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ABC JUEVES 26 5 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS TALANTE, PUM P TOLERANCIA, CIVILIZACIONES LIANZA de civilizaciones es una aspiración teórica, de difícil o imposible realización, cambiante en su forma conceptual, lejana en el tiempo. En el polo opuesto, choque de civilizaciones surge como un concepto vicioso, monstruoso cuando se cree inevitable. Madame de Staël, un modelo de la sabiduría francesa del siglo XVIII, recomendaba leer, leer cuanto se pueda, como mejor modo de conocer. Conocer para tener ideas arraigadas y ser al mismo tiempo tolerantes. La tolerancia, o mejor, la aceptación no condescendiente del otro, entendida como respeto a sus ideas y creencias cuando son distintas a las nuestras, es una de las bases de la civilización. Los neosalafistas, es decir, los partidarios del asesinato masivo, rama extrema del salafismo, a su vez rama extrema del islamismo radical, defienden que sólo la muerte puede vengar los ataques a los fieles al islam, injustamente vejaDARÍO dos (recordemos el peligro de las vejaVALCÁRCEL ciones, afán de destruir moralmente al enemigo, prisiones de Abu Ghraib, Bagram, Guantánamo... A uno de los capturados tras los atentados del 11 de marzo de 2004 se le preguntaba: ¿No admite usted que han matado a 191 inocentes, gentes anónimas que viajaban en aquellos cuatro trenes, aquella mañana? Respuesta: Eran infieles. Salaf, en árabe los antiguos, alude a los padres fundadores. Salafismo es fidelidad a una cierta sociedad originaria. Casi todas las ramas del salafismo, del purismo antiguo del islam, han mantenido una tradición pacífica, no beligerante. Para distinguirlos, se llama neosalafistas a los extremistas violentos, dedicados a planear y ejecutar atentados. Los asesinos de ultraderecha que mataron en la calle de Atocha, de Madrid, a los abogados laboralistas en 1978, o los responsables del Ku Klux Klan americano de años antes, son fenómenos paralelos: distintos en sus objetivos y medios, pero calcados en su identidad radical, A centrada en el asesinato. ETA, igualmente condenable, es distinta, como es distinto el IRA en Irlanda del Norte. Será difícil pero no imposible que abandonen para siempre las armas. Este gobierno, y el anterior, y el anterior, tienen un margen de posibilidades al intentarlo. Esa esperanza sólo se legitima si la presión policial sigue en aumento, si aumenta la cooperación internacional, si crece la conciencia de los ciudadanos y la profesionalidad de los jueces responsables de juzgar los asesinatos. No es imposible que IRA y ETA, terrorismos locales, acaben por disolverse al cabo de una arriesgada negociación. Pero es impensable que nuestros nietos conozcan el fin del neosalafismo o de los neonazis como componentes de la sociedad global. Al Qaeda, La Red, se esfuerza por lograr que la organización perviva. Los servicios de inteligencia y los cuerpos de seguridad occidentales impiden a esas células el menor respiro, evitan que se organicen. La monstruosa deformidad que lleva a unos y otros terroristas a matar (a disponer de la vida ajena, nada menos) les une en una misma y extraña especie. Pero los objetivos y los orígenes marcan diferencias profundas entre las formas de terror: por eso es una peligrosa simplificación sostener que todos los terrorismos son iguales Paul Ricoeur acaba de morir cerca de París. Era uno de los grandes filósofos europeos del siglo XX. De su obra retenemos un título, La mémoire, l histoire, l oubli. No hay arrepentimiento, explica Ricoeur, página 631, si no es inseparable de la memoria. Dar la muerte es monstruoso, entre otras cosas porque rompe para siempre, con total violencia, la memoria individual. Quienes hacen historia, con o sin conciencia de hacerla, defienden a los seres humanos de la muerte. El hombre debe entenderse también como esfuerzo contra el olvido definitivo. Al arruinar irreversiblemente la memoria, la muerte no sólo mata la capacidad de acción: acaba también con la posibilidad de perdón y con la facultad de prometer. ROSEGUÍA en las últimas horas el debate acerca del tratamiento que el Gobierno debe dar a la banda etarra. Insistía el Partido Popular en que la única negociación que cabe abrir con los terroristas es que la policía los detenga, los tribunales los juzguen y las cárceles los alberguen. Aplicar la ley hasta el final. Enfrente, reiteraba Zapatero su convicción en que la negociación política, aunque no haya pago político, puede contribuir al fin de la violencia. Arnaldo Otegui, el viejo etarra que desempeña el papel de representante de los terroristas en la calle y en las instituciones del Estado, estaba citado en la Audiencia Nacional para declarar, acusado de pertenencia a la JAIME banda. CAMPMANY Por otro lado, el filósofo y escritor Fernando Savater había revelado en este periódico el ofrecimiento de Eta a Zapatero para negociar las condiciones de una tregua indefinida. La revelación de Savater dejaba a Zapatero bajo la incómoda acusación de haber mentido al Parlamento y a la opinión pública acerca de sus contactos con los terroristas. Savater, experto en rectificaciones, había hecho una rectificación suavizada en forma de matización o puntualización que fue distribuida desde Moncloa. Siempre resulta difícil recoger la leche derramada, pero ZP se empeñaba en que se intentara. En esas estábamos cuando en el barrio de San Blas, en Madrid, la bomba etarra con 18 o 20 kilos de explosivo hizo pum. El único argumento etarra en el debate político había sido expresado. Medio centenar de personas heridas, afortunadamente con lesiones leves, edificios dañados, automóviles abrasados y algún ataque de miedo e histeria fue el balance del argumento etarra. Esta vez, la bomba había venido con sangre. El aviso de la banda terrorista se añadía a los cuatro avisos de Guipúzcoa y a los dos de Vizcaya, pero con sangre. Sin muertos, pero con sangre. Los etarras saben que matar, hoy, no es terrorísticamente correcto Es mala publicidad, una publicidad a la viceversa. Se trata sin duda de una confirmación de lo que la banda ha advertido en varias ocasiones con una claridad que no deja lugar para que anide la duda: no está dispuesta a abandonar las armas antes de la negociación. Ellos se sientan a la mesa de las conversaciones con las pistolas cargadas en el bolsillo y con las bombas a punto debajo de las sillas. Y si no, no. Esta es la enseñanza que los responsables del terror han impartido en todas las conversaciones o negociaciones que han entablado con los representantes políticos del Estado, y esta es la enseñanza que Zapatero se niega a recoger. Y es que probablemente para Zapatero la Historia de una España bien gobernada, pacífica y feliz sólo empieza con él. Ayer mañana, en el Senado, Zapatero sólo se refirió a la bomba y al atentado etarra cuando lo mencionó el senador popular Pío García Escudero. Y es que la última bomba etarra le ha estallado a ZP incómodamente en mitad de la sonrisa y en pleno talante. Pum.