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ABC LUNES 23 5 2005 103 Televisión y radio Helena Paparizou, la representante griega, ganó el Festival de Eurovisión, que cumplió cincuenta años con una edición que fue una vuelta setentera y europea al Festival de la OTI. Escuchadas las canciones, en Ucrania, si no tenías tambor, parecía que no entrabas en el país. Roland Garros será el gran protagonista de La 2 durante las dos próximas semanas. Desde hoy, la segunda cadena pública emitirá los partidos más destacados de cada jornada. En la imagen, Nadal, el estandarte de la Armada española. Eurovisión: No sin mi tambor TEXTO: ROSA BELMONTE Euforia y audiencia récord en Grecia gracias a su primera victoria en el Festival BEGOÑA CASTIELLA CORRESPONSAL ATENAS. La guapa Helena Paparizou no acaba de creérselo, pero con su canción My number one ganó el Festival de Eurovisión. La chica griega nacida en Suecia, que ya había competido en este Festival en el 2001 como miembro del dueto Antique (entonces quedaron terceros) gritó feliz: Estoy muy contenta y les invito a todos a Grecia el 2006 Y poco después el presidente de la TV estatal griega, Cristos Panagopulos, confirmó que se esperaba a todos en Atenas el próximo año. Los griegos se tiraron a la calle en todo el país, y muy especialmente en la zona de Karditsa, de donde es originaria la familia, y lo mismo hicieron en Chipre. En el centro de Atenas festejaban de madrugada como si se hubiera vuelto a ganar la final de fútbol del año pasado en Portugal. La televisión estatal, que presentaba todo el certamen, batió el récord total de audiencia griego (94,2 por ciento) en el momento que se anunció la victoria y en el momento de la entrega del premio por el presidente ucraniano. El récord total anterior, algo inferior, fue precisamente durante en el festival del año pasado, en el que el cantante Sakis Ruvas logró el tercer puesto. a abuela moldava se pasó un rato reposando en la mecedora antes de lanzarse a aporrear el bombo. La abuela toca el tambor se llamaba la canción. La abuela, el primo, el cuñado, la nuera, el vecino del quinto, la niña chica y hasta un subsecretario que se hubiera pasado por el escenario de Kiev. Ucrania no ha pedido visado estos días pero parece que si no llevabas tambor no entrabas al país. Me imagino a todos los participantes en la cinta del aeropuerto esperando el suyo. Los había de todas clases y tamaños. Baterías, timbales, bombos, mesas de camilla (Turquía) bidones... Cuánto daño ha hecho Mayumaná. Sabemos esto y en lugar de irnos a Écija a buscar a nuestras representantes nos vamos a Hellín o Calanda. O a Móstoles. A un festival con semejante nivelazo cutrefolk hay que ir en plan destroyer A dejarlos muertos. Me casé con un enano pa jartarme de reír. La edición 50 aniversario ha sido como una vuelta setentera y europea al Festival de la OTI. El indigenismo evolucionado. Sin ponchos y con micrófonos orejeros (la griega ganadora lo llevaba) TVE tiene varias opciones. O marcharse a la italiana del club o mandar a algún inmigrante rumano. Seguro que tenemos por aquí al Chayanne de los Cárpatos y no nos hemos enterado. Pero sigamos contribuyendo, como Alemania, Francia y el Reino Unido (los cuatro últimos) a mantener este bonito encuentro entre países que no sabemos ni pronunciar. El sonido de Eurovisión ha cambiado. Ya no se oye guayominí se oye Latvia o The Former Yugoslav Republic of Macedonia. Ponte nombre, si eso. Abreviado es Fyrom, por si lo quieren más fácil. En fin, no me toques las palmas, que me conozco. Y anda que las votaciones... Con tantos países no se acababa nunca. Aguantando a María y Pablo, los dos presentadores ucranianos, que no paraban de aullar. Allí gastarán poco en sirenas para los bomberos. Hablando de aullar, el previo Eurovisión de TVE fue de chillar. No por la gente (o no por toda) sino por lo chapucero. Se oye a Carlos Lozano antes de salir, el vídeo de Carmen Sevilla entra mal (aunque se escuchó lo principal: Que mováis vuestras fardas como nadie, tías la conexión con Écija servía a Juan Carlos Cerezo en blanco y negro... Un desastre. Nada que ver con el despliegue de Kiev. Ya lo decía Beatriz Pécker al ver ediciones antiguas de Fes- L Felicitaciones oficiales Helena Paparizou celebra su victoria junto a Ruslana, la triunfadora de 2004 (arriba) A la izquierda, la representante turca. A la derecha, el cantante noruego tival: ¡Cómo ha cambiado Eurovisión! Carlos Lozano pregunta temeroso: ¿Para bien o para mal? Y se hace un silencio. En espectacularidad contesta finalmente Beatriz. Pues sí. 23 cámaras (6 móviles, de marear hasta a Valerio Lazarov) pantallas de plasma o 36 regidores. Los créditos del final no tenían nada que envidiar a los de Master and Commander Y luego mencionar esas multitudes sobre el escenario. Como si alguien echara de menos a Village People, a Earth Wind and Fire e incluso a Viva la gente La única que se presentó sola fue Chiara, la de Malta (también es cierto que no habría cabido nadie más) Las españolas se llevaron a dos tipos que daban saltos por detrás y a Juan Antonio Reyes, El Pollo que puso ritmo rap y un aspecto como de superviviente de deflagración nuclear. Y ellas, con una estética entre Mi bella genio y María Montez, mueve que te mueve la farda Pusieron ganas, pero este AP año había que ir con minifalda y bailar la jota. TVE no puede vivir sin adivinos. Ya no manda a Uribarri sino a la estupenda Beatriz Pécker, que no suelta predicciones 30 segundos antes de la votación ni falta que hace. Pero en el plató de Madrid había dos videntes que pronosticaron el triunfo de Grecia. También tuvo suerte el madrileño que ganó el sorteo por participar en las votaciones. El premio es un viaje a Copenhague para la edición especial que elegirá a la mejor canción de estos 50 años. Ahí sí que tendrá sentido que los eurofans se vuelvan locos, pero para gustarte lo de ahora tienes que ser rarito. Y más premios. Helena Paparizou se llevó una reproducción de una antigua joya en oro macizo. Se la dio Yuschenko. Y seis besos en la mejilla (tres y tres) Hombre, tengo mucho respeto por los señores envenenados pero con esa cara no me parece correcto ir besando señoritas desconocidas. De eso se han librado las ecijanas. Helena, con sus 23 años radiantes, se mostraba optimista y muy ilusionada horas antes, llena de ánimos y sabiendo que su canción ya estaba en los charts suecos. Ahora la han felicitado oficialmente todos en Grecia, desde el presidente de la República y el primer ministro Costas Karamanlis hasta el patriarca ecuménico ortodoxo Bartolomeo. Durante las declaraciones que hizo después, Helena decía sin cesar: No es un sueño... casi como si no se lo creyera aún. Comentó que el Festival del año que viene será mejor... que los Juegos Olímpicos y reveló que le trajo suerte una cruz de oro de su abuela y una camiseta con la foto de sus sobrinos. Los comentaristas destacan que tras un comienzo penoso, la canción griega empezó a recibir todos los votos de muchos países, incluyendo los más cercanos (Bulgaria, Serbia, Albania y Turquía) Y que la coreografía estaba inspirada en parte en unos bailes de las colonias griegas del Ponto Euxino (Mar Negro)