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6 Opinión JUEVES 26 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ÍÑIGO MÉNDEZ DE VIGO DIPUTADO DEL PARLAMENTO EUROPEO FRANCIA Y LA EUROPUÑETA ULIO Camba, que siempre las vio venir, escribía desde París, en 1910, a propósito del ingreso de Marcel Prevost en la Academia: En ninguna parte se acatan las jerarquías ni se respetan las consagraciones oficiales como en esta admirable democracia francesa. Aquí un ministro es siempre mejor político que un diputado, y un académico es siempre mejor escritor que uno que no sea académico. ¡Dichosos estos franceses para los que no habrá nunca decadencia posible y que tendrán siempre el mismo número de ministros e igual cantidad de académicos con quienes ponerse orgullosos! Quienes hayan leído a Prevost, que no le llega a M. MARTÍN nuestra Corín Tellado a FERRAND la suela del zapato, entenderán mejor, sabiendo que no se trata de Flaubert ni de Maupassant, la ironía del ilustre gallego que tanto honró estas páginas de ABC. A partir de sus sabias conclusiones sobre Francia y los franceses, pueden ustedes ponerse a temblar ya en vísperas del referéndum sobre el tratado constitucional para la Unión Europea que nuestros vecinos del norte votarán el domingo que viene. Si optan por el no como miden las encuestas y predicen los augures, el Viejo Continente entrará en una crisis de difícil salida; aunque, eso sí, París seguirá siendo el ombligo de Francia, de Europa, del mundo, del orbe y de lo que se tercie. Es su carácter, y de ahí buena parte de los males que ellos padecen y de las incomodidades que soportamos sus vecinos. El artículo 48 del vigente tratado para la Unión exige para su entrada en vigor la ratificación unánime de todos los Estados; es decir, sin el sí francés la mal llamada Constitución Europea pasará a la categoría de papel mojado y no llegará, tan siquiera, a la de brillante proyecto frustrado. Por encima de los reglamentos, que, de hecho, en la UE sólo alcanzan a los débiles, está la realidad de Francia. Guste o no, y por algo más que su emplazamiento en el mapa, Francia es la plaza mayor del Continente y por ahí pasan todos los vectores, de la economía al pensamiento, que nos movilizan. Aunque los eurócratas, la legión de funcionarios y representantes que han hecho oficio bien remunerado del concepto europeístico, harán lo posible por evitar la catástrofe y buscarán refugio para la tormenta en el tratado de Niza, ése al que renunció José Luis Rodríguez Zapatero para mantener la vigencia de unas ayudas que ya hacen mutis por el foro; pero ¿es eso suficiente? Tendrá que serlo. Hoy por hoy somos un montón en 25 fascículos, todos de diferente formato, encuadernados por la realidad del euro, y, aun así, la encuadernación monetaria no alcanza a la mitad de la colección. Esta admirable democracia francesa que ya le divertía a Camba, está en trance de hacernos la puñeta. La europuñeta. J LA IMPORTANCIA DEL CONSENSO Partiendo de los provechosos réditos que deparó el consenso con el que se dio a luz la Constitución de 1978, el autor se pregunta por la pertinencia de reformar dos de sus elementos clave: el marco territorial de poder y el principio de solidaridad entre las Comunidades N grupo de historiadores acaba de publicar un libro donde se plantean lo que habría sido de España si las cosas hubieran ocurrido de forma distinta a como efectivamente sucedieron. Si aplicamos ese enfoque a nuestraTransición política, cabe preguntarse qué habría acontecido si en vez de propulsar una Constitución desde el Parlamento el Gobierno de UCD hubiera instado una Carta Magna desde el poder. Y cuál habría sido el destino de la Constitución de 1978 si, en vez de fraguarse sobre el consenso entre todos los grupos parlamentarios, UCD y AP se hubieran inclinado por imponer su mayoría parlamentaria. La larga ristra de constituciones que se suceden a lo largo de nuestra convulsa historia de los siglos XIX y XX es más propia de un concurso como Pasapalabra que de un país con voluntad de serlo. El acierto de los constituyentes de 1978 radicó en su renuncia a la elaboración de un texto partidista y a fraguar el consenso que permitió la aprobación de una Constitución de todos, la llamada Constitución de la concordia, que consolidó nuestra democracia, afianzó nuestro sistema de libertades- -superando un grotesco golpe de Estado- logró altas cotas de bienestar y progreso para los españoles y facilitó la incorporación al proyecto europeo. Por ello, resulta alarmante el propósito de Rodríguez Zapatero para alterar dos elementos clave de ese consenso: la distribución territorial del poder operada en el Título VIII de la Constitución y el principiode solidaridad entre las diferentes Comunidades Autónomas. Es cierto que su redacción suscitó más síes que un conocido poema de Kipling. Pero es igualmente cierto que, veinticinco años después la U mayoría pensamos que su funcionamiento ha sido más que satisfactorio y que el modelo autonómico de España constituye el más descentralizado de todos los países europeos. ¿Por qué el empeño del presidente del Gobierno en alterarlo? Como ha transcurrido un cuarto de siglo- -viene a decir- -es tiempo de cambiar. Justo lo contrario de lo que hacemos los españoles, que cuando cumplimos nuestras bodas de plata, ya sean matrimoniales o laborales, lo celebramos con nuestros familiares y amigos, brindando con cava y haciendo votos para alcanzar las bodas de oro. Pues Zapatero hace lo contrario. Llegan las bodas de plata de los Estatutos de Autonomía y lo que nos propone es cambiar de pareja. ¿En que consiste ese cambio de pareja? Cuando Mariano Rajoy le ha manifestado la disposición del principal partido de la oposición para consensuar acuerdos, liberándole de la pretendida hipoteca de los nacionalistas, nuestro campeón del diálogo no ha dicho esta boca es mía. Algunos creen que no hay plan. Creo que sí lo hay, y premeditadamente oculto. Vendrá del Parlamento de Cataluña por vía de la reforma del Estatuto y supondrá la consagración de España como nación de naciones, la subversión del régimen competencial, el blindaje de las competencias de Cataluña y la incorporación de una cláusula relativa a la contribución de Cataluña a los ingresos estatales en el sentido en el que, sin hacer gala de una gran imaginación, están pensando los que hayan llegado hasta aquí. La reforma estatutaria será presentada con el incienso de un amplio apoyo parlamentario, bajo la bandera del progresismo y con los colores de la enseña