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ABC VIERNES 27 5 2005 Nacional EL LABERINTO VASCO EL ENCARCELAMIENTO DE OTEGI 13 Estalla un artefacto en la estación de tren de Baracaldo Pocas horas después de que el diario Gara advirtiera que la detención de Otegi podría romper el tablero del diálogo con la banda y de que Batasuna acusara a Zapatero de preferir la guerra dos encapuchados colocaron una bomba de escasa potencia en la zona de taquillas de la estación de tren de Baracaldo, que causó daños materiales pero no heridos. El alcalde de la localidad vizcaina, el socialista Tontxu Rodríguez, que se desplazó al lugar de las explosiones, confirmó a los periodistas que, en torno a la medianoche, varios testigos vieron a los encapuchados salir corriendo de la estación. Inmediatamente se produjo el estallido. La Ertzaintza, alertada por varias llamadas telefónicas, acordonó la zona, hasta donde se desplazó una ambulancia. Un portavoz de la Policía local confirmó que el atentado levantó parte del tejado y rompió cristales y paredes en la zona de taquillas de la estación, que estaba desierta a esas horas. El portavoz de ETA- Batasuna pasó su primer día en prisión en una celda de aislamiento, sin contacto con otros reclusos, una medida habitual cuando el centro penitenciario quiere garantizar la seguridad de un interno recién llegado La noche más larga de Otegi TEXTO: N. C. N. V. presidente del Ejecutivo español a las expectativas de un proceso de paz para Euskal Herria El diario de la izquierda abertzale añade que en los últimos meses parecían haberse establecido una serie de normas implícitas, probablemente ni acordadas ni pactadas entre las partes, que determinaban dentro de qué parámetros podía moverse cada cual sin poner en peligro la posibilidad de que en un futuro no muy lejano fuera posible una reconducción dialogada del conflicto No obstante, Joseba Permach recordó que la izquierda abertzale reitera el compromiso adoptado en el velódromo de Anoeta No va a haber agentes externos que vayan a conseguir alterar nuestra línea política aseguró. MADRID. Aún no eran las dos de la madrugada cuando Arnaldo Otegi, esposado, se subía al furgón que le conduciría desde la Audiencia Nacional hasta la prisión de Soto del Real. Había sido un día muy largo y la noche no se presentaba más halagüeña. El portavoz de ETA- Batasuna iba a refrescar en su memoria lo que supone estar encarcelado, una experiencia por la que ya había pasado antes en otras detenciones y, especialmente, tras la condena a 6 años que le fue impuesta en 1989 por el secuestro del empresario Luis Abaitúa. La habitual frialdad del Otegi de las intervenciones públicas, del que con medida distancia se refiere a los atentados de ETA y a sus víctimas, del Otegi de las palabras que suenan a bala envenenada, se tornó el miércoles en indisimulable incertidumbre cuando entró por la puerta de la Audiencia Nacional. Dejó fuera la sonrisa irónica dedicada a fotógrafos y cámaras y pasó por el control policial y el detector de metales sin apenas levantar la mirada. Horas más tarde, sus temores se hacían realidad cuando le comunicaban su ingreso en prisión eludible con fianza. Pese a ello, Otegi respiró con alivio al no escuchar por boca del juez la palabra incondicional Desde ese momento, pasó de ser el portavoz de Batasuna- -papel que ha seguido desempeñando pese a tratarse de un partido ilegal- -a un interno preventivo más acusado de un delito terrorista. Y así fue recibido en Soto del Real, donde hay alrededor de una cincuentena de presos de ETA, cuando, casi a las dos y media de la madrugada, Otegi cumplía con todos los trámites habituales de un recién llegado: foto, huellas y reconocimiento médico. Su primera noche la pasó en una celda del módulo de ingresos en com- Celda del módulo de aislamiento Armario empotrado Mesa de albañilería Lavabo de acero Grifo Cama cucheta Silla de plástico y metal Infografía ABC Inodoro 10 metros cuadrados pañía de un delincuente común de origen hispano, alguien a quien el rostro del portavoz de Batasuna no le resultara conocido. A la mañana siguiente, Otegi sería trasladado a un módulo de aislamiento, una medida habitual con determinados internos que la prisión adopta cuando considera que el contacto con otros reclusos puede poner en riesgo la integridad del recién llegado. Más aún en el caso de Otegi, un viejo conocido de los telediarios y fácilmente identificable. Bajo este régimen, el recluso no tiene contacto con nadie- -salvo los fun- Entró esposado en la furgoneta que le llevaría a Soto del Real, donde hay unos cincuenta etarras cionarios- -y puede salir al patio a pasear pero en horas diferentes al resto de los presos. Tampoco puede ir al comedor, sino que le llevan la comida a la celda, un espacio de diez metros cuadrados en la que hay una cama, un armario de obra, una mesa, el lavabo, el retrete y un plato de ducha. Así, durante su primera jornada en Soto, el portavoz de Batasuna no recibió visita alguna ni pidió nada para leer. Tampoco realizó más actividad que la entrevista con los psicólogos y trabajadores sociales, otro trámite obligado para los internos recién llegados. Después, el silencio de su celda en el módulo de aislamiento. Quizá la falta de libertad, la limitación de sus movimientos a un rectángulo de diez metros cuadrados le hicieran pensar algo en aquellos secuestrados de ETA, en los ortegas lara y aldayas a los que jamás dedicó una palabra de aliento.