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ABC MARTES 24 5 2005 Opinión 7 la mejor baza de su máximo dirigente, Gerry Adams, para rehabilitar su imagen de presidente de un partido como el Sinn Fein, que hasta hace poco obtenía una insignificante representación electoral. Adams ha perpetuado deliberadamente la existencia del grupo terrorista mientras reforzaba su perfil político, presentándose como el hombre al que se debía alabar y fortalecer con concesiones para ser así capaz de convencer al IRA, de la necesidad de dejar la violencia. De ese modo se ha coaccionado a la sociedad prometiéndose la desaparición del IRA al tiempo que continuaba infringiendo la ley mediante la extorsión y otros métodos criminalesauténticamente mafiosos, incluidos el asesinato. La amenaza que esta actitud supone ha colocado una gran presión sobre la sociedad y las víctimas del terrorismo, transformando el proceso de paz en un injusto instrumento de coacción. Así, el IRA ha logrado recuperar parcialmente por la vía política lo que perdió policialmente, precedente que podría trasladarse al ámbito vasco si se cometiesen errores de los que creíamos haber aprendido. A este respecto, defender la negociación con ETA recordando que anteriores gobiernos también la acometieron es el mejor argumento para descartar de nuevo su utilización, pues esas experiencias previas han demostrado la ineficacia de dichos diálogos. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LECCIONES DE HISTORIA E En consecuencia, y en previsión de una hipotética tregua de ETA, su desarme y su disolución total constituyen exigencias realistas y prácticas que deberían satisfacerse y verificarse rigurosamente antes de considerar cualquier diálogo sobre los presos. Se impediría así que la organización terrorista coartase a otros actores políticos y sociales en un escenario de alto el fuego que en absoluto equivale a un contexto de paz habida cuenta de la continuidad de la intimidación que la existencia de ETA supone. Conceder beneficios a los presos a cambio de una mera declaración de tregua facilitaría al grupo terrorista la coacción durante el proceso político posterior, al ceder el Estado un valioso elemento de presión. No debe olvidarse que nuestro sistema democrático ya permite la reinserción condicionada a la renuncia a la violencia y al resarcimiento de las víctimas mediante la petición expresa de perdón, asumiendo la responsabilidad civil derivada de los delitos cometidos. Por lo tanto, la paz es posible respetando unos límites que impidan la impunidad y que demostrarían la voluntad inequívoca de poner fin a la violencia si realmente existiera, es decir, negando que el terrorismo extraiga ventaja o rédito político alguno tal y como exige el Pacto por las Libertades. CARLOS KILLIAN prontocomo presión que obligaría a aceptar ciertos sacrificios y riesgos por la paz Por tanto, ante una declaración de tregua, muchos serían quienes defenderían concesiones que ahora se rechazan, pero que en esas circunstancias presentarían como necesarias para consolidar dicho alto el fuego con argumentos como el de que debe aprovecharse una oportunidad histórica con el fin de evitar más víctimas. Esta dinámica se ha reproducido en Irlanda del Norte, facilitando una contraproducente impunidad política, jurídica y moral que en absoluto ha acercado una verdadera paz. Ante el fracaso de treinta años de violencia, el IRA ha sido PALABRAS CRUZADAS ¿Cree que la detención de los militantes del PP fue política? NO, QUÉ VA... O, qué va, no se trata de detenciones políticas, para nada. Hay nueve escoltas que dicen que no se produjeron agresiones y sin embargo detienen a dos personas que aparecen en las fotos junto al ministro. Explica el inspector que llevaba el asunto que no sale nada delictivo, y le ordenan que proceda a detener a aquellos dos militantes del PP. Cuando se resiste a hacerlo, le mandan con la música a otra parte, a otro destino. Pero, qué va, no se trata de una detención política. Insiste en que las declaraciones de los testigos y la filmación de los hechos coinciden en que no hubo agresión física y su superior le responde que si el ministro dice que le han pegado es que le han pegado. Pero no se trata de detenciones políticas, PILAR por supuesto. Y para más inri, en el listaCERNUDA do de llamadas que se realiza desde la jefatura de la Policía, aparece una realizada a uno