han elegido este trayecto plagado de baches sentimentales para encauzar su primer largometraje, que nos invita a acompañar a varios supervivientes del éxodo español a Alemania en los años sesenta a su lugar de acogida o exilio. Y decimos supervivientes porque, por lo visto, aquello no fue precisamente una fiesta sino una enjaulada jauría humana donde, al desarraigo, la morriña y la humillación (aunque a veces se enjugase tristemente regresando en Mercedes al pueblo se le unían los brotes de incomunicación, soledad, xenofobia y hasta frío endiablado que acompañaban al españolito en su odisea. Así, el documental no tiene más que pinchar con un alfiler la memoria de aquellos valientes (muchas veces, nuestros propios padres o hermanos mayores, así que que nadie mire a otro lado ni por encima del hombro) para que manen cascadas de salsa agridulce y significativas crónicas de la emigración (algunas hasta divertidas) como esa mujer que compró un kilo de carne picada que resultó ser comida para perro o esa pareja que casi se casó en esquíes por la nevada que cayó en Nuremberg. Y, mientras, el No- do largando a la España de Cuén- Directoras: Marta Arribas y Ana Pérez Intérpretes: No profesionales Nacionalidad: España, 2005 Duración: 85 minutos Calificación: tame caramelos sobre el buen rollo hispano- alemán, con Klaus y Manolo brindando con tintorro y birra respectivamente. Seguramente por su vocación y formación periodística, las directoras obran con claridad meridiana y relativa contención, lejos de la corriente gonzo del amigo documentalista americano (con lo fácil que hubiera sido meter el dedo en la llaga con la similar situación de los inmigrantes en la España de hoy) relevando aspectos poco conocidos como el papel de los sindicatos y los derechos laborales en aquel polvorín vestido de Goya y Cartier- Bresson cuyas instantáneas no han perdido un ápice de color o brillo en cuarenta años. Y que a nadie se le ocurra virarlas a color sepia.