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ABC MIÉRCOLES 25 5 2005 Madrid 37 Madrid está hecho un queso, pero no tenemos miedo Las voces menos alarmistas sobre lo que está ocurriendo en la calle de Zurbano y adyacentes apuntan a que la maquinaria que se está utilizando en la construcción del nuevo túnel de la risa nada tiene que ver con la que echó abajo el barrio barcelonés de El Carmelo. Aquí, además, no hay que recortar gastos para pagar comisiones ilegales comentaba, jocoso, uno de los afectados. Desde que el Ministerio de Fomento tuvo constancia de lo que éstaba ocurriendo, dice el dueño de una copistería de la calle de Caracas, vinieron los Bomberos y dijeron que iban a hacer un seguimiento; más tarde, dos chicos de Fomento se acercaron para hacer fotos Madrid está hecho un queso, pero tampoco tenemos miedo inquirió Miguel Ángel Sánchez. Las obras para el segundo túnel de la risa denominación popular para el corredor ferroviario entre las estaciones de Atocha y Chamartín, arrancaron el pasado mes de junio, y se prevé que estén terminadas el año que viene. Durante todo ese tiempo, la tuneladora trabaja a un ritmo de 500 metros al mes. Tras pasar por Zurbano, área que ya ha abandonado dejando su particular huella, ha emprendido el camino hacia la zona de los Nuevos Ministerios. Mientras esto ocurre, los vecinos esperan que la situación en sus viviendas no se agrave y no sólo que las grietas no vayan a más, sino que el Ministerio de Fomento haga todo lo posible por que desaparezcan definitivamente. La sombra de El Carmelo, pese a todo, sigue siendo muy alargada. Una de las fachadas afectadas muy indignada: ¡Lo han hecho sabiendo que iban a salir grietas! Son, pese a todo, los coletazos de las protestas. Al inicio de la polémica, los vecinos de un inmueble de la calle de Caracas ya bronquearon a los técnicos: se quejaban no sólo de las grietas de sus viviendas, sino de que algunas puertas no podían abrirse porque sus marcos habían quedado descolocados. Los expertos ministeriales explicaron que el túnel que se estaba contruyendo- -de carácter auxiliar- -se encuentra a 30 metros de profundidad, una longitud lo suficientemente amplia como para no afectar a los edificios. La propiedad del número 25 de la calle de Españoleto llegó a contratar los servicios de un equipo de arquitectos para que supervisasen los trabajos. Los 30 metros eran suficientes. La práctica, sin embargo, ha demostrado que no era así. Al principio, nos llevamos ocho o diez días- -indicaban en el barrio- -notando las vibraciones que provocaba el paso de la tuneladora, y llegaron las primeras grietas, pequeñas... y el miedo de los vecinos Al parecer, algunos edificios, al tener una estructura metálica, aunque revestida de hormigón, sufren más las consecuencias de las vibraciones, y de ahí, las grietas. Pero no todo es alarmismo. Otros afectados, como el dueño de un local cercano, se lo toma con más filosofía. De golpe, llegas un día y ves grietas. Las de aquí no se han estabilizado, y no creo que lo hagan hasta que no pasen unos meses, puesto que lo que ahora transita por el túnel es el vagón de los obreros; cuando lo hagan los verdaderos trenes, la tierra necesitará un tiempo más para adecuarse al paso de los convoyes. Será entonces- -explica- -cuando terminen las vibraciones En una de las dependencias de su inmueble, a este hombre se le abombó el suelo. Vinieron los Bomberos y vieron que no había nada debajo, sino que era consecuencia del movimiento de la tierra dice. Las losetas han quedado destrozadas. De cualquier manera- -apostilla- entiendo lo que ha pasado: siempre que cavas, algo se mueve El portero de otra finca le saca más punta aún al asunto e ironiza: Más de uno aprovechará para decir que la grieta que tenía en su casa se debe al paso de la tuneladora, y así se lo arreglará gratis Fomento