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6 Opinión MARTES 24 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ROGELIO ALONSO PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA, UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS LA EXIGENCIA DEL DEBER IN perder ni un gramo de su propio estilo, en la pirueta circense de saltar de Cataluña a Europa sin ayudarse con el trampolín español- -síntoma del síndrome nacionalista- Jordi Pujol publicaba ayer en La Vanguardia un interesante artículo- La sociedad responsable -que ataja, con oportunidad, la moral de la desvinculación por la que los individuos no se sienten conexos con el cuerpo social al que pertenecen. Es urgente, dice el ex president, construir la sociedad de la responsabilidad una sociedad donde las cosas no funcionen sólo por imperativos externos a las personas sino que lo hagan por propia iniciativa, por autodisciplina y por senM. MARTÍN tido del interés general FERRAND Pujol es uno de esos políticos- -pocos- -a quienes conviene escuchar con atención. Tiene, además de la pasión nacionalista, un claro entendimiento del Estado y, sobre todo, está en posesión de grandes dosis de sentido común. Lo del nacionalismo abunda y puede verse, incluso, en tipejos de calibre escaso y alcance mínimo; pero entender el Estado y, precisamente, desde el sentido común y no desde su mera formulación jurídica es lo que jerarquiza al personaje y le convierte en singular. Cuando José María Aznar le tuvo de consejero -en su primera legislatura- -España funcionó mejor e hizo granero suficiente para que ahora, en el disparate que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero, los problemas, todavía, no sean de despensa. Esa correspondencia entre derechos y deberes que postula Pujol es exigible, uno a uno, a todos los ciudadanos españoles; pero, con mayor apremio, a cuantos, por elección, se colocan en el vértice de la pirámide para ser, en los distintos niveles de nuestra ordenación política, los guías- -eventuales discontinuos, eso sí- -de la sociedad. Por buscar un ejemplo catalán, ya que catalana es la prédica que motiva estas líneas, queda claro, a la vista de sus excesos, cuáles son los derechos que se atribuyen personajes como Pasqual Maragall o Josep Lluís Carod- Rovira; pero, si les corresponde algún deber, ¿se enfrentan a él? Sin salir del escenario catalán, es un deber del Parlament depurar las responsabilidades en que han incurrido, con el agravante de la vergüenza ajena, Maragall, Carod y su troupe viajera y esperpéntica. Es un deber del ministro Moratinos cesar, hoy mejor que mañana, al embajador Mirapeix, cooperador necesario en el disparate de Israel. Es un deber de Zapatero pedirle cuentas, desde su autoridad de secretario general del PSOE, al citado Maragall por su desviacionismo socialista y, como presidente del Gobierno, a su ministro de Industria, Montilla, por su últimas e incorrectas afirmaciones de catalanismo y así, sucesivamente, son muchos los deberes incumplidos por quienes tienen por oficio y vocación exigir el cumplimiento de los nuestros, empezando por el pago de los impuestos. ¿EL FINAL DE S ETA? Acudiendo al ejemplo del Ulster, el autor analiza las condiciones que deberían darse para una negociación con ETA y concluye que el punto de partida del proceso debe ser su desarme y disolución total, antes de entablar cualquier diálogo sobre los presos A propuesta de diálogo con ETA ha distanciado a los principales partidos en torno a una cuestión, la política antiterrorista, que precisamente reclama el mayor consenso posible para su eficacia. Esta grave situación exige un acercamiento que de no lograrse favorecerá sobre todo a una ETA debilitada. La división de las fuerzas democráticas fue el objetivo que también persiguió el IRA al verse presionado por eficaces medidas antiterroristas que le llevarían a interrumpir su campaña terrorista en 1994. Uno de los estrategas del IRA lo anunciaba en una carta a Gerry Adams en la que reconocía que la violencia mantenía unidos a sus enemigos, por lo que sugería detener el terrorismo y explotar el proceso posterior ante las dudas que surgirían sobre su gestión, provocando así la división de los partidos democráticos. Así lo ha hecho el Sinn Fein, negándose el IRA adesarmarse mientras incumplía sus promesas de disolución. Con unas intenciones muy similares, ETA y su entorno llevan meses creando expectativas sobre un alto el fuego, utilizando un lenguaje que seduce a muchos a pesar de la ausencia de pruebas que evidencien una auténtica voluntad de poner fin al terrorismo, comportamiento que podría acentuarse con una declaración de tregua. Este peligro subyace bajo el diálogo con ETA sustentado en la hipótesis de que el grupo terrorista realmente desea desaparecer. Lo cierto es que objetivamente no hay evidencia alguna de que ésas sean las intenciones de los terroristas, como demuestran sus constantes intentos de asesinar que se han visto frustrados por los éxitos policiales. Plan- L tear que la ausencia de víctimas mortales desde hace dos años confirma un cambio en el contexto vasco que justifica una actitud diferente hacia la banda con el objeto de facilitar su final equivale a confundir la realidad con los deseos. De ahí que la oferta de diálogo como consecuencia de las promesas enviadas por la organización terrorista al Gobierno añada confusión a la política antiterrorista, contribuyendo a la división de quienes a través del Pacto por las Libertades deberían actuar mediante un sólido consenso. Cierto es que el diálogo se condiciona a que ETA manifieste una clara voluntad para poner fin a la violencia mediante actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción Esta fórmula establece límites que han favorecido un amplio respaldo a la proposición aprobada. No obstante, en una hipotética situación de tregua, la interpretación de cuáles deben ser las actitudes inequívocas que puedan conducir a la convicción de que ETA desea concluir su campaña es susceptible de crear una mayor división entre los partidos. Véase cómo ya hay amplios sectores que se declaran convencidos de que ETA desea abandonar el terrorismo a pesar de la inexistencia de pruebas que así lo demuestren mientras este grupo continúa con sus actividades de extorsión, intimidación y preparación de asesinatos. Sin embargo la disminución de algunas de sus acciones, complementada con una retórica que promete paz y esperanza, sirven como eficaz instrumento de coacción al utilizarse la ansiedad colectiva por que el final de ETA llegue -Hasta que ETA no abandone las armas, mis condiciones son las que le vengan bien a mi reelección.