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98 JUEVES 26 5 2005 ABC Deportes Luis García, Gerrard, Riise, Xabi Alonso y Smicer (de izquierda a derecha) celebran entusiasmados el triunfo al concluir el encuentro REUTERS Los Benitles cantan una heroica victoria El portero Dudek, que se mostró fallón durante el partido, decidió en la prórroga y en los penaltis ENRIQUE ORTEGO, ENVIADO ESPECIAL ESTAMBUL. La quincuagésima. Una final para recordar. Para mantener en la retina y tener grabada en vídeo para revivirla cuando la depresión nos ataque. Nunca en las cuarenta y nueve finales anteriores un equipo había igualado tres tantos de desventaja. El Liverpool lo hizo y forzó una prórroga en la que no podía ni con las botas, pero gracias a dos paradas de Dudek llegó a los penaltis. Y ahí, en la lotería, le tocó porque se había jugado todo su orgullo, todo su corazón. Y el discutido Dudek fue el héroe. Detuvo dos y desvió con la mirada el primero, de Serginho. Rafa Benítez ya forma parte la historia del Liverpool. Es el Bill Shankly del siglo XXI. Si el legendario técnico escocés fue el cerebro gris, el alma de ese Liverpool que comenzó a forjarse en los sesenta y dominó Europa entre mediados de los setenta y principios de los ochenta, Benítez siempre será re- LIVERPOOL MILÁN 3 3 Liverpool (4- 5- 1) Dudek; Finnan (Hamann, m. 46) Carragher, Hyypia, Traore; Luis Garcia, Xabi Alonso, Gerrard, Kewell (Smicer, m. 22) Riise; y Baros (Cissé, m. 83) Milán (4- 4- 2) Dida; Cafu, Stam, Nesta, Maldini; Gattuso (Rui Costa, m. 111) Pirlo, Kaká, Seedorf (Serginho, m. 83) Shevchenko y Hernán Crespo (Tomasson, m. 83) Árbitro Mejuto González (Esp. Mostró cartulina amarilla a Baros y Carragher. Goles 0- 1, m. 1: Maldini. 0- 2, m. 38: Hernán Crespo. 0- 3, m. 43: Hernán Crespo. 1- 3, m. Gerrard, m. 53; 2- 3, m. 55: Smicer. 3- 3, m. 60: Xabi Alonso. Penaltis Serginho, fuera (0- 0) Hamann, gol (1- 0) Pirlo, paró Dudek (1- 0) Cissé, gol (2- 0) Tomasson, gol (2- 1) Riise, paró Dida (2- 1) Kaká, (2- 2) Smicer, gol (3- 2) Shevchenko, paró Dudek (3- 2) cordado como el técnico que devolvió al club de Anfield a la elite continental y enterró definitivamente los fantasmas de la tragedia de Heysel. Veintiún años después de la final del Olímpico de Roma, donde cayó la cuarta también en los penaltis, el rojo vuelve a teñir la copa de las orejas grandes La Champions suena al son de los Benitles Ayer interpretaron una heroica y maravillosa ópera prima. El fútbol escribió anoche una de las páginas más brillantes de las últimas décadas. Todo lo sucedido debe magnificarse en su máxima expresión. La primorosa primera parte del Milán, que se fue al descanso con tres goles de ventaja después de haber arrollado al Liverpool en un curso de fútbol total, y la extraordinaria reacción de los de Benítez a la vuelta del descanso, cuando sus aficionados lloraban desconsolados por lo visto hasta entonces. Resulta casi increíble que un equipo pueda resurgir de sus cenizas y en quince minutos empatar una final que tenía perdida. Es indudable que este club tiene en su interior una fuerza especial que aúpa y empuja a los que se ponen su camiseta. La reacción del capitán Gerrard cuando cabeceó a la red el primer gol de su equipo fue el reflejo de lo que podía pasar. Enrabietado se fue por el balón y con sus brazos enardeció los ánimos de sus fieles aficionados. Dos minutos después era Smicer quien superaba a Dida con su remate cruzado y entonces el estadio se convirtió en Anfield. Los jugadores del Milán, que no habían tocado el balón en toda la segunda parte, se miraban admirados de cómo corrían esos diablos indomables vestidos de rojo. Jugaba ya el Liverpool con el corazón en las piernas y tres minutos después volvió a ser el capitán el impulsor de la acción. Galopada en profundidad, pared con Baros, que le deja el ba-