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ABC JUEVES 26 5 2005 Opinión 7 actual Gobierno me dio un ejemplo de esa manera de hacer y entender la política cuando me adelantó sus tesis sobre la participación de las Comunidades en los Consejos de ministros europeos. ¿Tú crees que con estas fórmulas defenderemos mejor los intereses de España? le pregunté. Ya veremos- -me constestó- pero por lo menos nos servirán para tirar otros veinticinco años Sobran los comentarios. ¿A qué se debe la actitud de Rodríguez Zapatero? No comparto la tesis de quienes afirman la dependencia del presidente del Gobierno de la aritmética parlamentaria y de la necesidad de mantener a su correligionario Pasqual Maragall al frente del Gobierno de Cataluña. Entiéndaseme bien. Es obvio que Maragall requiere los votos de independentistas y comunistas y que Rodríguez Zapatero necesita de aliados parlamentarios en las Cortes al carecer de mayoría absoluta. Pero creo que, aunque tuviera la mayoría absoluta, su actitud no variaría un ápice; porque lo que en realidad sucede es que Rodríguez Zapatero quiere reeditar el pacto de las izquierdas de la II República en lugar de apostar por la concordia y el consenso constitucional que presidieron la elaboración de la Constitución de 1978. LA ESPUMA DE LOS DÍAS FERNANDO EN EL PLANETA DE LOS SIMIOS E ÁNGEL CÓRDOBA nacional. Y supondrá un cambio de las disposiciones de la Constitución española sin recurrir a las vías previstas en la propia Constitución para su reforma. Algunos de ustedes pensarán: hay socialistas que no admitirán tal fraude de ley y obligarán a Rodríguez Zapatero a rectificar. No dudo de la existencia de eminentes socialistas que compartan esta reflexión, que singularmente son los mismos que propician un acuerdo PSOE- PP tras las elecciones vascas con el resultado conocido. Pero me temo mucho que a la hora de la verdad prevalezca la solidaridad con el compañero José Luis, la necesidad de que los compañeros catalanes se sientan cómodos o la real- politik. Hace algunos meses un ministro del ¿Es evitable este escenario? Creo que sí. Según el último sondeo del CIS, Rodríguez Zapatero ha perdido en un año dieciocho puntos en la confianza de los españoles. Y en las últimas semanas, esa mezcla de prepotencia y cursilería que caracteriza su política se ha agudizado. Veamos algunos ejemplos. Rodríguez Zapatero se empeñó en organizar un referéndum sobre la Constitución europea para enseñar el camino a Europa... aunque luego apenas le hayan seguido el 40 por ciento de los españoles y los franceses parezcan hacer oídos sordos a nuestro Moisés nacional. Se jacta de haber acometido la regularización de emigrantes más importante desde 1945... aunque nuestros socios europeos están más que alarmados por las consecuencias de su grandeza de espíritu. Ha propiciado la ley más progresista de Europa en temas de familia... ante el estupor de tantas y tantas familias que no entienden por qué lo singular se impone a la inmensa mayoría. Acaba de aprobar la legislación antitabaco más restrictiva de Europa... aunque a escondidas se eche un pitillito. Acepta los postulados de Batasuna para buscar una solución al problema vasco (sic) y ETA le responde en forma de bomba con 52 heridos. El dicho no hay mal que cien años dure se acorta en las democracias al plazo de la legislatura. Y en esas tesituras hay que apostar por las personas de principios y no de circunstancias. PALABRAS CRUZADAS ¿La vía del diálogo abierta por Zapatero ha fortalecido a ETA? LOS PONE EN CASA ENGA a presumir de diálogo, como si Zapatero hubiera descubierto la pólvora y una posibilidad única para conseguir la paz. Que le digan a Felipe González cómo le fue con el diálogo de Argel, o a Aznar con el diálogo en Suiza, y seguro que Adolfo Suárez guarda también un diálogo con ETA en algún armario. No sirvió de nada, porque los etarras no quieren diálogo, sino la rendición ante sus exigencias. Ni siquiera plantean ya el problema de los presos, que lo consideran aceptado con condiciones; quieren negociar para ir más lejos, Navarra, la autodeterminación... lo de siempre. Tanto hablar de diálogo pone a los etaPILAR rras en casa. Estaban derrumbados, con CERNUDA los jefes más importantes en prisión, sin escaños en el Parlamento, sin concejalías ni altos cargos públicos, las sedes cerradas y las finanzas por los suelos. Pero llega Zapatero con su mano tendida- -adelante con el PCTV, ruptura del Pacto