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108 MIÉRCOLES 25 5 2005 ABC Gente Hannover, dame veneno Pese a haber estado gravemente enfermo y hospitalizado a causa de una pancreatitis aguda, el marido de Carolina de Mónaco apareció bebiendo y fumando en la tribuna desde la que presenció el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1 TEXTO: ROSA BELMONTE FOTOS: ENFOQUE Russell Crowe, de estreno y en familia. El actor australiano mostró su lado más afable durante el estreno en Los Ángeles de su último trabajo, Cinderella Man Crowe estaba acompañado por su esposa Danielle y por sus padres. En la cinta el actor da vida al boxeador Jim Braddock, y Reneé Zellwegger a su mujer. uelta a las andadas, a las bebidas, a las fumadas. Pero de luto riguroso, eso sí. Ernesto Augusto V, duque de Brünswick- Lünenburg, Príncipe Real de Hannover, jefe de la Casa Real de Hannover (casa Güelfa de Hannover) Con la bota empiná pararapapá. O con la copa de coñac, que es cosa de hombres. Y el cigarrillo que sabe a humo, que dirían Los Chunguitos. Chunga está la cosa. Pero se veía venir. Después de la pancreatitis aguda que casi hace viuda doble a Carolina (de Mónaco, de Hannover, de los nervios la mayor parte de las veces) Ernesto fue trasladado a la clínica Schenk, un centro austriaco para millonarios en el que parecía hacer rehabilitación. O algo por el estilo. Sobre una bicicleta estática, y rodeado de personas en plebeyo chándal, él lucía todo de negro, ataviado como de cena veraniega en Porto Cervo. Arreglado pero informal. Nada de chándal, faltaría más. Camisa de seda y gafas de sol. Una representación gimnástica fallida, una farsa con la que no daba la impresión de estar recuperándose de nada. O al menos no parecía cundirle. Públicamente dijo que se quitaba de fumar y beber. Públicamente se ha exhibido ejercitando las dos poco saludables actividades en la tribuna del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. En el cigarrillo le secunda su mujer y cuando se empina la copa ella lo mira fijamente (pago por saber qué pensaba) Si no tiene inconveniente en hacer estas co- V sas en semejante escaparate, una se pregunta qué no hará Hannover en privado. Quizá catas a ciegas. Lo cierto es que el cigarrillo es cigarrillo, ¿pero quién asegura que lo de la copa no es Coca Cola? O Quina Santa Catalina, que da ganas de comer, que el señor se ha quedado en los huesos. En cualquier caso, lo suyo es dar el cante. Algunas de sus performances han superado lo imaginable en un príncipe azul que anda sonrosado la mayor parte de las veces. Ingobernable, incontenible e incontinente. Vamos, que no había pabellones, que tenía que ser el de Turquía. Es uno de los pocos hombres capaces de calzarse unos pumps con el esmoquin y el frac (últimamente hemos visto a Jaime de Marichalar en Nueva York con unos en lo de Chanel en el Metropolitan) Como dice Bernhard Roetzel, quien lleva un zapato de charol adornado con un lazo de seda con el esmoquin demuestra tener estilo y, sobre todo, mucho valor. Tampoco hay que desdeñar la ayuda que la vieja Escocia pudiera prestar. Si se deja la bebida, seguramente se dejan también los pumps Y eso no. Permanente protagonista de chistes, cuando estaba más para allá que para acá ya imaginábamos que no estaba muerto, que estaba de parranda, cuchíbiri, cuchíbiri, como en la canción de Peret. Ahora ha cambiado de copla. Se ha pasado a Los Chunguitos. Dame veneno que quiero morir, dame veneno. El susto reciente, que le tuvo postrado en una cama de la UVI de un hospital de Mónaco por una pancreatitis, no parece que haya asustado mucho a Ernesto de Hannover, que se mostraba así con Carolina de Mónaco el pasado domingo en el Principado, durante la celebración del G. P. de Fórmula 1