de los militantes del PP en la que, según el texto, le piden que vaya a declarar voluntariamente. Pero, oh chapuza, esa llamada niega haberla hecho quien dice el listado que la ha hecho y además, según la hora recogida en el documento, se realiza cuando los testigos ya habían ido a declarar voluntariamente Conociendo a Bono como le conocemos, seguro que está abochornado por este asunto. Por su trapacería y por su evidente politización. SIN EXAGERAR... N S IN ánimo de molestar a nadie, y menos aún a mi vecina de la sinistra geográfica, que seguro que hoy también opina lo contrario que yo, pienso que alguien se está pasando varios pueblos. Que exageran, vamos. Presentar la detención de los dos militantes del Partido Popular, que habrá sido todo lo precipitada, ineficaz y arbitraria que usted quiera, pero presentarla, decía, como un arresto político, me parece, ejem, un pelín fuerte. No, esto no es Cuba, ni China, ni Corea del Norte, ni la Argentina de Videla; podemos tener una Policía que mete la pata y unos políticos más o menos (in) eficaces. Podemos tener guardias que, por hacer la pelota al FERNANDO jefe, detengan hasta a su madre (la JÁUREGUI del guardia, digo) Pero no comisarios políticos, en el peor sentido de la palabra. Hubo, sí, arresto preventivo, injustificado y torpón. Otra cosa es la Gestapo, con la que casi se quiso comparar (risas) el episodio. De la misma manera que hubo empujones al ministro, sin duda, pero se está poniendo difícil hablar de agresión, como quisieron. Creo que ambas partes han magnificado un suceso lamentable, pero no indicativo de que estemos en una dictadura bananera. Porque no estamos, lo siento. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate L mismo día que el Congreso de los Diputados aprobó su bochornosa rendición moral ante ETA, cayó en mis manos la última recopilación de los discursos de Winston Churchill. No sé si atribuir la coincidencia al azar inocente o a cierta mala uva cósmica, pero tiene su guasa, con la que está cayendo en España, echarse a la cara ese No nos rendiremos JAMÁS Un título que más parece la voz de la conciencia, casi un aldabonazo del más allá de la historia. Todos los discursos recogidos en este libro habrían chirriado entre la mezquindad expresiva y moral de nuestros próceres en esta cacareada España plural. Estas pieCARMEN zas y otras de la misma MARTÍNEZ época, como los debates CASTRO entre Ortega y Azaña, ponen de manifiesto lo mucho que se ha jibarizado la talla intelectual de nuestros representantes; aunque admito que el dudoso mérito no es exclusivo de los políticos, probablemente servidora tampoco resistiría la menor comparación con quienes honraban estas páginas hace décadas. Con ser grave la ruina lingüística y la pobreza argumental en que hemos caído, resulta mucho más dramática la cutrez moral que nos adorna. Después de todo, siempre se puede aprender oratoria pero es difícil tomar clases de dignidad. No tenemos políticos capaces de construir una frase tan bella como ese memorable no tengo nada que ofrecer, más que sangre, sudor y lágrimas pero es más desmoralizador comprobar cómo la nueva mayoría parlamentaria pasa por encima de la sangre, el sudor y las lágrimas de tantos ciudadanos. No hay nadie que se atreva a llegar al Congreso apelando a la salud moral o al vigor marcial en la defensa de la libertad. Rajoy recordó a los muertos y todavía se lo recriminan hoy. No hay grandes discursos, porque no hay grandeza política, sólo mercadeo. Pero debemos avanzar un poco más y preguntarnos si queda en la sociedad española pulso suficiente y resortes cívicos para hacer frente a este proceso de alegre demolición de los consensos elementales forjados durante treinta años de democracia. Ya no se trata del diálogo con ETA, sino de un nuevo régimen basado en el aislamiento del PP y sus diez millones de votantes. Es el pacto de Maragall y Carod que se cumple a rajatabla; es, a su vez, el pacto de Carod y ETA que, evidentemente, también da sus frutos. Al final de su vida, en uno de las decenas de homenajes que le tributaron, Churchill explicó la clave de su resistencia durante II Guerra Mundial. Fue, como siempre, brillante: Era la nación la que tenía el corazón de león. Yo tuve la suerte de que me invitaran a dar el rugido Si queda algo de la nación española, Rajoy acierta al rugir. Es además su única opción; la única posible y la única digna.