Antiterrorista- -y se acaba la mala racha. De nuevo Otegui se engallita, Barrena se atreve a lanzar retos, Díez Usabiaga diseña una estrategia de castigo y los terroristas renuevan sus fechorías, como la de este miércoles en Madrid. Está muy manido lo del balón de oxígeno, pero es innegable que ETA hoy está mejor que ayer y peor que mañana. POR SUPUESTO, NO APATERO ha estado torpón en sus planteamientos de negociación con ETA. Demasiado naïf, excesivas trompetas cara al respetable, sordina para el aliado, el PP. Pero esos fallos no invalidan la Idea: de nuevo, y sabiendo que la votación de hoy frente a la vecina también la pierdo, he de insistir en que no queda otro remedio que tratar, tapándonos la nariz y juzgando que no hacemos cesiones vergonzantes, con esta banda de asesinos, hijos de tal. Cada día comulgo menos con algunas cosas de ZP, pero me subleva escuchar que Zapatero ha colocado a ETA en el Parlamento vasco, o que la vía del diálogo abierta- ¿abierta? -FERNANDO con los etarras fortalece a la banda. CoJÁUREGUI mo si ZP, o quienes pensamos que habrá que negociar en algún momento, fuese (mos) culpable (s) de la colocación de las bombas. Todos tratan de incriminar a todos: el ministro del Interior casi culpa a los medios, porque, dice, airean lo de las negociaciones. Que, por cierto, el partido del señor ministro del Interior, valga la redundancia, hizo aprobar en el Parlamento con tambores y fanfarrias. Que no, hombre, que no. Que quien mata es ETA. Los demás, según nuestro saber y entender, tratamos de lograr paz. V Z ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate L inglés y el castellano no denominan de la misma manera la libertad de manifestarse mediante la palabra. Nuestro idioma utiliza un concepto genérico, poco preciso y equívoco: libertad de expresión. ¿De qué expresión? Se me ocurren casi media docena de formas de expresar opiniones, o sentimientos, sin necesidad de abrir la boca. O abriéndola y no emitiendo sonido alguno. El inglés es mucho más directo: emplea el término freedom of speech, es decir, libertad de hablar, de discurso. No hay lugar a la confusión. De forma que el hombre libre lo es en tanto en cuanto es un free speaking man, libre EDUARDO para hablar, porque es el SAN MARTÍN habla, y no la expresión, la que nos distingue del resto de los primates. Un mono puede expresarse con mayor donosura que muchos humanos. Pero no habla. Pues bien, Fernando Savater es un free speaking man. Y desde esa condición debe de reírse de los simios que gesticulan y chillan, que se expresan pero no hablan. No es la primera vez que han intentado partirle la boca por decir lo que piensa, cosa particularmente difícil dada la dimensión de su cavidad bucal. Pero nunca le han hecho callar. La turbamulta suscitada por sus últimas palabras a propósito de una reunión con Zapatero es una muestra más de la enorme levedad, insoportable desde luego, del análisis político en España. He visto estos días comparecer a Fernando en algunos medios para decir casi exactamente lo mismo que dijo desde el primer momento. Salvo pequeños matices, expresados en juegos de palabras por los que siente tanta debilidad. Pero quienes se habían sentido en precario por su relato, y le habían pedido que diera marcha atrás, se han atrincherado tras esos artificios, se han dado por satisfechos y han pretendido presentar como una rectificación lo que no era sino una confirmación. El espejuelo les ha deslumbrado. Sin embargo, lo que dijo Fernando ahí sigue. Con independencia de cuántas veces ¿era aquello una confesión de adolescencia? o de la naturaleza del correo, lo cierto es que el presidente del Gobierno tiene noticias de la disposición de ETA a trocar paz por presos. Y que esa disposición está en el origen del cambio de agujas operado en la lucha contra el terrorismo. Debo confesar que mi testimonio tiene poco valor. Se trata de una confesión de parte. Me importa poco si Fernando Savater está diciendo ahora Diego donde había dicho digo. Le creí entonces, y le creo después. La credibilidad y superioridad moral que atribuyo a Savater sobre otros intelectuales españoles se remonta a los tiempos de su famosa polémica, hace casi dos décadas, con otro filósofo vasco. Mientras éste arbitraba soluciones para Euskadi desde la invulnerabilidad de su cátedra madrileña, Fernando arriesgaba la cabeza cada vez que pretendía sacarla en su facultad donostiarra. Y eso, qué quieren, da mucha autoridad.